Gracias, Edurne, por
haberte conocido. Por haber sabido de tus atenciones, de tu cariño, de
tu respeto, de tu entrega a lo pequeño: las flores, la vela o el
incienso, el cojín a tiempo. Y todo ello con delicadeza y prontitud, en
silencio, con una sonrisa y, en ocasiones, un abrazo. Siempre atenta a
las necesidades: un libro prestado, el mala, unas informaciones y alguna
observación: “suéltalo ya” o un descubrimiento: “todo es muy sencillo”.
Gracias Edurne por haber podido reconocer tu humilde GRANDEZA, por tu
ejemplar trayectoria, por tu compasión y por seguir estando tan cerca.
Mil besos, preciosa, y ¡GRACIAS!!!!!
Puy