Un Encuentro Tántrico

 

Te conozco y me conoces. Yo vengo de allí y tu de allá. Pero, guiados por la Maestra, en este instante que es Aquí y es Ahora confluimos y surge la magia de un pequeño chispazo de despertar.

Comienzo el encuentro a trompicones y sin darme cuenta de que me arrastra algo que todavía pretende comportarse; pretende mantener el tipo y lo intenta como lo ha hecho siempre, torpemente y distorsionado por un ego controlador, rígido.

El ambiente es cálido y hermoso, y la intensidad de la Presencia sencillamente magnífica empieza a poner lucidez donde antes campaba la opacidad mental. El contraste de tu estar suelto y entregado actúa de espejo y me devuelve mi imagen acartonada, deslucida, frustrada. La Consciencia se expresa, pero mi cuerpo no puede soportarla y la vomita con contracciones involuntarias, o quizás no tanto, quien sabe, mecidas por pensamientos fúnebres de des-encuentro, sin-versación.

Necesito imperiosamente hacer algo, me remuevo inquieta, quiero hacer algo, por favor quiero hacer algo, quiero hacer algo y puedo hacer lo que me dé la gana, y sin embargo ¡¡¡¡soy incapaz de hacer nada!!!!  Me siento desarmada y a mis ojos se asoman lágrimas que podría decir que son de pena, pero la realidad es que expresan pura rabia, impotencia.

Tú me asistes en la escena y preguntas qué me pasa. Ni siquiera puedo contestarte. No hablo tu idioma. En realidad no hablo ninguno.

Parece que mi corazón quiere volver a ponerse cuadrado; surgen viejas conocidas: la angustia y la decepción se frotan las manos pensando que una vez más, han ganado….

Pero hoy, en este instante, en este Aquí y en este Ahora topan con tu lucidez sólida, tu paciencia y tu entrega que una vez más me conmueve y me acoge y en un momento cualquiera me abandono, por fin, en tu abrazo desinteresado de padre y de madre y de amante; envuelto en una monumental lluvia de bendiciones que, esta vez sí, penetran en mi cuerpo descendiendo desde la cabeza hasta el chacra secreto llenándome de fuego místico, de vida.

Surge la alegría y la risa fresca al percibir mi mente libre de ataduras, ligera, plenamente consciente.

Sí; siento el cuerpo vivo, y ahora además también puedo sentir el tuyo. Las sensaciones son tan intensas que no caben pensamientos. En este instante, en este Aquí y en este Ahora solo siento tu cuerpo en el mío y un vendaval de energía que enciende mi chacra secreto; se extiende por todo mi vientre gozosamente redondo y receptivo; asciende hacia el centro de mi pecho, que de repente se ha expandido; llega hasta mi garganta, que siento más gruesa; ahora sí que puedo hablarte, aunque no sé qué me pasa que las palabras que surgen solo son de puro amor. Y sigue subiendo hacia la nuca, el entrecejo y la parte más superior de la cabeza, con intenso calor y con una fuerza imponente que desdibuja los límites de mi cráneo, empujándome hacia un espacio de claridad gozosa, amorosa, que da paso a otro infinito, como el azul del universo, completamente lleno de estrellas, sereno, inmenso…

En una minúscula partícula del espacio un hombre y una mujer se encuentran; y en su abrazo tántrico incluyente se abrazan todos los hombres y mujeres de todos los tiempos, que en un hermoso bucle consciente retornan al punto de donde en realidad, nunca partieron.