Efectos de la energía tántrica

 
Meditando en Karma Samten Ling recibo de nuevo la fuerza de la imponente Presencia que me acoge, como a todos los demás, abriendo mi cuerpo y mi mente a esa grata percepción de la energía amorosa, descendente, que presiona por entrar sin preguntas, sin condiciones, generosa y ecuánime, en las duras y en las maduras y a todos por igual.

Impregnada de esta Presencia me encuentro contigo, compañero en el camino, testigo de miserias y glorias y cómplice también en este momento de nuestra relación, en la relación tántrica.

En una entrega simple y sin aspavientos, en la simple entrega por la entrega misma, la mente descansa libre de pretensiones y se abre diáfana a vivir sin miedos la sensación de amplitud y profundidad que nos inunda.

La energía desciende desde lo alto de la cabeza y, en el silencio mental, penetra sin trabas hasta el pecho para encender el corazón que, jubiloso y vivo, goza de amor y empuja con fuerza alimentando el deseo de fusión y de entrega nutriente completa, célula a célula, viviendo el amor, amados,  amando cada caricia y cada pequeña respuesta del cuerpo que se abandona confiado. De manera natural invade todo el vientre, relajado y vivo, fértil, vibrante y cálido, que se abre de par en par empujado también por el anhelo serenamente ardiente de fusión, otra vez célula a célula contigo, compañero de este encuentro, con todo.

La mente es cuerpo… el cuerpo es amor… el amor es lúcido…

Sintonizados en el tiempo, sin aferrarnos a las sensaciones, relajados y atentos, nuestros cuerpos se unen armonizados por la energía tántrica que circula desbloqueando y encendiendo todos los chacras en su descenso hasta el chacra secreto para subir después rápidamente, a veces de manera súbita, de nuevo hasta la cabeza como si de un rayo de luz se tratara, dejando un extraordinario poso de Presencia, de lucidez y en ocasiones de percepciones excepcionales.

Este poso permanece en el tiempo provocando cambios sutiles pero irrevocables. Se establece la certeza de que “ya no hay marcha atrás”.

Tras los primeros encuentros se instaló en mí un fondo de alegría, de confianza y de seguridad en mí misma y en la Consciencia hasta entonces desconocidos. Vivía en una esfera de fuerza y de paz.

Cada vez entiendo mejor que todo ello es necesario para poder acoger e integrar amorosamente esa parte habitualmente rechazada, inconsciente, esa que no nos gusta mostrar. Entiendo que para poder bucear, antes hay que tener oxigeno suficiente; hay que subir alto para poder bajar. Sin energía no se puede cambiar.

La meditación tántrica aporta un caudal muy grande de luz. Efectivamente ha tenido que haber mucha luz porque son muchas las cosas que he visto. Algunas se habrán integrado, otras supongo que no del todo; la vida dirá.

Recuerdo como ejemplo lo que me pasó hace tan sólo unos días, cuando una vez más la envidia y los celos me rondaban.

Pude ver los pensamientos iniciales: soy menos qué, cómo me van a querer, qué se habrá creído esa, me lo quitan, qué injusticia…. Pude ver también la repercusión física: el pecho se cerraba y se enfriaba, el estómago se bloqueaba, los músculos se tensionaban… Algo muy pobre, triste y gris quería encorsetarme.

Pero a la vez estaba bajo la acción de la energía Consciente vibrante y viva, la conexión con las percepciones de los encuentros tántricos… Sin proponerme nada brotó una inmensa gratitud que barrió los primeros pensamientos con otros de agradecimiento sincero a la vida y a mi compañero, de los que tanto he recibido; surgió la comprensión natural de lo ilusorio y torpe de los aferramientos. La energía volvió a descender encendiendo de nuevo el pecho y el vientre; energía expansiva que te devuelve al calor y a la vida, que transforma la demanda en gratitud, el pedir en dar, lo muerto en vivo…

En otra ocasión lo que me rondaba era un odio feroz. Completamente feroz. Me acosté con esperanza de librarme de él pero fue en vano. Me desperté de madrugada, por supuesto enfurecida. Ahí estábamos, mi locura y yo, a las tres de la madrugada en la cocina, bebiéndonos un Cola Cao e imaginando todos los improperios que íbamos a soltar a un susodicho, acompañados de mofa y escarnio ante un público considerable para mayor escarmiento. 

Pero a la vez había en mí una parte muy lúcida que era consciente del espectáculo. Al principio estaba algo bloqueada por un sentimiento de culpa al ver salir los sapos y las culebras. Pero sintonizando con la respiración abdominal, la lucidez creció y pudo darse un instante de observación sin juicio. La atención volvió al momento presente: cojo la galleta, la mojo en el Cola Cao, me la como y la disfruto.

Parece prosaico, pero fue un acto absolutamente espiritual. Llovió amor a raudales y los pensamientos desaparecieron sin dejar rastro. La energía lúcida se intensificó y algo en mi interior creció.

A estas alturas de mi vida no encuentro palabras que puedan expresar todo el agradecimiento que siento hacia el Centro de Meditación Budista Karma Samten Ling. Centro donde recibo a diario, a cambio de nada, la energía y las enseñanzas que brotan de forma espontánea, fresca y renovada; y son experiencia viva de que es posible salir del sufrimiento, que nuestra existencia puede llegar a ser verdaderamente plena.