UN INESPERADO REGALO

 

 Mi acercamiento (hace unos años) a la práctica de la Meditación fue, quizás, buscando una salida, una vía de solución, una paz, un sosiego a un largo (muy largo) periodo de estrés vital, producido por unos ambiciosos, ciegos y supuestamente competitivos logros económicos en el campo laboral y una epicúrea búsqueda del placer inmediato en lo existencial (del aquí te pillo, aquí te mato). Noches de alcohol y trotar salvaje, ahogando entre gin-tonics la angustia, la rabia ó la tristeza.

No sé por qué razón (o quizás sí) conecté con la Meditación de manera casi inmediata, con una facilidad incomprensible, pero que a su vez me resultaba hasta  familiar.

De entonces a hoy ha pasado el tiempo y echando la vista atrás, puedo decir que todo  su transcurrir ha sido tan rápido y breve como lo que tarda un cigarrillo en consumirse.

Por eso cuando la Maestra me ofreció el poder realizar un retiro de Meditación Tántrica no lo dudé ni un segundo. Algo que para mí era como un terreno vedado, casi ciencia–ficción, un traje que a todas luces me quedaba demasiado grande, podía ser posible llevarlo por fin a la práctica.

Aquel regalo inesperado, como llovido del cielo, era un más que evidente EMPUJÓN para profundizar en la vía meditativa.

Cada vez que se produce un  acontecimiento, un cambio que puede ser importante en nuestras vidas, esa araña tejedora incansable que habita con nuestro permiso, en la mente de superficie de cada cual, empezó su trabajo de manera constante e insidiosa…

“Tú no puedes, tú no puedes meditar de esa manera, lo vas ha hacer mal, no vas a poder, mejor déjalo para otros”…

Al menor descuido ella se presentaba una y otra vez. Pero la confianza en la Consciencia tenía tanto peso, que era como un gran  pedrusco lanzado sobre la tela de  araña en cuanto ésta se virtualizaba nuevamente.

Un clima de calma, armonía, paz vibrante y por encima de Todo una palpable confianza serena se instaló en mi interior desde días antes del retiro y así en esta sintonía de espíritu comenzó lo que para mí era un nuevo camino de meditación, un atajo hacia el DESPERTAR.

Dos cuerpos fundidos en un abrazo, hombre y mujer unidos en una meditación de la No Forma, conectados en cuerpo y alma a la Energía Amorosa de la Consciencia.

Ésta no se hizo esperar, llegó puntual de manera muy sutil y delicada. Penetró por la cabeza descendiendo dulcemente a lo largo del pecho y la columna hasta llegar al Chakra Secreto y desde ahí volver a subir para expandirse en el centro del pecho (el corazón espiritual).

Una corriente de gozosa Energía envolvente era la respuesta. Un fuego tierno que arde pero no quema. Una llama de Amor donde consumirse es el Juego de la Vida Despierta. Donde a los polos opuestos La Consciencia consuma en la mágica Luz de La Presencia.

En medio de este Río de “Magma Amoroso” una petición al unísono: que Toda esta Energía pueda ser conocida, vivida y disfrutada por el mayor número de Seres Sintientes para el Despertar de Todos los Seres.

Vuelve la calma, el relax necesario. El retiro esculpe en mi cerebro un amanecer de Luz y matices diferentes. Un mar para mí poco frecuente, pacífico, tranquilo, sin olas, ni rompientes, reflejándome en él, donde Todo se aviva, donde Todo se mueve con la Perfecta Geometría del Sosiego.

Sólo puedo dar GRACIAS una vez más, por esta fortuna conocida y pedir que este atajo ahora descubierto continúe acortando “las distancias” en este recorrer Despierto.

Como todo lo que empieza, al menos en el actual plano de vida donde estamos “de momento” instalados… llega el retiro a su final.

Es hora de partir y comenzar de manera Consciente, la danza cotidiana entre el Nirvana y Samsara, sin perder la sonrisa, el paso o la compostura.

Digo adiós para empezar de nuevo. Lo que se quedó atrás por el camino, sirvió para llegar a esto. Nada desaprovecha la Consciencia, todo sirve, todo vale, si uno está dispuesto en el momento a soltar el lastre innecesario.

Cierro la puerta de mi Casa, sintiendo en cada instante la Presencia protectora de la Consciencia, su parasol permanente.

Y una lluvia continua de bendiciones confirma… que el Trabajo está hecho.