DEL PLACER AL GOZO

 

La práctica sexual tántrica es un camino, que como tal, hay que andar y en cada paso el camino te devuelve lo que tu has puesto de ti en él. Por eso es fundamental la actitud de la pareja tántrica, de los dos como unidad, y de cada uno como conciencia personal.

La entrega incondicional, sin apegos ni a la otra persona, ni al placer, ni a nada. Hay que vaciarse, abrirse, estar disponible para lo que pueda venir, para recibirlo con el corazón abierto, simplemente confiando en que lo que tenga que venir vendrá cuando sea el momento, cuando estemos preparados, confiando sinceramente en que la Consciencia hará.
Cuando no disponemos sino que estamos disponibles los regalos van llegando, una sensación de apertura física que sientes en el cuerpo, un cuerpo que se transforma en consciencia, en vehículo activo de una danza que se crea a sí misma en cada instante, que no hay que bailar sino te baila, te mece, te mueve, te va llevando a tu lugar, a tu centro, a tu origen.

A medida que la apertura va siendo mayor, más espontánea y el abandono más natural, la energía puede fluir con mayor libertad. Los obstáculos de la mente egóica, los condicionamientos, las expectativas, van cayendo por que vas comprendiendo la necesidad de vaciarte, de rendirte plenamente, de ofrecerte al servicio de la Consciencia. Y en ese momento, en ese instante la energía fluye, recorre el cuerpo, cada célula, cada poro, sientes su calor, su fuerza creadora, su impulso purificador... Todo se transforma en luz, trascendiendo el tiempo, el espacio, las formas, la pareja. Sólo hay luz y calor, y un sentimiento profundo de que todo tiene sentido, de que no hay que hacer ni que buscar, sólo dejarte fluir, seguir abriéndote, confiando... y la Consciencia hará.

Cada paso impulsa el siguiente, la energía se incrementa a medida que vas dejando espacio, que vas quitando lo que sobra, que es todo lo que no es presencia-consciencia aquí y ahora. La energía de la relación tántrica no es sólo vigor para llevar a cabo las tareas del día a día, sino una mayor claridad para ver más allá, una comprensión más profunda de “tu vida”, de “tu entorno”, de ti mismo como esencia no condicionada. Algunos velos caen.

Así la experiencia sexual tántrica se traslada a la vida cotidiana enriqueciéndola con una visión más profunda y una compresión más nítida y a su vez, cada encuentro sexual tántrico es más puro, con mayor apertura, con mayor entrega.

Y te vas abriendo, te vas vaciando, cada vez un poco más, confiando más profundamente, y un día, en la experiencia sexual tántrica llega el GOZO. Más allá de cualquier sensación de placer, llega el Gozo y se impone, te embarga, se instala en cada espacio vacío que tu ego le ha dejado. Es más que una ola, es el propio mar que hay en ti, y así lo vives y le dejas que se exprese, que te lleve a donde te tenga que llevar, porque confías plenamente en la Consciencia. Y se va haciendo cada vez más profundo, más hondo, llega al fondo de tu ser, porque el Ser Real, sólo es eso, sólo somos Gozo y lo comprendes con tal claridad, que incluso pueden brotar lágrimas de gratitud por tan magnifico regalo, el regalo de la Identidad Profunda Consciente, descubrir quién eres más allá de toda forma, de todo pensamiento, de toda posesión. El Yo Real es sólo Gozo.

Cuando esto ocurre, algo en ti se transforma. Todas las máscaras, los roles, los condicionamientos, se pasean ante ti como en un desfile. Puedes verlos, comprender su artificialidad, sabes que tú no eres eso, sólo eres gozo.
Has descubierto el tesoro, y tu vida tiene otro sentido, desenterrarlo para vivirlo plenamente cada día, tu tesoro eres tú.  Es el Yo Real: gozo y consciencia.