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Estoy tranquila mientras sujeto en mis manos la agenda personal, un cuaderno imprescindible que llevo conmigo y organizo meticulosamente la distribución del tiempo entre el trabajo, la familia, los amigos, el deporte, la meditación, etc.

Abro la agenda y miro contenta mientras constato que esta última temporada está vacía de negatividad. A decir verdad estoy atravesando un momento en el que me siento en general satisfecha conmigo misma, disfruto de un buen tono vital y no tengo grandes preocupaciones. Aunque no estén tan distantes, me parecen lejanos los años que viví con gran sufrimiento, completamente desorientada, con escasa energía física y sumergida en la oscuridad del ego negativo.

A día de hoy, sin embargo, el ego positivo se expresa mentalmente en un discurso elocuente mientras mira la agenda: “todo me va fenomenal, estoy encantada en el trabajo, me siento bien físicamente, rodeada de afecto, “etc. Cierto es que no lo considero desdeñable ya que existe una diferencia entre vivir sometida al ego negativo o ensalzada ante el ego positivo.

Ahora bien, desde el discernimiento meditativo me doy cuenta que el hecho de haber encontrado este centro de meditación y verificar vívidamente lo positiva que desde hace un tiempo me encuentro, no es más que un paso en el camino. En estos momentos vivo con mayor concentración la observación lúcida de los pensamientos inconscientes y veo con claridad que la ignorancia de la mente egoica en sus atrevidas exposiciones, intentos de control, argumentaciones y debates mentales no hace más que inflar e inflar un globo que en su frágil estructura no tardará en explotar si no permanezco lúcidamente atenta, porque he comprendido que tanto la carencia que percibe el ego negativo, como la abundancia que siente el ego positivo, no son mas que estados mentales ilusorios.

Volviendo a la anécdota del globo, así me sucedió, sin ir más lejos, hace unas semanas. Pude experimentar cómo pasé de un momento de positividad a otro de total negatividad en menos de lo que canta un gallo. Todo esto se dio por falta de presencia en el aquí y ahora, por tener expectativas egoicas de recibir atención, comprensión y aceptación en un encuentro interpersonal. Fue así como el cuerpo emocional acumulado en el pasado, es decir lo que en un tiempo lejano viví como dolor frustrante no aceptado ni asimilado, se presentó, como suele hacerlo, sin llamar ni avisar.

Un sufrimiento me arrastró a la oscuridad e inundó la mente inconsciente, en breves instantes me convertí en llanto que, sin saber porqué, no podía parar. El pecho se me estremeció y sólo sentía angustia. Para colmo, en lugar de permanecer atenta a la respiración y con la suficiente perspectiva para ver con lucidez el dolor que afloraba, tuve lo que la Maestra llama una doble reacción egoica imperial en la que me juzgué y machaqué inquisitoriamente:”esto no puede ser, qué me está pasando, pero si yo me encontraba estupendamente hace un momento, todavía estoy aquí, si creía que lo había superado, etc.” y un sin fin de descalificaciones que no hicieron más que identificarme con el oscuro inconsciente impersonal de la naturaleza humana y engrosar cuantitativamente la vivencia de sufrimiento a través de la interpretación e intelectualización del hecho en sí.

Tras un rato de desconsuelo y con ayuda específica de la Maestra se aligeró la identificación, y comprendí lo importante que es poner en práctica la enseñanza que teórica y racionalmente conozco, gracias a que cotidianamente Antxoni nos ofrece una nueva e inspirada meditación a fin de que podamos iluminar el propio camino.

Acudir a diario y recibir la enseñanza directa de la Maestra es el mayor regalo para mí, me posibilita ir poco a poco comprendiendo los mecanismos cada vez más retorcidos y elaborados del ego que a veces se presenta como macabro, a la vez que veo lo fundamental de ir paulatinamente integrando la enseñanza en la vivencia experiencia de cada momento. Por ello dedico la atención relajada a la mente egoica, volviendo una y otra vez a la conciencia respiratoria para conectar establemente con el faro lúcido de la Atención Consciente, a fin de ver con objetividad los viejos modelos egoicos que pretenden justificarlo todo.

Cuando logro mantener cierta perspectiva para ver el discurso mental que reiteradamente se repite sólo cabe la observación lúcida para no dejarme identificar. Cuanto menos me deje envolver en la identificación ante las situaciones negativas que se presentan, más libertad meditativa vivo.

Tras esta experiencia percibo que es obvio que la velocidad con la que actúa el inconsciente personal es tal que para cuando me doy cuenta ya estoy implicada de lleno. Ahora bien, no es poco verlo aunque sea a toro pasado y no seguir enganchada en los pensamientos que retroalimentan el sufrimiento. La actualización en una mente presente la valoro como una gran joya.

Retomando el discurso acerca de la experiencia del inconsciente personal fue de gran ayuda sentarme en meditación y permanecer en la vivencia dolorosa silenciosamente porque se dio la conexión con una visión interior muy lúcida que poco a poco lo fue disolviendo.

Todo este proceso me ha ayudado a ver con más lucidez algunos de los miedos y apegos que sucesivamente se han ido manifestando en la mente de superficie. Como diferentes ilusiones que aparecen en la memoria.

OM MANI PADME HUNG.