SENCILLEZ

 

Como seres humanos estamos llenos de intenciones ante la vida. Nos proponemos metas mientras vamos caminando. El empeño y la determinación colaboran estrechamente con los pensamientos mientras los designios iniciales pueden no ser lo esperado.

¿Pero qué espera cada cuál cuando acude a meditar?

¿Qué intenciones tenemos al sentarnos?

El ego, en su afán acaparador, insiste en que tenemos que estar centrados, relajados y abiertos al presente.

Cierto es que todas estas intenciones no favorecen en exceso, pero, si las atendemos sin darles mayor importancia sobre nuestro rendimiento meditativo, favorecerá la apertura a cada instante.

Ahora bien, si en el centro la energía es de una intensidad grande y ocurre que estos mensajes egoicos surgen, me pregunto,… ¿qué pasa durante las 22 ó 23 horas restantes de cada día? ¿Estamos compartimentados en otras acciones, identificados con la jungla egoica de pleno?

Son cuestiones que me nacen a raíz de las vivencias que estoy teniendo en esta última parte, experiencias que únicamente antes llegaba a vivir en el centro y que ahora…

Se presentan sin velo, con majestuosidad reconfortante y libre de pretensiones. En toda su naturalidad manifiestan transparencia ante la inocente alegría que brota del interior en el sosiego de lo cotidiano.

Es ahí, precisamente, en la discreción de la soledad silenciosa donde están revelándose momentos de gracia purificadores en los que dejarse fluir es la misma presencia de la vida en el Aquí y Ahora.


Estas experiencias están ayudando a comprender con mayor amplitud el fondo de las palabras de la Maestra cuando expresa que no se trata únicamente de sentarse a meditar sino de ir encaminándolo hacia la vida cotidiana (también).


Son vivencias espontáneas en las que la Consciencia con toda su generosidad y bondad acogen la fuerte negatividad enraizada en mí mientras la van transformando en serenidad amorosa.

Es entonces cuando el calor interior aumenta como si resurgiera el fuego de entre sus cenizas. El fluir de la vida se muestra con dadivosidad incipiente mientras el corazón espiritual permanece en una dimensión gozosa en que la creencia egoica “tu-yo” se diluye y deja lugar al ser unitario y benévolo.

Al mismo tiempo la energía desciende desde lo alto en conexión con el corazón espiritual y la sana alegría surge desde la expresión limpia y airosa. El tiempo deja de existir mientras la esencia abarca con mayor amplitud el espacio interno. 

Infinitamente agradecida por el viaje meditativo que se proyecta a través de la maestra desde el centro Karma Samten Ling.