PERSPECTIVA EN LA VISIÓN MEDITATIVA

 

La perspectiva meditativa de la lucidez consciente aporta libertad. Sin ella, el ego es la ya conocida ilusión en la que me dejo, cuando no estoy presente, mediante reacciones compulsivas tanto de pensamientos como de hábitos y emociones perturbadoras. En la medida que logro centrar mi conciencia en la respiración y conectar con la Atención lúcida Consciente, voy reconociendo cómo los miedos, deseos, los juicios y las reacciones automáticas salen a la superficie, a los que veo como oportunidades para actualizarme. La perspectiva proporciona una apertura desde la cual se observa con mayor amplitud.

La auténtica perspectiva nos posibilita visualizar las panorámicas que se presentan en el Aquí y Ahora. En la medida que vivo momentos desde la apertura al presente, puedo aceptar y comprender con mayor claridad las experiencias meditativas. La visión meditativa solo sucede en el momento presente, nada tiene que ver con ideas o explicaciones preconcebidas.

La vivencia meditativa es de una gran sencillez y profundidad. Una realidad en la que lo que es, es, y lo que hay, es lo que hay. El comenzar a reconocer desde el sosiego meditativo la posibilidad de experiencias de observación ante lo que emerge, de transformación de emociones y de una mayor calidez hacia mí misma, actitud que se expresa en la convivencia con los demás: marco familiar y laboral. Es una liberación del girar compulsivo en el que me percibo abocada.

La perspectiva y visión meditativa se acompañan mutuamente. Mientras que la perspectiva aporta el paisaje que se observa, la visión meditativa trata de vivir cada instante conscientemente desde la realidad. Este último retiro de verano he vivido una experiencia gráfica personal que se ha dado en el camino sin buscar nada. Ha sido un aporte extra que he recibido en una experiencia meditativa concreta. La he acogido desde la total normalidad, como un regalo que me ha abierto a una vivencia de la no forma muy grata.

En el último día del retiro, en la última enseñanza de la tarde, Antxoni comenzó a hablar. Fue entonces cuando pude ver cómo las palabras y la energía que van con la maestra se adentraban en mí en forma de lluvia que nutre las verdes praderas. Sin interferencias, la frescura y calidez penetraban junto con la sabiduría de su mensaje. Fue entonces cuando, de repente, una luz en forma circular apareció delante de mí en sentido horizontal, era algo similar a un platillo volante que giraba mientras suavemente se acercaba. La luminosidad del platillo es lo más semejante a la de un diamante que he contemplado en las joyas.

El platillo se encontraba a la altura de mi frente y suavemente atravesó por el entrecejo. Sentí cómo pasó por dentro de la cabeza abriendo un espacio en el que visualicé la parte atravesada separada del resto (de la cabeza). Una sensación muy placentera en la que viví una apertura al momento presente. Después, el platillo luminoso siguió yendo hacia atrás y abrió un espacio amplio en la parte posterior de la cabeza. Creó un lugar donde la perspectiva del mirar adquirió una gran profundidad y precisión para ver el bosque de los pensamientos de la inconsciencia dual egoica, que pronto se silenciaron no solo en la sesión sino durante algunos días; produciéndose una desidentificación ante los distintos estados de dolor y placer, pasando a vivenciar una mayor libertad interior.

Experimenté una gran potencia energética no conocida por mí anteriormente, vivenciando con simplicidad y espontaneidad lo acaecido. Quedando ya muy lejos las interferencias egoicas sonoras emergió un silencio en la grandiosidad del Vacuo espacio Consciente de la diáfana mente cuya vastedad se expresaba en una clara y armoniosa melodía.

Entonces visualicé con mayor precisión una bola en la parte central de la frente. Para mí simbolizaba la dimensión de la otra mente de superficie, el intelecto pensante e imaginativo, lo que en las enseñanzas se describe como inteligencia de la forma.

A partir de dicha experiencia meditativa he adquirido una comprensión de mi dimensión humana más allá de la forma física de hombre mujer, con todos los matices que conlleva. Es maravilloso comprender que esta esencia humana es la misma en todos.

Confío en que la luminosidad consciente pueda darse, sin distinción, en todos los seres sintientes.

Mi más sincero agradecimiento a la maestra.

OM MANI PADME HUM.