MEDITACIÓN DÍA A DÍA

En mi breve recorrido meditativo distingo dos etapas claramente. La primera es aquella en la que acudía a menudo al centro, realizaba los retiros, disfrutaba sentándome y sentía que lo que hacía era importante en mi vida.

Ahora bien, mi agenda estaba repleta de otras actividades también fascinantes y me dividía como podía para llegar a todo mientras la dispersión consumía mi energía.

Cuando, un buen día, el sinsentido existencial tocó fondo, decidí que la meditación era mi camino, es desde entonces cuando mi andadura cotidiana por la senda está trayendo cambios sustanciales tanto a nivel interno como su correspondiente reflejo en lo cotidiano.

En primer lugar fui consciente de que mis creencias estaban repletas de condicionamientos culturales y familiares que yo desconocía, que seguía buscando un refugio en las relaciones personales tanto de amistades como de pareja. El único objetivo era alejarme del miedo al vacío, a mí misma. Estar llena de actividades y planes permitía no parar y ver la angustia y el dolor profundo que guardaba. Era mejor tener algo que decir, aparentar ante los demás, aunque solo fuera “qué cansada estoy” que el sórdido silencio de la indigerible tristeza.

Fui despejando el camino de la mente pensante llena de planes de futuro sobre lo que tenía que ser mi vida en función de la idea que me había querido creer.

Atravesé entonces un momento de aquietamiento de distracciones, me di cuenta de que la diversificación activista de querer acumular más conocimiento intelectual y pertenecer a diversos grupos con los que me identificaba ya no me aportaban.

Poco a poco me he ido centrando en lo que ya tengo sin necesidad de buscar fuera y me he dado cuenta de que estoy contenta respecto a mi dedicación profesional. En la enseñanza puedo darme y recibir, siento lo bonito de participar, lo nutritivo que supone la apertura interactiva.

Por otra parte, la estabilidad económica me permite una mayor tranquilidad y una donación más amplia.

En cuanto a las relaciones sigo manteniendo las amistades de hace tiempo, mientras que la profundización en los nuevos valores que me aporta la meditación está posibilitando nuevos espacios más afines para compartir. La integración de lo nuevo con lo ya conocido confirma la enseñanza de que no es forzoso aislarse para ahondar en este camino.

Respecto a la familia ahora soy capaz de ver el ego del clan y esto significa una mayor perspectiva. Hay disposición de entrega por mi parte aunque sin dejarme atrapar y pudiendo respetar mis espacios de libertad.

En segundo lugar está el cuerpo, el hábitat interior por excelencia, escucharlo, cuidarlo, ejercitarlo a diario en su medida, está posibilitando que el tono vital esté un poco más activo. La calidad de estar presente ha mejorado desde que atiendo estas necesidades y poco a poco logro estar más conectada con lo que me pasa. Para mí es esencial abrirme a escucharlo ya que guarda en su interior toda la sabiduría que permite, entre otras cosas, manejarse en el presente.

Para ello es básico prestar atención a cualquier movimiento de contracción o expansión que produzca el cuerpo, por muy pequeño que pueda parecer, se trata de ir abriéndose a escuchar las sutiles señales que emanan de él. Hay situaciones en las que siento que del pecho o la boca del estómago surgen sensaciones agradables o desagradables, o que después de estar en algún sitio noto que me siento bien o mal. Esta nueva escucha es el puente que ayuda a percibir las reacciones automáticas creadas desde hace mucho tiempo que no hacen mas que perpetuar condicionamientos adquiridos.

Últimamente voy tomando conciencia de cómo respondo a preguntas sin realmente pensarlas, cómo me dejo llevar por lo preestablecido y no estoy presente, sino que el ego responde por mí.

La rutina diaria de la práctica me ayuda a volver a lo esencial de la respiración y con ello tomar conciencia. Meditar es poder mirar la propia existencia a la cara, percibirla por lo que es y amarla. Ni en la mejor de las ilusiones egóicas hubiera podido imaginar vivenciar momentos tan intensos con la esencia, de tan bello florecer interior que hace brotar el impulso generoso de darme a los demás mientras va poniendo las cuestiones de lo ordinario en su lugar.

Agradecida a la Maestra que en su sabia enseñanza guía el camino. Su apertura de mente y corazón son un ejemplo.