Luces y sombras

 

 

La vida ya no es para mí lo que creía que era antes de comenzar a meditar en el Centro Karma Samten Ling. A día de hoy experimento una mayor aceptación y rendición de mi propia negatividad. En ocasiones, desde la atención lúcida tomo perspectiva y veo conscientemente el aferramiento y cerrazón a un dolor vivido con intensidad durante la infancia.

Un dolor que ha creado una vida de sufrimiento voraz, de ansiedades y angustias inexplicables desde la palabra hablada.

Un dolor que me ha llenado de culpa ante la propia existencia, que me ha privado de la genuina inocencia y me ha hecho incomprensible este mundo.

Un dolor que se ha acumulado en mi cuerpo emocional y ha creado a su alrededor un caparazón que hasta hace un tiempo ha permanecido completamente hermético.

Veo la fragilidad y vulnerabilidad egoica con claridad. Experimento a nivel celular un temblor interno que se retrae en sí mismo en lo referente a la dimensión corporal-postural, emocional y psíquica. El ego escondido que pretende tener poder sobre mis acciones, pensamientos y emociones. Si bien a través de la meditación la vivencia generalizada de poca energía vital, de poco centramiento, falta de ecuanimidad, angustia vital, etc se ha resuelto en un buen nivel canalizándolo mediante la observación meditativa, veo que aún no se han liquidado totalmente los patrones que yo misma he creado en el pasado.

Al permanecer en la observación meditativa sentada cotidiana, muchas veces pido abrirme al espacio consciente y percibo como respuesta una apertura a una dimensión antes cerrada por estar identificada con un dolor frustrante. Lo cual me permite reconocer en el interior un caudal energético capaz de saltar los escollos que crea mi laberinto mental.

Percibo entonces cómo la energía desciende por el canal central y cómo me siento unitaria con semejante torrente interior y experimento que cada célula participa en la transmutación dolorosa anterior percibiéndose acogida en un manto de comprensión amorosa en el gran corazón espiritual. En dicho momento vivo cómo la confusión y ofuscación se disipan al mismo tiempo que unos tenues destellos de dorada luz disuelven la oscuridad y me siento cobijada en una silenciosa y gozosa paz que a su vez se extiende actuando en diferentes niveles físicos y mentales. Es importante para mí la total confianza que deposito en el camino meditativo ya que a veces estos movimientos expansivos son precedidos por algún tipo de dolor o molestia. La perspectiva ante lo que se presenta en cada situación me ayuda en los procesos purificadores. A mayor presencia en los momentos de oscuridad, mayor luminosidad irradia mi interior.

En lo descrito anteriormente se evidencia que no todo es sólo oscuridad o sólo luz, dado que la misma ofuscación en el dolor me ha impulsado a la búsqueda de la luz. Desde muy joven he tenido una inquietud de conocimiento en diferentes campos como el cultural, social o psicológico que me introdujeran a un autoconocimiento personal. Lo que ha supuesto una apertura inicial para ahondar posteriormente también en lo referente a la vida espiritual. Y llegué en un buen momento de mi búsqueda personal a Karma Samten Ling donde quedé clavada sin necesidad de buscar nada más porque era el sitio adecuado para mi nutrición personal progresiva. Recuerdo que nada más llegar la Maestra Antxoni me dijo que aterricé en Karma Samten Ling porque mi búsqueda personal era sincera.

El conjunto de experiencias vividas paulatinamente me han dado la certeza de que mi camino lo estoy realizando. También entiendo que no se debe a mi esfuerzo egoico personal sino a la pura donación gratuita de la Consciencia, sin atribuirme méritos muy especiales; por lo tanto es evidente que los vivo con la soltura de quien no se apega a ellos.

Gracias a Antxoni que hace todo esto y mucho más para el bien de todos los seres.

OM MANI PADME HUNG.