El disfrute de despertar
a mi ser real

 

 

En este apasionante viaje hacia el interior de una misma, los momentos de gran deleite se presentan con mayor nitidez y van calando en lo profundo mientras la vida se vuelve cada vez más gozosa.

Estos instantes de tenue presencia nutren más allá de la forma, conectan con el espacio abierto en el interior del cuerpo-mente y se presentan atisbos de otra dimensión dinámica.

Son experiencias que se presentan en cualquier época y momento del día, pueden darse tanto en la tranquilidad de una jornada de descanso como en momentos de gran ajetreo.

Los niveles de intensidad también son diferentes pero siempre brindan una generosidad en la que la esencia retira los antiguos velos auto creados con una calidez que conecta con nuestra esencia de sabiduría.

En la profundidad del viaje una se da cuenta de que la observación de los fenómenos es solo una pequeña fracción. Una parte necesaria que cada día la visión interior presenta con mayor claridad los movimientos torpes del ego.

Los temores e inseguridades que presenta la superficial capa de los pensamientos estan tan adheridos a las construcciones mentales y a la armadura física que sin la Atención lúcida Consciente, una se ve envuelta incesantemente en esa corriente. El miedo precipita la acción compulsiva, distorsiona la percepción y exagera la respuesta. La ilusión relativa a las creencias domina hasta que la energía de la Consciencia la acoge en sus regazos y la disuelve.

Esta energética acción de la Consciencia abraza con su clarificadora luz las situaciones que se presentan en cada instante. Así, la vida obsequia oportunidades para poder actualizarse de la carga que transportamos cada cual.

Aceptar con serenidad amorosa estas partes oscuras personales, que en vano he intentado olvidar a lo largo de mi vida, forman ahora parte del camino meditativo. En un proceso gradual, entre la luz y las tinieblas, es donde atravieso la compulsividad de los excesos (preocupaciones, miedos, carencias, stress,...) y abrazo lo que estoy viviendo hasta que el encuentro llano y directo con mi Ser Real me lleva a contactar desde el corazón con los demás.

Me observo más compasiva respecto a la oscura dualidad egoica. La referencia de estar presente, centrada frente a los acontecimientos exteriores, tanto adversos como favorables (rechazos y apegos), hace que interactúe más positivamente tanto en el entorno laboral como en el social y familiar. Los viejos modelos están cayendo progresivamente, es una experiencia interior que brota en forma de tranquilidad y dadivosidad en la medida que siento más presencia.

Desde esta vivencia he comprendido con un mayor calado las palabras de la Maestra cuando expresa que en el camino meditativo no es suficiente solo con ser buenas personas. Es necesario estar lúcidamente presente para poder estar en la energía del amor incondicional hacia todos los seres sintientes y ser una herramienta dúctil de la Consciencia más allá de intenciones y juicios egoicos.

Así, en alguna situación me he vivido menos mecánica y previsible y ha nacido un motor que impulsaba la acción que realizaba. El vivirme desde esta motivación de darme y contribuir desde el interior sensible me está ayudando a dejar a un lado las ideas hacia mí misma y trascender progresivamente el pequeño ego dual.

Cuando la Consciencia actúa, nace en el interior del cuerpo en forma de tambores ancestrales de despertar a la naturaleza y llamada a la esencia. La corriente vibratoria profunda aumenta su intensidad anunciando una apertura a la Presencia. En un progresivo ejercicio de unificación del conjunto de diminutas partes corporales se da la interacción en la globalidad del cuerpo físico con una envolvente conexión amorosa que todo lo inunda.

La percepción del cuerpo cambia, la energía que entra arrasa con su suave calor, la vivencia de la masa corporal ordinaria de solidez se transforma en palpitaciones envolventes y dinámicas de gran dicha. Los bloqueos los acoge y disuelve sin resistencia y la ilimitada vivencia del amor abre a un agradecimiento profundo. Todo con el Todo. Transforma la ordinaria vivencia, nace un nuevo modo de estar. El modo de percibir y sentir surge desde una insondable fuente. Un viaje interior fascinante sin fronteras.

Acude a mi memoria una frase del Principito, libro infantil que narra las aventuras de un niño que viene de un lejano planeta.

“Tenía sed de esta agua” expresa el Principito en un momento en que la situación del niño y de su amigo el aviador, en pleno desierto, es crítica. El agua significa mucho más que saciar la mera necesidad fisiológica. Para el Principito el desierto es bello y lo que constituye su belleza es invisible, ya que la verdadera visión solo nace del corazón. Por eso él ama el desierto y sabe que en alguna parte tiene un pozo de agua.

Al igual que el Principito, tengo sed de esta agua que con total dadivosidad y altruismo nos entrega a diario la maestra. Mi más profundo agradecimiento.