Danza inmaterial

 

El ser humano permanece en este mundo terrenal durante un periodo de tiempo limitado, en el cual, tiene la oportunidad de autotrascender el ego dual y encontrarse en su esencia de Consciencia Vacuidad si es que realiza la purificación mental adecuada. La meditación es una herramienta que posibilita transitar el Camino de la Autorrealización.

En los retiros que el Centro ofrece, la Maestra Antxoni Olloquiegui imparte dos enseñanzas diarias sobre la energía física. Recuerdo que en los primeros retiros solo experimentaba frío en mis manos y la respiración entrecortada. Yo aceptaba lo que había porque era consciente de mi bloqueo físico generalizado. La conexión con el trabajo de energía física se dio cuando en un retiro desde la Consciencia se abrió mi Corazón Espiritual. A partir de este momento comencé a sentir el cosquilleo y un calor agradable en las manos, pies y por mi cuerpo físico comenzó a fluir el caudal energético, que no era poco. Progresivamente se han ido abriendo diferentes bloqueos y conexiones que permiten cada vez con mayor fluidez la vivencia experiencia de la energía física. El hecho de respirar y poner atención a lo que surge en forma de sensaciones y percepciones corporales es de gran ayuda para mí. El simple permanecer en esta dinámica me abre poco a poco a un fluir energético permitiéndome descubrir una realidad más allá de los pensamientos.

No en vano insiste la Maestra en que despertaremos a nuestra esencia real a través de la consciencia en el cuerpo físico; es significativo para mí cuando Antxoni expresa en uno de sus poemas “el cuerpo humano como templo sagrado, misteriosa puerta de paso de lo finito a lo infinito”.

Mi relación con el cuerpo ha cambiado desde que empecé a meditar con la Maestra. La energía que transmite en el centro de meditación es atómica y los retiros son momentos importantes en los que la intensidad de la práctica ayuda a profundizar en la danza de la energía física.

Es significativo el sentido del espacio en el viaje al interior del cuerpo porque la visión que se da es a través de la conciencia personal. Esta conciencia personal adquiere unas dimensiones mucho más grandes, totalmente diferentes de la visión de los ojos externos. Hay un movimiento de formas en los que se percibe la vacuidad de todos los fenómenos cambiantes e impermanentes, por ejemplo experimento sensaciones muy gráficas de la audición, o movimientos hasta físicos en la garganta. Cuando la expresión es de dolor, la vivo como una sensación simple de dolor, sin extrapolar, sin neurosis, viviendo sin rechazos ni apegos lo que se manifiesta en cada experiencia sentada meditativa. Es así como la forma externa del cuerpo deja de tener solidez y solo cabe dejarse estar en la danza inmaterial de cada momento desde la quietud imperturbable del Aquí y Ahora. Siento la percepción de aire que a veces es muy sutil y se expresa con frío, otras veces con calor o incluso ambas a la vez, tanto por dentro como por fuera.

En mis procesos iniciales de práctica me enganchaba mucho al fenómeno de las experiencias pero pronto he sabido situarlas como son. Fenómenos que me sirven de material meditativo para estar más lúcida en el presente. Sin hacer ningún problema, la plena conciencia en la respiración del momento presente me centra. En este instante puedo abrirme a la experiencia del Corazón Espiritual. Descubriendo cómo se expresa la energía en otros centros como por ejemplo en el paladar superior, en este sabor específico que lo llaman “descansar en el Ripa” o lo que es lo mismo “en la experiencia gozosa del Espíritu Santo”. Conectada con el Corazón Espiritual me hago uno con todo mi cuerpo vibrante en el gozo del presente. En esta experiencia puedo tener hasta la imagen de adentrarme con movimientos abiertos en la vivencia (como si estuviera zambulléndome en el mar) que podría denominarlos espacios ampliados de la mente, silenciosa presencia (¿sin objeto ni sujeto?).

Es indudable que lo que oigo en las enseñanzas de que tanto dentro como fuera somos espacio lo vivo de modo muy real. Disfruto la energía física cada vez con mayor apertura y amplitud cada instante irrepetible que experimento desde el Corazón Espiritual en sintonía con la vida.


Doy infinitas gracias por este regalo de descubrir que no solo soy amor sino también energía, necesaria para vivir una concentración meditativa, dejándome adentrar en procesos de vivencia de aspectos dolorosos y oscuros en los que por gracia percibo una gran purificación mental. Experimentando así un mayor caudal energético meditativo.


Agradezco todo cuanto vivo y solicito que pueda ser compartido con todos los seres. 

OM MANI PADME HUM.