Apertura del intelecto

 

Hace un tiempo tuve la fortuna de realizar un trabajo de estudio que la Maestra me sugirió. Mi entusiasmo inicial fue grande, enseguida me puse manos a la obra buscando el material necesario y acondicionando el espacio y medios adecuados en casa. En pocas jornadas todo estaba preparado y comencé a estudiar con el ímpetu de quien comienza una nueva aventura.

No tardaron en aparecer miedos, inseguridades y mensajes negativos sobre mi capacidad de aprendizaje. Se amontonaban en mi mente cuestiones tales como: “seré capaz de seguir el ritmo de los demás, de responder adecuadamente a las preguntas, me acordaré de esto y aquello” ante las cuales mi respuesta automática era la de dedicar más y más horas al estudio específico para tenerlo todo bien controlado. ¡Cuánto esfuerzo innecesario!

Sí, poco a poco fui comprendiendo, gracias a que la Maestra repetía una y otra vez: “estando presente todo fluye, nada de hacer esfuerzos”; pasaban los días y veía cómo el ego volvía desde diferentes argumentos y montajes mentales con la tendencia a darle valor al esfuerzo personal del trabajo concreto hecho desde la rigidez. A medida que los meses transcurrían fui dándome cuenta que no se trata de esforzarse y meter horas y horas en el estudio concreto de una materia, sino de estar abierta y presente, en la medida de lo posible, en el momento de hacerlo. Si la mente está relajadamente concentrada en lo que lee, escribe o ejercicio que realiza, la información penetra sin esfuerzo.

Fue una experiencia gratificante en la que viví una apertura mental que me permitió desarrollar una mayor atención lúcida, desde la cual pude ver con mayor desidentificación los miedos e inseguridades egoicos que aparecían, tanto en la mente de superficie en forma de pensamientos, como en el cuerpo físico con manifestación de sudoración y zonas corporales contraídas.

Situada en la perspectiva de la atención lúcida experimenté momentos de vacío mental en los cuales pude responder ante las cuestiones con claridad y precisión por la acción espontánea de la Consciencia. En alguna situación hasta me expresé con bastante soltura. Es evidente que la potente energía que se manifestaba a través de la Maestra fue purificando capas de sufrimiento innecesario con tintes de incapacidad, falta de confianza y baja concentración.

Ahora sí que he comprendido lo que significaba vivir un intelecto encorsetado en modelos agobiantes. Dicho trabajo me abrió un camino que aún hoy sigue siendo referencia en mí ya que he comprendido la importancia de desarrollar un intelecto en apertura a la Consciencia, porque aunque en la meditación no utilice sus reflexiones la energía consciente lo beneficia.

Naturalmente he comprobado que la meditación abarca las 24 h de mi vida diaria. Nada está ajeno a ella, ni siquiera el estudio.

También tuvo un valor positivo el encuentro grupal para efectuar dicho aprendizaje en el que disfruté ante tareas que hace un tiempo me hubieran parecido muy pesadas.

Gracias a la vida por tantas y tantas bendiciones.

Om Mani Padme Hung.