APERTURA

 

 

Comienza el esperado retiro de primavera, están vivas la motivación y el ansia para zambullirme en la profundidad de los venideros días.

Es entonces, para mi sorpresa, cuando encuentro que con mis disparados e imparables pensamientos no es posible centrarme. ¿Qué ocurre, por qué no paro de desear abrirme a cada inspiración?

El tiempo transcurre y la angustia aumenta ante mi incapacidad de estar presente. Vuelven las cuestiones respecto a qué estaré haciendo mal y qué me pasa para estar tan intranquila.

Hasta que por fin, en un momento de estar conectada con la respiración me doy cuenta de que mis expectativas están a flor de piel, que estoy intentando controlar y guiar mi mente para tener vivencias meditativas gratas. Una y otra vez vuelco mi deseo inconsciente de revivir momentos bonitos a través de la sigilosa llamada del ego que intenta manipular la vivencia en la dirección antojada.

El encuentro con la realidad me da sosiego y la relajación gradual me posibilita prestar atención.

En este proceso de aterrizaje comprendo que la correcta meditación no es solo tener experiencias preciosas, sino que lo importante es acoger lo que venga. La Maestra lo repite en sus enseñanzas diarias y a nivel intelectual el mensaje es bien recibido, mas de fondo, se ha hecho visible la contradicción entre el no querer tener y el aceptar, por ejemplo, las dolencias físicas o la angustia emocional.

El reconocimiento a la bienaventuranza de cada momento ha supuesto una liberación de mensajes negativos que me acompañan, tales como “aprovecha el tiempo, no sabes hacerlo, te despistas”. Este descanso ha dado pie a soltar tensión acumulada que proporciona una visión más amplia que la del círculo cerrado mental, a la vez que posibilita un acercamiento-reencuentro con el corazón.

Desde esta vivencia más cercana, amorosa y tolerante hacia la manipulación neurótica se da el florecer natural del ahora.

Al actualizarme, he vivido con fuerza el juego entre las luces y las sombras. Una montaña rusa energética me ha conducido persistentemente de un polo a otro. La dimensión cambiante, desbordante y enloquecedora de los dos grandes vuelos ha vuelto a hacerme temblar de inseguridad. La Maestra manifiesta que el vuelo de la mariposa nocturna es muy bajo y pobre, mientras que el del águila es amplio y alto. La impermanencia de cada vuelo solo deja lugar a desprenderse de cualquier carga, juicio, concepto y dejarse llevar por aquello que dicte la Consciencia.

A consecuencia de esta vivencia he podido asentar y esclarecer por un lado la magnitud del sendero a transitar y la importancia del camino meditativo sin búsqueda de resultados.

Por otro lado, el acercamiento comprensivo hacia el personaje oscuro auto creado, con su ficción tragicómica, me ha encauzado a contemplarlo desde cierta perspectiva. Así he disfrutado de momentos de desapego y desdramatización que me han hecho vislumbrar la necesidad de alimentar la esencia a través de la meditación diaria, para poder descubrir las tácticas de este personaje y no dejarme arrastrar por él.

A partir de aquí ha surgido un calor en el pecho, el cuerpo se ha hecho unidad en apertura a la energía arrolladora del Corazón Espiritual, que con su generosa acción me ha envuelto cada célula corporal en un estado entrañable y benévolo.

Desde aquí, los conflictos, problemas y demás cuestiones que normalmente ocupan mi mente se convierten en pequeñas nubes ante un horizonte luminoso que irradia vida. Una nueva oleada de frescura y gozo renueva cada instante habitado en plenitud.

Todo es posible, el absoluto está donde ha de estar, la totalidad se convierte en maravillosa creación armónica entre las tinieblas y el resplandor.

Agradecida, una vez más, a esta expansión amorosa del cuerpo físico que no es más que un paso adelante hacia el espacio abierto infinito.

OM MANI PADME HUNG.