LA SOLEDAD PLENA

 
Es bueno pararse a mirar cómo asumir la soledad individual en nuestra vida humana. En el compromiso meditativo en este viaje al interior de la mente, se nos descubre la soledad plena de la mente consciente, con una interacción en el amor incondicional a todos los seres, como cualidad de ser de la esencia humana. La puerta de entrada a la mente no condicionada es un shiné vivido en profundidad en el que desarrollamos individualmente el darnos cuenta de todos los contenidos físicos y mentales que aparecen en nosotros de instante a instante. Para ello, nos apoyamos en una respiración natural abdominal que nos sitúa en una mente presente en apertura a la atención lúcida consciente. Nuestra identidad profunda consciente es la dimensión genuina natural espontánea que fluye en la presencia consciente en el Aquí y Ahora. La presencia es impersonal, pero también se expresa a nivel personal en cada ser humano que se abra a su fluir, lo cual implica el reconocimiento de nuestra consciencia individual-personal. La sinceridad de cada uno de nosotros es lo que nos llevará a determinarnos a recorrer la vía de la meditación hasta el total despertar  en la mente consciente. Al comprometernos en una meditación en sintonía con la atención lúcida consciente, disolvemos los viejos condicionamientos egóicos. En la vía meditativa desarrollamos cualidades positivas como es el desapego, que es la absoluta libertad consciente, libertad que guía nuestra relación con las cosas y personas, con las que confluímos en el camino meditativo de la soledad plena, en la Vacuidad gozosa de la mente. En el pasado siempre hemos huído de mil maneras y no hemos aceptado nunca nuestra soledad. Siempre que nos hemos planteado vivir en soledad nos ha producido miedo.  Es el temor a lo desconocido en la vivencia plena de la soledad. Pero la propia identidad profunda consciente es soledad plena, con ausencia total de cualquier carencia. Y siendo esto así, sorprende el por qué nos vivimos tan distantes de nuestra esencia. La razón es que un día nos desgajamos de la plenitud de nuestro ser real y nos perdimos en el bosque oscuro del inconsciente impersonal de la naturaleza humana. Como consecuencia de esto, nos desconectamos de nuestro estado natural de Ser, para girar en los márgenes estrechos de nuestra cárcel egóica individual y quedamos atrapados en la insatisfacción  y frustración egóicas. Sin embargo, cuando hemos llegado a sintonizar, aunque sea puntualmente, con nuestra dimensión genuina espontánea de absoluta libertad en el fluir de la Presencia-Consciencia, tenemos la referencia clara de nuestra libertad como seres humanos. Lo prioritario de la mente meditativa es convertirse y enraizarse en nuestra identidad profunda, que es lo mismo que la soledad plena gozosa de nuestra mente consciente. Recordaremos que para esta vuelta a nuestro estado natural la puerta de acceso es el shiné en el desarrollo de conciencia en apertura a la lucidez de la mente consciente.

Desde el soporte de la respiración natural en la meditación, nos situamos en una mente presente. Insistimos que lo básico en la meditación es el desarrollo de conciencia individual en apertura a la esencia. Algunas veces hemos podido llegar a experimentar lo simple que es conectar con nuestra esencia, mediante la atención lúcida consciente, espacio en el que nos reconocemos más y más en esta soledad plena, que desemboca en la Vacuidad gozosa de la mente consciente. En la ausencia total de egoísmo, surge nuestra mente consciente renovada y podemos relacionarnos de manera libre con las cosas y personas y relegar al yo falso a un segundo plano. Lo cierto es que es muy común intentar escaparnos de vivir lo fundamental de nuestra vida humana. El asumir un buen desarrollo de conciencia implica vivir nuestra soledad, pero entendiéndola bien, es decir, como autonomía individual con conciencia de ser. Para no ser rebaño en el inconsciente impersonal de la naturaleza humana, deberemos relacionarnos con los demás de manera genuina y para ello, necesitamos una conciencia individual, porque de lo contrario, giramos en una rueda inconsciente oscura de la naturaleza humana, una dimensión tan robotizada  que resultamos no seres pensantes, sino pensados.

Sin conciencia individual no hay nadie como ser humano. Pero esta conciencia individual nada  tiene que ver con una rebelión caprichosa automática egóica infantil. Si fluímos en la presencia en cada momento, nuestra vida humana es completa, porque nos viviremos muy compensados a todos los niveles, estemos donde estemos. Compartiremos proyectos en el campo profesional, social y cuando estemos solos, también nos sentiremos muy bien. No buscaremos relacionarnos de forma ansiosa, porque  no podemos soportar nuestra soledad. Si aparece en nosotros la ansiedad porque no podemos estar solos físicamente  un instante, significa que el yo egoico ha vuelto a tomar el mando de nosotros mismos. La salidas habituales a estos estados de ansiedad que nos resultan insoportables suelen ser bien hacer llamadas telefónicas, montar fiestas, internet, enchufar de forma automática la televisión,  y más y más entretenimientos, porque no podemos estar con nosotros mismos. Para salir de estos estados mentales neuróticos, nuestro mejor recurso será la meditación, para resintonizar nuestra conciencia personal en la respiración natural abdominal, que nos situará en una mente presente actualizada, abierta a la lucidez consciente. La práctica de este shiné es un modo simple para volver a respirar el aire genuino espontáneo natural de nuestra identidad profunda consciente. Vivirnos en una mente presente renovada es ser libres de permanecer disfrutando tranquilamente de la quietud física y mental de una meditación. Es evidente que todos los seres humanos necesitamos relacionarnos unos con otros, y al plantear que todo ser humano debe asumir su soledad no significa que tenemos que cortar nuestras relaciones con los demás. El cultivar amistades es una de las cualidades del ser humano y es obvio que debemos desarrollar todas nuestras cualidades positivas interactuando unos con otros de manera positiva. Para que esto sea posible es necesario que en nosotros haya una conciencia individual para darnos cuenta de manera lúcida de todo cuanto tengamos que hablar, escuchar o hacer. El desarrollo del darnos cuenta lúcido disolverá todos nuestros movimientos reactivos inconscientes egóicos, y tendremos claro que el  ser sociable es una cualidad en todo ser humano. Comprenderemos también que nuestras relaciones tienen que tener una calidad que nos vendrá de nuestra presencia lúcida en cada momento. La conciencia individual no nos lleva a sentirnos separados de los animales, naturaleza, y de todo lo que es diferente de nosotros, porque  NUESTRA REALIDAD CONSCIENTE ES UNITARIA CON TODOS EN EL TODO. La meditación nos sintoniza con esta realidad de sentirnos interconectados con lo más pequeño y lo más grande de la existencia. Desde nuestra esencia vivimos una unidad con todos en el todo. Pero hasta no llegar a enraizarnos en nuestra esencia, aún en medio de la realidad más favorable tenemos la sensación interna de vivirnos aislados, de vivirnos solos individualmente, aunque estemos rodeados de muchos amigos, en un medio donde somos queridos y percibimos por parte de los demás un interés sincero por nosotros. Esta sensación de sentirnos solos tiene una connotación de carencia afectiva, y cabe preguntar por qué el ser humano siempre teme el estar físicamente solo, viviéndose temerosamente a muchos niveles, especialmente el afectivo. Esto sucede porque un día nos desgajamos de nuestra esencia de ser real y abandonamos la plenitud de la consciencia de ser y creamos un ego falso y nos perdimos en la inconsciencia. A pesar de todo, nuestro psiquismo conoce que en nosotros hay una dimensión genuina natural espontánea plena, en una consciencia individual, en la plenitud de ser, fusionándose con la consciencia universal. Esta es nuestra identidad profunda consciente o nuestro estado natural y nunca nos sentiremos completos, plenos, hasta que no lleguemos a este estado natural de ser. Nuestro psiquismo aspira a salir del girar  ilusorio  egóico para volver a nuestra dimensión real. La puerta de acceso para volver a nuestro estado natural es la meditación del desarrollo de conciencia de todos los contenidos, sintonizando con nuestra esencia o mente consciente. Esta es nuestra puerta de vuelta casa, a nuestro estado natural. Despertamos de este girar egóico practicando shiné, muy sintonizados con la atención lúcida consciente donde reside la capacidad de disolver toda nuestras tendencias egóicas. Siempre que en nosotros reaparezca la frustración, la insatisfacción, tenemos que verlas como síntomas de que seguimos estando en nuestra cárcel egóica. Si el ego planea huídas fuera de la realidad con ensoñaciones en mundos paralelos mentales, fantásticos y nos identificamos con todo ello,  nos perdemos en la inconsciencia, igual que  Pulgarcito desorientado,  perdido en el bosque, no sabía cómo volver a casa. Pero nosotros sí sabemos cómo volver, porque disponemos de la meditación que es desarrollo de conciencia, siempre apoyados en la respiración natural que nos sitúa en una mente presente actualizada en sintonía con la lucidez consciente. Hemos experimentado que el tomar conciencia de la respiración natural, nos ha permitido vivir la realidad. Se trata de practicar disciplinadamente hasta enraizarnos en la visión lúcida consciente. El símil de Pulgarcito perdido en el bosque es muy aplicable a nuestra vida inconsciente egóica. Hay muchos cuentos que nos contaron cuando éramos pequeñitos, llenos de mensajes profundos creados por seres de conocimiento muy lúcidos que apuntaban para todos los seres humanos una salida clara de la inconsciencia egóica. El conocimiento de esos cuentos entraron en nuestro interior y sus contenidos los podremos reconocer en la práctica meditativa de la atención lúcida consciente, a fin de que podamos seguir los indicadores claros hacia la vuelta a nuestro estado natural para  que disfrutemos de la verdadera soledad plena consciente, en unidad con todos los seres y con cada una de las personas que nos relacionamos habitualmente.  Esta es una soledad que está conectada a la totalidad de la existencia humana. Es una vivencia unitaria. El enraizarnos en nuestra identidad profunda consciente nos permite disfrutar de la relación con las personas y circunstancias, sin nuestras sensaciones actuales de separación. Actualmente es muy frecuente que sintamos que estamos aislados aunque vivamos en mitad de una multitud. La vuelta a casa nos dará la verdadera realidad de ser, y nos permitirá vivirnos completos desde la presencia en el Aquí-Ahora, que es la dimensión más real de nosotros, en la que nos sentimos completos. Cualquier actividad que llevemos a cabo desde esta dimensión será inspirada, creativa, llena de la magia cálida y gozosa de la sabiduría profunda de la mente. Todas nuestras relaciones tendrán un enfoque, una interacción positiva y viviremos todas las situaciones de la vida tal como son.

Es obvio que un meditante que desarrolle la atención lúcida consciente, nunca se vivirá carente, sintiéndose muy pobrecito y en una constante comparación con los otros.  Por el contrario su vida espiritual será expansiva, y se expresará en todos sus movimientos la absoluta libertad de ser. En la dimensión de la mente profunda consciente comprendemos todos los entramados del sí mismo egóico falso, con todos sus apegos egoicos. Una mente meditativa que ha llegado a este nivel profundo de visión, disfrutará de una práctica sentada meditativa, cuyo silencio interior y exterior dinamizará toda su vida de acción y su interacción con los demás será de una gran lucidez mental. El abrirnos a lo esencial de nosotros, a este fluir de la presencia consciencia, también nos abrirá a la soledad plena de la Vacuidad gozosa de la mente consciente.