LA REALIDAD DEL SUFRIMIENTO
EN LA EXISTENCIA HUMANA
La realidad del sufrimiento en la
existencia del ser humano, LA VERDAD DE QUE EL SUFRIMIENTO EXISTE en
nuestra propia existencia, es la primera de las cuatro nobles verdades que
Buda nos mostró hace casi 2.600 años. El darse cuenta de esta realidad de
sufrimiento en nuestra propia existencia puede ser el primer paso hacia
otro modo de vida mucho más pleno. En la segunda noble verdad Buda nos
mostró LA CAUSA DEL SUFRIMIENTO que ES LA IGNORANCIA, LA INCONSCIENCIA que
nos lleva a creer que nuestra plenitud reside en el aferramiento, en el
apego infantil a circunstancias, sensaciones, emociones o personas en la
ilusión de encontrar nuestra felicidad en ello. La tercera noble verdad es
que EL SUFRIMIENTO PUEDE CESAR y la cuarta es la verdad del camino que
lleva al cese total del sufrimiento, LA MEDITACIÓN, es decir, el encuentro
con nuestra identidad profunda consciente.
Estas
cuatro nobles verdades son consideradas como los fundamentos del budismo.
Todas las enseñanzas posteriores de Buda derivan de estas cuatro nobles
verdades. Buda nos enseñó acerca del sufrimiento y su cese. Todos los
seres humanos estamos interesados en conocer la verdad del sufrimiento y
cómo ponerle fin, pero a veces preferimos cerrar los ojos a esta realidad
en nuestras vidas.
¿Cómo
abordó Buda la realidad del sufrimiento humano? Lo hizo desde un ángulo
muy positivo. En la globalidad de su enseñanza se da una afirmación de la
vida, que nos prepara para abordar cualquier problema con confianza y sin
temor. Ciertamente Buda nos muestra un panorama muy real de la vida
humana. Para que la atención contemplativa nos lleve hasta el total
despertar en nuestra mente consciente, es fundamental la comprensión de
las 4 nobles verdades conjuntamente, no separadas unas de otras,
contemplándolas desde la atención lúcida consciente que observa
directamente la impermanencia de todos los fenómenos de la vida humana. La
impermanencia se expresa en nosotros a través del sistema de alternancia
o cambio continuo de nuestras energías físicas y mentales: en su aspecto
físico se manifiesta en sensaciones, percepciones, sentimientos…; y en
ámbito mental en pensamientos, emociones… etc. Todos los fenómenos
aparecen y desaparecen en nosotros constantemente. Nos guste o no, la
alternancia de los acontecimientos exteriores y nuestros estados
interiores es continua en nuestra vida. La presencia del dolor en la vida
humana es tan natural como lo es el agua, los árboles en la naturaleza;
ahora bien, la existencia del dolor no nos lleva a negar la existencia del
placer, de la risa, del gozo y la alegría de vivir. En la vida humana,
como en toda la naturaleza en general, hay un sistema de equilibrio en
todos los cambios constantes, alternantes, lo cual contrasta con la
tendencia humana de buscar sólo placer, lo agradable, lo que nos apetece
en cada momento, resultando muchas veces que esta búsqueda del placer es
compulsiva.
Los
fenómenos actúan en un sistema de opuestos positivo y negativo. Si
contemplamos los pares de opuestos desde una atención lúcida consciente,
nuestra vida será siempre nueva, creativa. Observamos el ejemplo de la
luz eléctrica: la unión del polo positivo y del negativo genera energía
eléctrica, que nos proporciona luz, calor, etc. Todo el sufrimiento en
nosotros es generado por ignorancia, por desconocimiento de cómo funcionan
las energías en nuestra vida. Si bien es verdad que la energía eléctrica
es el resultado de la unión de los polos positivo y negativo, para que
esta unión genere energía eléctrica es necesario el conocimiento adecuado
para el manejo de estas polaridades, sobre todo cuando son de gran
voltaje, por lo que un niño que no tiene tal conocimiento resultaría
seguramente electrocutado si se pone a manipular o jugar con cables de
alta tensión. De la misma manera que se necesitan los conocimientos
adecuados para que la energía eléctrica pueda generar luz, frío, calor, o
pueda mover la maquinaria de la industria aportándonos bienestar y
desarrollo, si nosotros vivimos las energías potentes pasionales sin
lucidez y Consciencia, desde una mente infantil, dual y egóica, acabaremos
atrapados en el torbellino de fuertes envidias corrosivas con odio, celos,
ira, soberbia y seremos fuerzas totalmente ignorantes girando
incesantemente en el oscuro remolino de la fuerza inconsciente impersonal
de la naturaleza humana.
La
visión meditativa es la que nos aporta esta lucidez, este conocimiento
necesario para poder manejar adecuadamente todas nuestras fuerzas,
pasiones y pulsiones vitales, porque nos sitúa en una mente en la unidad
de la Consciencia aportándonos el conocimiento necesario para unificar los
pares de opuestos generando un gran bien, no sólo a nivel individual, sino
también para contribuir a transformar el inconsciente colectivo de los
demás seres humanos.
Es
insensato pretender vivir sólo placer en nuestra vida humana. El placer
no dura siempre, pero tampoco el dolor, porque existe un sistema de
equilibrio de energías en el ser humano. Para descubrir la unidad de la
vida resultante de la complementariedad de los opuestos, nos puede servir
el observar una mano que se configura de la palma y el dorso. Sólo la
palma no es la mano, ni lo es sólo el dorso. Como en la palma de la mano,
las polaridades se complementan configurando la globalidad de la vida. De
la misma manera en la dinámica de la vida todos los fenómenos están
regidos por un principio en virtud del cual los opuestos dolor-placer,
alegría-tristeza, pena-gozo, etc. se alternan.
Nos
guste o no la vida es cambio. Es una verdad innegable que los opuestos se
alternan; por lo tanto es mucha ignorancia negarse al cambio, pretendiendo
que en nuestra vida esté lo que ya no está ni puede estar por muchas
razones. Los rechazos y apegos a situaciones, objetos o personas traen a
nuestra vida mucho sufrimiento, porque en tales circunstancias es el
aferramiento egóico ignorante el que lleva las riendas de nuestra vida. La
mente egóica es muy infantil y actúa como lo harían los niños sin
discernimiento que juegan cada uno con sus propios juguetes: el de un niño
son juguetes riquísimos que valen una millonada; el del otro no valen nada
económicamente. Los dos niños están aferrados a sus propios juguetes.
Los dos disfrutan mucho jugando con ellos gran parte del día. El problema
surge por el apego de estos niños a su juguete, que es el objeto de su
placer que les lleva a tener una actitud excluyente: esto es mío, sólo
para mí. El retirarles los juguetes de forma inesperada les causa un
sufrimiento muy grande por el aferramiento que tienen hacia ellos, y
lloran la ausencia de sus juguetes, de su objeto de placer. De la misma
manera una persona adulta pero sin conciencia, sin lucidez mental, si vive
una relación que ha acabado sufre porque no puede seguir con su objeto,
al igual que el niño con los juguetes. Con mucha más fuerza quizás, vive
hasta ataques de celos. Este ser adulto inconsciente, vive con gran
desgarro su pérdida, empecinándose en que permanezca lo que ya se ha ido.
Naturalmente este ego conflictivo ignorante, buscará culpables de su
situación. Se trata de una situación muy conflictiva con uno mismo y
también con los demás.
Está
claro que la presencia del dolor es constante en nuestras vidas humanas.
Nacer es dolor, la decadencia física es dolor, la enfermedad es dolor y la
muerte física sin comprensión también es dolor. La convivencia con
personas que no amamos es dolor, que se manifiesta en choques, tensiones,
luchas, en las relaciones humanas familiares, laborales y sociales. El
separarnos de los que amamos también es dolor. Pero en la visión lúcida de
las cosas se viven las situaciones tal como son, objetivamente. Un
meditante bien enraizado en su visión lúcida consciente ¿no puede vivir ya
dolor en la vida? Sí, ciertamente sí. En mayor o menor grado, en nuestra
vida humana se presentan situaciones cambiantes, inesperadas, muchas
dolorosas, pero vividas con lucidez y con comprensión estas situaciones no
nos arrastrarán al sufrimiento, a pesar de que el dolor de la
circunstancia que vivimos pueda ser intenso y responder a causas objetivas
y reales. La visión lúcida consciente que ve la impermanencia de todas
las cosas nos permite vivirlo todo tal como es. Un dolor intenso con
lucidez consciente generará un bien superior en nosotros que nos permitirá
vivir una calidez de sabiduría que antes nunca habíamos experimentado. El
quedarnos enganchados en el dolor como consecuencia del apego produce
sufrimiento. Sin embargo, la visión lúcida consciente vive las dos
polaridades de los fenómenos, la positiva y la negativa, unificándolas en
un estado superior de conciencia que nos aporta una panorámica global de
los acontecimientos que nos toca vivir, permitiéndonos así transformar la
adversidad en un bien superior, en un peldaño más en la escalera de
nuestra evolución. Pero, ¿Cuáles son las razones de nuestro sufrimiento?
¿Por qué los seres humanos hacemos un gran conflicto con la polaridad
negativa de la vida? Las dos fuerzas que desde nuestra visión dualista
llamamos el bien y el mal están en la Consciencia de manera armónica y
unitaria. Cuando nacimos en este mundo, tanto lo que denominamos el bien
como el mal estaban unidos en el principio consciente. Ambos nacieron con
nosotros siendo unitarios con la Consciencia toda. Al nacer todo niño vive
con gran armonía y en perfecto equilibrio; pero con el surgimiento del
pensamiento nos desgajamos de la unidad de la Consciencia, de nuestra
identidad profunda consciente, y nos perdimos en el oscuro bosque
inconsciente e impersonal de la naturaleza humana, esto es, separamos la
polaridad positiva de la negativa y nos establecimos en la inconsciencia
dualista: el polo positivo quedó en la parte del principio consciente y se
separó la polaridad negativa formando el cuerpo inconsciente, conformando
lo que denominamos desde la perspectiva dualista el bien por un lado y el
mal por otro, que vividos como antagónicos fuera del ser unitario de la
Consciencia son el origen del sufrimiento humano.
El
verdadero conocimiento del ser humano nos llegará a todos a través de la
Consciencia, que nos permitirá volver a vivir ambas polaridades en unidad
de Consciencia, lo cual sólo podremos conseguirlo mediante la meditación
lúcida consciente. Lo previo para vivir la lucidez en nuestra vida es el
darnos cuenta de todos los contenidos físicos y mentales que aparecen en
nosotros de instante a instante. Y recordaremos que lo central de la
meditación shiné es situarnos en una mente presente en apertura a la
atención lúcida consciente, a fin de vivir en nuestra vida con objetividad
todo el conjunto de fenómenos alternantes, cambiantes. En la meditación es
fundamental observar todo lo que se presenta ante nosotros con plena
conciencia a fin de poder llegar a ser conscientes de todos los contenidos
físicos y mentales que se presentan en nosotros de instante a instante lo
cual supone estar despiertos para vivirlo todo desde la unidad de la
Consciencia, de tal manera que podamos vivir las cuatro nobles verdades a
la vez.
Empezamos por darnos cuenta de que
estamos respirando y, de este modo, poniendo la conciencia en el cuerpo,
nos damos cuenta también de que somos una individualidad. La conciencia
individual es fundamental para que podamos acabar reconociéndonos en
nuestra esencia, en nuestra identidad profunda consciente, desde la que
viviremos todos los acontecimientos de nuestra vida en la atención lúcida
consciente. En realidad la inconsciencia egóica es la polaridad negativa
en todo ser humano que no es otra cosa que la fuerza oscura impersonal de
la naturaleza humana consecuencia de una visión dualista de la vida. De la
misma manera que Pulgarcito se encontraba perdido en el bosque porque
había olvidado el camino de vuelta a casa, también nosotros nos
encontramos perdidos en el bosque del inconsciente oscuro dual, sin rastro
alguno de nuestra identidad profunda consciente o nuestro ser real. Pero
podemos salir de esta inconsciencia dual ignorante a través de la práctica
meditativa de lucidez consciente. Nuestro reto como seres humanos es
volver a sintonizar con nuestra identidad profunda consciente, nuestro ser
real, volver a casa y desplegar todo el conocimiento de la sabiduría
profunda consciente inherente al ser humano y realizar así la unidad de
los opuestos, cubriendo cada pasión negativa inconsciente con la sabiduría
correspondiente a su polo complementario consciente. Sintonizando de este
modo con la inteligencia directa de la vida que es la sabiduría profunda
consciente, desplegaremos todos los potenciales que la Consciencia ha
depositado en nosotros a través del principio consciente.
Es
evidente que el ser humano tiene unos condicionamientos culturales y
religiosos que le dificultan la comprensión del origen del mal, que le
impiden comprender a fondo qué son estas fuerzas negativas de la
naturaleza, lo que llamamos el mal en la vida humana. Si en nuestro
desarrollo meditativo llegamos a vivir el mal como contrapunto de su
opuesto complementario, surgirá de ambos un bien superior, una unidad de
Consciencia, donde la parte negativa es transformada por la sabiduría de
Consciencia de su correspondiente.
Si los
seres humanos vivimos las diferentes pasiones desde la verdadera lucidez
consciente generaremos un bien muy superior para nosotros y para los
demás. Concretaremos poniendo algunos ejemplos simples:
·
Al irrumpir en
nosotros una fuerte pasión de odio creándonos verdadero dolor también a
nosotros mismos, ¿cómo podemos manejarnos ante esa fuerza? Ante todo en
nosotros tiene que haber perspectiva, la que nos da la atención lúcida
consciente. Si estamos atentos de forma consciente contemplaremos la
existencia en nosotros de la sabiduría de amor incondicional hacia todos
los seres sintientes al mismo tiempo que sentimos toda esa fuerza negativa
de odio. Es una contemplación unitaria, lúcida, que crea la unidad del par
de opuestos. El objeto de nuestro odio realmente fusionado con la
sabiduría de su correspondiente, el principio amoroso que es parte de
nuestra identidad profunda, se convierte en amor, en compasión, y podemos
llegar a experimentar en nosotros mismos la cualidad del amor imparcial
hacia todos, porque somos amor imparcial como cualidad de ser, y en tal
amor imparcial no excluimos a nadie, ni siquiera a la persona que nos ha
hecho muchísimo daño. Vivimos esta sabiduría porque estamos conectados
con este amor incondicional hacia todos los seres sin excluir a nadie. Si
contemplamos lúcidamente comprobaremos que todas las pulsiones negativas
que vivimos tienen su contrapunto de Consciencia en nosotros mismos,
porque el principio consciente sigue ahí, dentro de nosotros, por más
capas de inconsciencia que hayamos puesto encima. Desde la unidad
consciente la sabiduría imparcial no es algo separado de nosotros mismos.
Somos amor, amor incondicional hacia todos los seres, pero como cualidad
de ser. A este nivel no hay diferencia entre odio y amor ya que hay una
perfecta unidad en armonía. De la misma manera, cuando nacimos a este
cuerpo físico, éramos solo unos niños sin conciencia de ser amor
imparcial. Ya en un cuerpo adulto consciente, somos conscientes de ser
conscientes de esta sabiduría de amor imparcial.
·
La sabiduría
correspondiente a la envidia corrosiva dañina es la generosidad. El
alegrarnos del bien de la persona a la que envidiamos es un antídoto
potente, y el haber vivido una envidia corrosiva importante hacia alguien
y descubrir la sabiduría de la generosidad, nos da la oportunidad de
realizar en nosotros la generosidad como cualidad de ser. Al tener lucidez
para contemplar grandes cualidades en las personas que han suscitado en
nosotros la envidia, esas mismas cualidades automáticamente se realizan en
nosotros. Por estar todos interconectados en la unidad de la Consciencia,
el bien que estoy contemplando en el otro, o en los otros, automáticamente
se realiza en mí, en nosotros. El bien deseado a los otros suscita en
nosotros en lugar de envidia, su sabiduría correspondiente, la
generosidad. Desde la lucidez consciente no tenemos que hacer nada para
realizar todas esas cualidades porque automáticamente, espontáneamente, se
plasman en nosotros. La sabiduría, la generosidad como sabiduría, se
siente muy libre de rechazos-apegos. No retiene nada, por eso es muy
generosa en la entrega desinteresada hacia los demás, en el comunicar la
alegría como naturaleza de ser.
·
La sabiduría
correspondiente a la pasión de los celos que tanto hace sufrir a muchas
personas por los fuertes apegos que conlleva es el gran desapego
consciente, que es la absoluta libertad, junto al gozo espontáneo de la
vacuidad luminosa de la mente consciente, sintonizado también con el
universo despierto.
Desde la
unidad de la Consciencia iremos viviendo la sabiduría correspondiente a
cada pasión, que posibilitará el despertar del ser humano en la tierra, y
el desarrollo de todas sus cualidades positivas sin proponérnoslo. Más
aún, resultan imprescindibles para nuestro despertar como seres humanos
los aspectos negativos, o los denominados como el mal que constituyen las
circunstancias más adversas de nuestras vidas, porque nuestro crecimiento
depende en gran medida de nuestra capacidad de transformación de esos
aspectos negativos en unidad de Consciencia. El llamado mal o lo
considerado como aspectos negativos en nuestras vidas son un potencial
energético extraordinario que una vez transformado por su sabiduría
correspondiente se convierte en energía pura de Consciencia.
¿Cómo
podemos dar los pasos meditativos cualitativos para pasar de la dualidad
inconsciente a la unidad consciente? Ciertamente hay unos métodos
meditativos hasta llegar a reconocernos en nuestra naturaleza consciente.
Para
despertar a la mente consciente no es suficiente estar hartos de sufrir.
Si hemos generado un karma muy negativo tendremos que equilibrar la
balanza kármica y realizar actos positivos de entrega desinteresada hacia
los demás. Si por ignorancia hemos desarrollado un karma muy negativo
también esto constituye uno de los polos para crear la unidad de los
opuestos, pero para que sea desde la unidad consciente, nuestro karma
positivo tendrá que tener mucho más peso y más fuerza que el negativo. El
despliegue de cualidades positivas junto al surgimiento de las virtudes
trascendentales fruto de la práctica de la meditación producirá en
nosotros una gran purificación mental. Para poder vivir con conocimiento e
inteligentemente los dos polos opuestos desde la unidad consciente debe
expresarse en nosotros la polaridad positiva con una fuerza superior a la
negativa, para que de este modo podamos transformar cada pasión en
Consciencia a través de la sabiduría correspondiente a su
opuesto-complementario, que hace de la fusión de los opuestos, unidad de
Consciencia.

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