Extracto del libro del
Dalai Lama:
“El universo en un solo átomo”

 “…El budismo explica la evolución del cosmos según el principio de la originación dependiente, en el que el origen y la existencia de todo ha de entenderse en términos de la complicada red de causas y condiciones interrelacionadas. Y esto se aplica tanto a la materia como a la conciencia.

…El budismo recoge dos grandes tradiciones cosmológicas. Una de ellas es el sistema Abhidharma. La obra principal de este sistema cosmológico es el Tesoro de conocimiento superior, Abhidharmakosha de Vasubandhu.
La segunda tradición cosmológica de Tibet es el Kalachakra.
Respecto al Abhidharma el Dalai Lama ve las siguientes lagunas:
En primer lugar la cosmología Abhidharma describe la tierra plana, alrededor de la cual giran los cuerpos celestiales como la Luna y el Sol.
Según esta teoría, nuestra Tierra es uno de los cuatro continentes, el continente sur para ser precisos, situados en las cuatro direcciones cardinales de una gran montaña llamada monte Meru, que se encuentra en el centro del universo. Cada uno de los cuatro continentes está  flanqueado por continentes menores, y los espacios que les separan están cubiertos de inmensos océanos. Este sistema cosmológico en su totalidad se apoya en un suelo, que a su vez permanece suspendido en el espacio vacío. El poder del aire mantiene la base a flote en el espacio vacío. Vasubandhu ofrece una detallada descripción de los cursos orbitales de la Luna y el Sol, así como de sus tamaños y de las distancias que les separan de la Tierra.
Estos tamaños y distancias, etc…, son refutados de plano por las pruebas empíricas de la astronomía moderna. Por esto es difícil aceptar la cosmología Abhidharma al pie de la letra.

…La cosmología Kalachakra ofrece una secuencia definida para la evolución de los cuerpos celestiales en nuestra galaxia. Primero se formaron las estrellas, luego se creó nuestro sistema solar, etc...
Lo que tienen de interesante las cosmología de Abhidharma y Kalachakra es la imagen amplia que ofrecen de los orígenes del universo. Se reconoce que el nuestro es sólo uno de los incontables sistemas existentes en el cosmos. Ambos sistemas emplean el término técnico triquilicosmos que según creo corresponde a mil millones de sistemas aproximadamente para comunicar esa noción de vastedad de los sistemas del universo, y ambas afirman que, en principio, aunque no exista un comienzo ni un fin para el universo en su totalidad, sí existe un proceso temporal definido de comienzo, medio y fin para cada sistema individual.
La evolución de un sistema cósmico particular se concibe en términos de cuatro etapas fundamentales, las denominadas cuatro eras de: 1) Vacío; 2) la formación; 3) la duración; 4) la destrucción. Se cree que cada una de estas etapas dura un tiempo largísimo, veinte medios eones y que es sólo en el último medio eón de la etapa de formación cuando evolucionan los seres sensibles. La destrucción de un sistema cósmico puede deberse a cualquiera de los tres elementos naturales que no sean la tierra y el espacio, es decir, al agua, al fuego o al aire. Aquel elemento que provoca la destrucción  del sistema cósmico anterior será la base para la creación del nuevo cosmos.
…En el centro de la cosmología budista, por tanto, no sólo existe la idea de la existencia de múltiples sistemas cósmicos, sino también la noción de que se encuentran en constante proceso de formación y destrucción. Esto significa que el universo no tiene un comienzo absoluto.
La pregunta fundamental, por lo tanto, es si el Big Bang, que según los cosmólogos modernos, marca el comienzo de nuestro sistema cósmico actual, fue el principio de todo.
Vista desde la perspectiva budista, la idea de un único comienzo definitivo resulta muy problemática. Si existió tal comienzo absoluto, según la lógica, sólo nos quedan dos opciones. Una es el teísmo, que alega que el universo fue creado por una inteligencia totalmente trascendente, y por lo tanto, al margen de las leyes de causa y efecto. La segunda opción consistiría en la creación del universo sin causa en absoluto. El budismo rechaza ambas.

Según la cosmología budista, el mundo está compuesto de los cinco elementos: el elemento espacio, que sirve de sostén, y los cuatro elementos fundamentales de tierra, agua, fuego y aire. El espacio permite la existencia y funcionamiento de todos los demás elementos. El sistema Kalachakra presenta el espacio no como una nada absoluta sino como un medio de “partículas vacías” o “partículas espaciales” que son partículas “materiales” extremadamente sutiles.
Este elemento del espacio es la base para la evolución y la disolución de los cuatro elementos que se generan a partir de aquel y vuelven a ser absorbidos por él. El proceso de la generación sigue el orden inverso: aire, fuego, agua y tierra.
Asanga afirma que estos elementos básicos, que él describe como “los cuatro grandes elementos”, no se deben concebir en términos de materialidad en el sentido estricto de la palabra. Él traza una distinción entre los cuatro grandes elementos, que son unas fuerzas en potencia, y los grandes elementos que son constitutivos de la materia agregada.
Tal vez resulte más fácil comprender los cuatro elementos de los objetos materiales como solidez (tierra), liquidez (agua), calor (fuego) y energía cinética (aire).
Los cuatro elementos evolucionan desde el nivel más sutil al material, a partir de la causa subyacente de “las partículas vacías”, y se disuelve desde el nivel material al sutil, retornando a las partículas vacías del espacio. El espacio con sus “partículas vacías” es la base de todo el proceso. Quizá el término “partícula” no sea el más apropiado para designar estos fenómenos, ya que implica realidades materiales ya formadas. Por desgracia, los textos no contienen descripciones suficientes que nos ayuden a definir mejor estas partículas espaciales.
…La cosmología budista establece el ciclo del universo de la siguiente manera: primero hay un periodo de formación, luego un periodo de duración, a continuación un periodo de destrucción y por último un periodo de vacío, que precede a la formación de un universo nuevo.
A lo largo del cuarto periodo, el del vacío, las “partículas espaciales” subsisten, y será a partir de ellas que nacerá toda la materia del nuevo universo. Es en estas partículas espaciales donde se encuentra la causa fundamental del mundo físico en su totalidad.
Si queremos describir la formación del universo y de los cuerpos físicos de los seres, debemos analizar la manera en que los diferentes elementos constitutivos del universo pudieron cobrar forma a partir de las partículas espaciales.
Es el potencial específico de estas partículas que ha dado lugar a la estructura del universo y de todo lo que hay en él: los planetas, las estrellas y los seres sensibles, como lo humanos y los animales. Si regresamos a la causa última de los objetos materiales del mundo, llegaremos a las partículas espaciales. Su existencia precede al Big Bang, es decir, a cualquier nuevo comienzo, y son, de hecho, residuos del universo preexistente que se desintegró.

El pensamiento budista admite la práctica imposibilidad de alcanzar el conocimiento completo del origen del universo. Un texto Mahayana que se titula “La escritura del ornamento floral” contiene una larga descripción de los sistemas cósmicos infinitos y de los límites del conocimiento humano. Una sección llamada “Lo incalculable” ofrece una secuencia de cálculos de números extraordinariamente elevados, que culmina con términos como lo “incalculable”, lo “inconmensurable”, lo “ilimitado”, y lo incomparable”. El número más alto es el cuadrado de lo indecible que se supone que corresponde a la función de lo inenarrable multiplicado por sí mismo. Un amigo me ha comentado  que este número se puede representar como 10 elevado a 59. El  “Ornamento floral” prosigue con la aplicación de estos números inconcebibles a los sistemas cósmicos. Afirma que, aunque mundos incontables sean reducidos a átomos y cada átomo contenga mundos incontables, el número de sistemas cósmicos no se habrá agotado.
De modo similar, con unos bellos versos poéticos, el texto compara la intrincada e intensamente interrelacionada realidad del mundo con una “red de joyas de Indra”, que se expande por el infinito. En cada nudo de la red hay una gema de cristal, que se conecta con todas las demás gemas, la “red de joyas de Indra”, que se expande por el espacio infinito. En cada nudo de la red hay una gema de cristal, que se conecta con todas las demás gemas, a las que refleja en sí misma. Ninguna joya se encuentra en el centro ni en los extremos de la red. Cada una de ellas está en el centro, en la medida en que refleja todas las demás joyas de la red. Al mismo tiempo está en el extremo, en la medida en que es reflejada en todas las demás joyas. Dada la profunda interconexión de todo lo que hay en el universo, no es posible alcanzar el conocimiento total de un solo átomo si no se es omnisciente. Conocer plenamente un átomo supondría conocer también sus relaciones con todos los demás fenómenos del universo.

Los textos de Kalachakra afirman que antes de su formación cualquier universo dado se encuentra en el estado de “vacío” donde todos sus elementos materiales existen en forma de potencialidad como “partículas espaciales”. En determinado momento cuando maduran las propensiones kármicas de los seres sensibles que han de evolucionar dentro de este universo dado, las “partículas de aire” empiezan a agregarse de forma similar, generando poderosos cambios térmicos que viajan por el aire. A continuación, se agregan las “partículas de agua" para formar una lluvia torrencial que va acompañada de relámpagos. Finalmente, se agregan las partículas de tierra que, combinadas con los demás elementos, empiezan a asumir un estado de solidez. El quinto elemento, el espacio, impregna todos los demás como fuerza inmanente y, por lo tanto, no posee una existencia diferenciada. Tras un largísimo proceso temporal, los cinco elementos se expanden  hasta formar el universo físico, tal y como lo conocemos y percibimos.
Hasta ahora nos hemos referido al origen del universo como algo que consiste únicamente en una mezcla de energía y materia inánime: el nacimiento de la galaxias, los agujeros negros, las estrellas, los planetas y el caos de las partículas subatómicas. Desde la perspectiva del budismo, sin embargo, existe el tema esencial  del papel de la conciencia.
Por ejemplo, tanto la cosmología Kalachakra como la Abhidharma asumen que la formación de un sistema cósmico está íntimamente ligada a las propensiones kármicas de los seres sensibles. En lenguaje actual, podemos decir que estas cosmologías budistas proponen que nuestro planeta evolucionó de modo que pudiera sostener la evolución de seres sensibles, en la forma de la miríada de especies que existen actualmente en la Tierra.
Al invocar aquí el karma no pretendo sugerir que todo está en función de aquello en el budismo. Debemos distinguir entre la operación de la ley natural de la causalidad, según la cual una serie de condiciones tendrá una serie  dada de efectos, y la ley del karma, según la cual un acto intencionado cosechará determinados frutos. Si por ejemplo, dejamos una hoguera sin apagar en el bosque, y las llamas prenden unas ramitas secas y se propagan, provocando un incendio forestal, el hecho de que los árboles en llamas ardan y se conviertan en carbón y humo es, simplemente, un efecto de la ley natural de la causalidad, dada la naturaleza del fuego y de los materiales incendiados. Esta secuencia de acontecimientos no implica el karma. Pero que un ser sensible decida encender un fuego y luego se olvide apagarlo, acto que ha dado origen a la cadena de acontecimientos, sí implica una causalidad kármica.
En mi opinión el proceso entero de la evolución de un sistema cósmico obedece a la ley natural de la causalidad. Creo que el karma entra en acción en dos momentos. Cuando el universo evoluciona hasta el punto de poder sostener la vida de los seres sensibles, su destino enlaza con el karma de estos seres que lo habitarán. Quizá resulte difícil comprender la intervención inicial del karma, que es, en efecto, la maduración del potencial kármico de los seres sensibles que ocuparán dicho universo, que desencadena su devenir.
La capacidad de discernir exactamente cuándo el karma se cruza con la ley natural de la causalidad es, según la tradición budista, prerrogativa únicamente de la mente omnisciente del Buda.
El problema consiste en conciliar los dos hilos explicativos: primero, que cualquier sistema cósmico y los seres que lo habitan surgen del karma y, segundo, que existe un proceso natural de causa y efecto que, simplemente, se desencadena.
Los textos budistas más antiguos sugieren que la materia, por un lado, y la conciencia, por el otro, se relacionan de acuerdo a un proceso propio de causa y efecto, que da lugar a nuevos conjuntos de funciones y propiedades en ambos casos. En la medida que comprendemos su naturaleza, relaciones causales y funciones, podemos derivar inferencias, en torno a la materia y también a la conciencia, que darán lugar al conocimiento. Esas etapas fueron codificadas como los cuatro principios: el principio de la naturaleza, el principio de la dependencia, el principio de la función y el principio de la evidencia.
La pregunta pues es ésta: Estos cuatro principios, que, según la filosofía budista constituyen las leyes de la naturaleza ¿son en sí independientes del karma o su existencia está ligada al karma de los seres que habitan el universo en que dichas leyes operan? Esta cuestión es similar a las preguntas planteadas en relación al estatus de las ciencias físicas. ¿Puede existir un conjunto de leyes físicas completamente distintas en otro universo o las leyes físicas tal como las conocemos, son válidas para todos los universos posibles? Si la respuesta es que unas leyes distintas pueden operar en universos distintos, desde el punto de vida budista, esto supondría que las propias leyes físicas están ligadas al karma de los seres sensibles que surgirán dentro de dicho universo.
¿Cómo ven las teorías cosmológicas budistas la evolución de la relación entre las propensiones kármicas de los seres sensibles y el desarrollo del universo físico? ¿Con qué mecanismo se conecta el karma con la evolución del sistema físico? En general los textos budistas Abhidharma no tienen mucho que decir sobre estas cuestiones, excepto la concepción general del entorno en el que existe el ser sensible como “efecto ambiental” del karma colectivo de este ser, que es compartido por miríadas de otros seres. Los textos Kalachakra, no obstante describen relaciones estrechas entre el cosmos y los cuerpos de los seres sensibles que lo habitan, entre los elementos naturales del universo físico externo y los elementos internos de los seres sensibles, entre las fases de la evolución de los cuerpos celestiales y los cambios en los cuerpos de los seres sensibles. El Kalachakra presenta una imagen detallada de estas correlaciones y de sus manifestaciones, tal como son aprehendidas por la experiencia de las criaturas sensibles. Por ejemplo, los textos describen cómo los eclipses solares y lunares pueden afectar a los cuerpos de los seres sensibles con la alteración de su ritmo respiratorio. Sería interesante someter algunas alegaciones, que nacen de la experiencia empírica a la investigación de la ciencia.
Aún con todas estas complicadas teorías científicas sobre el origen del universo, tengo preguntas sin contestar, preguntas importantes. ¿Qué existía antes del Big Bang? ¿De dónde vino el Big Bang? ¿Cuál fue su causa? ¿Por qué nuestro planeta evolucionó de manera que pudiera sostener la vida? ¿Qué relación hay entre el cosmos y los seres que han surgido en su seno?

A diferencia de la ciencia, en el budismo no existe un debate filosófico sustancial sobre la forma en que los organismos vivientes surgieron de la materia inánime. En el mejor de los casos existe la suposición de que la emergencia de los organismos vivos a partir de la materia inánime es una simple función de causa y efecto a lo largo del tiempo, dado un conjunto de condiciones iniciales y las leyes de la naturaleza, que rigen en todos los ámbitos de la existencia. No obstante el budismo valora más el desafío de explicar la emergencia de los seres sensibles de una base esencialmente no sensible.

Para el budismo la evolución del cosmos y la emergencia de los seres sensibles que lo habitan, en realidad, todo lo que abarcan las ciencias físicas y de la vida, pertenecen al ámbito de la primera de las Cuatro Nobles Verdades, que el Buda enseñó en su sermón inicial. Las Cuatro Verdades Nobles afirman que dentro del campo de los fenómenos no permanentes existe el sufrimiento, el sufrimiento tiene un origen, la cesación del sufrimiento es posible y hay un camino que conduce a la cesación del sufrimiento. A mi modo de ver, la ciencia se encuentra en este campo de la primera verdad, ya que examina las bases materiales del sufrimiento y cubre el espectro entero del entorno físico, el contenedor, y del contenido, los seres sensibles.
Es en el campo de lo mental, el ámbito de la psicología, la conciencia, las aflicciones y el karma, donde encontramos la segunda verdad, el origen del sufrimiento. La tercera y la cuarta verdad, la cesación y el camino, no entran en el terreno del análisis científico, ya que pertenecen a lo que podríamos llamar campo de la filosofía y de la religión.

Las primeras escrituras budistas contienen una alusión a la evolución humana que luego recogen muchos de los textos Abhidharma posteriores. La  historia es como sigue: el cosmos budista consiste en tres ámbitos de la existencia, el ámbito del deseo, el ámbito de la forma y el ámbito informe, correspondiente este último a estados de la existencia progresivamente más sutiles. El ámbito del deseo se caracteriza por la experiencia de los deseos sensuales y el dolor; es el ámbito que habitamos los humanos y los animales. En cambio, el ámbito de la forma es exento de cualquier experiencia manifiesta del dolor y está esencialmente impregnado por la experiencia de la dicha. Los seres que habitan este ámbito poseen cuerpos constituidos de luz. Finalmente, el ámbito informe transciende toda sensación física. En él la existencia está impregnada de un estado perdurable de ecuanimidad perfecta, y los seres que lo habitan están completamente libres de cualquier forma material. Existen sólo en un plano mental inmaterial.
Los seres que se encuentran en los estados superiores del ámbito del deseo y los que habitan los ámbitos de la forma y el informe son descritos como seres celestiales. Debemos destacar que estos ámbitos también pertenecen al reino de la primera verdad noble. No son estados celestiales permanentes a los que deberíamos aspirar. Conllevan su propio sufrimiento de la no permanencia.
La evolución de la vida humana en la Tierra se entiende en términos de descenso de algunos de estos seres celestiales, que han agotado su karma positivo, que les  proporcionaba la causa y las condiciones para su permanencia en los ámbitos superiores. No hubo un pecado original que provocara la caída, se trata, sencillamente de la naturaleza de la existencia no permanente, de la ley de causas y efectos, que ocasiona el cambio de estados de ser, su muerte. Cuando estos seres experimentaron su primera caída y nacieron en la Tierra, aún poseían los vestigios de sus glorias pasadas. Se cree que estos humanos de la primera era tenían cualidades divinas. Se dice que llegaron  a la existencia por nacimiento espontáneo, que tenían físicos atractivos, que sus cuerpos tenían halos, que poseían determinados poderes sobrenaturales, como la capacidad de volar, y que subsistían con el alimento de la contemplación introspectiva. También se consideran libres de muchas de las características que sirven de base para la discriminación de la identidad,  a saber, el sexo, la raza y la casta.
Con el paso del tiempo, cuenta la historia, que los humanos empezaron a perder estas cualidades. Al ingerir alientos materiales, sus cuerpos asumieron una corporeidad más basta, dando lugar a una gran diversidad de aspectos físicos. Esta diversidad, a su vez, condujo a actitudes de discriminación, especialmente, de enemistad hacia los que parecían distintos y de amistad hacia los que eran similares, resultando en la emergencia de toda la gama de burdas emociones negativas. Asimismo, la dependencia de los alimentos materiales creó la necesidad de expulsar sus residuos del cuerpo y, no entiendo bien el razonamiento concreto, esta necesidad condujo a la formación de órganos sexuales masculino y femenino en el cuerpo humano. La historia prosigue con una narración detallada de todo el espectro de actos humanos de negatividad, como el robo, el asesinato y las malas conductas sexuales.
En este relato de la evolución humana ocupa un lugar crucial la teoría Abhidharma de los cuatro tipos de nacimiento. Según ella, los seres sensibles pueden llegar a la existencia como: 1) nacidos de un huevo;
2) nacidos de un vientre, como los humanos; 3) nacidos del calor y la humedad, como numerosos tipos de insectos; 4) nacidos espontáneamente, como los seres celestiales de los ámbitos de la forma  e informe.

En cuanto a la cuestión de la diversidad de la vida Chandrakirti expresó una noción budista común cuando escribió: El mundo sensible surge de la mente. También surgen de la mente los diversos habitats de los seres vivos.
En los textos más antiguos atribuidos al Buda encontramos afirmaciones similares de cómo en última instancia, la mente es la creadora del universo entero.
Ha habido escuelas budistas que interpretaron esta afirmación al pie de la letra y adoptaron una forma de idealismo radical, que rechaza la realidad del mundo material externo. Por lo general, sin embargo, la mayoría de los pensadores budistas tienden a interpretar esas afirmaciones como incitación a explicar el origen del mundo, al menos del mundo de las criaturas sensibles, con la actividad del karma.
La teoría del karma tiene una importancia señalada para el pensamiento budista pero es fácil de interpretar mal.
La palabra karma  significa literalmente acción, y hace referencia a los actos intencionados de los seres sensibles. Dichos actos pueden ser físicos, verbales o mentales, sólo ideas o sentimientos, por ejemplo, y todos tienen su impacto, por insignificante que sea, en la psique del individuo.
Las intenciones resultan en actos, que producen efectos, que condicionan la mente hacia determinadas acciones y propensiones , todo lo cual da lugar a nuevas propensiones y acciones. El proceso entero constituye una dinámica infinita y autorregenerada. La reacción en cadena de causas y efectos interdependientes no sólo opera en los individuos sino también en los grupos y en las sociedades, y no sólo mientras dura una vida sino a lo largo de muchas.
Al emplear el término karma, podemos referirnos a actos específicos e individuales como a la totalidad del principio de causación. Según el budismo, esta causalidad kármica es un proceso natural básico y no un mecanismo divino ni una puesta en acción de un designio preconcebido. Aparte del karma de los seres sensibles individuales, sea personal o colectivo, es totalmente erróneo pensar en el karma como en una entidad unitaria trascendente, que actúa como el dios de los sistemas teístas o como una ley determinista que marca el destino de una vida. Desde el punto de vista científico, la teoría del karma puede representar una suposición metafísica, aunque no lo es más que la suposición de que toda la vida es materia y surge puramente del azar.
En cuanto a cuál podría ser el mecanismo con el karma plasma su rol causativo en la evolución de la vida sensible, encuentro interesantes algunas de la explicaciones de las tradiciones vajrayana, que los autores modernos califican a menudo de budismo esotérico.
Según el tantra Guhyasamaja, tradición principal dentro del budismo Vajrayana, en el nivel más fundamental no hay distinción absoluta entre la mente y la materia.
En su forma más sutil, la materia es prana, una energía vital que no se puede separar de la conciencia. Son dos aspectos de una realidad indivisible. Prana es el aspecto de la movilidad, dinamismo y cohesión, mientras que la conciencia es el aspecto de la cognición y la capacidad del pensamiento reflexivo. Según el tantra Guhyasamaja, por lo tanto, cuando un sistema cósmico llega a la existencia somos testigos del juego entre esta energía y la realidad de la conciencia.
Debido a esta indivisibilidad de la conciencia y la energía, existe una honda relación mutua entre los elementos de nuestros cuerpos y los elementos naturales del mundo exterior. Esta conexión sutil es perceptible por individuos que han alcanzado cierto nivel de desarrollo espiritual o poseen de forma natural un grado más elevado de percepción.
De hecho, según el pensamiento budista vajrayana, nuestros cuerpos son imágenes en miniatura del cosmos macroscópico.
Debido a esta concepción, el tantra kalachakra presta especial atención al estudio de los cuerpos celestiales y sus movimientos. De hecho, esos textos contienen un elaborado sistema de astronomía.
Del mismo modo nunca me ha convencido la cosmología Abhidharmna, jamás me ha parecido persuasivo el relato Abhidharma de la evolución humana como proceso de degeneración..."
 Extacto de “El universo en un solo átomo” de S.S. Dalai Lama