SOLEDAD


La atención lúcida natural, espontánea, a los contenidos físicos y mentales
del momento, está directamente sintonizada con la mente profunda
Consciente. Es la atención de la no forma que sin identificarse con las formas, expresa la visión pura, profunda, ante cualquier fenómeno del momento, penetrando hasta las más oscuras tramas inconscientes.
Esta atención lúcida es Presencia; bajo su observación todas las tramas oscuras inconscientes, no tardan mucho en desaparecer.
Cuando nos identificamos con los fenómenos es porque hemos perdido la sintonía con la no forma-Consciente, o Presencia, pues hemos dejado de ser mera observación silenciosa de las tramas oscuras inconscientes. Puede que nos despertemos en medio de una estrategia muy conflictiva personal y colectiva, dándonos cuenta de ello a toro pasado. Cuando nuestra mente no está presente en el momento, el cuerpo emocional personal acumulado, suele aprovechar e irrumpe de manera irracional ante las mínimas oportunidades, o pequeños detonantes, si la mente está ausente.
Una persona muy pillada emocionalmente lo tendrá difícil para actualizarse, y darse cuenta de su verdadera situación. Pero al volver a una mente presente en el Ahora, al gustar de nuevo de la atención lúcida, se da cuenta de la importancia de desarrollar la atención en cada momento. Sabe que, si no está presente, se enganchará en episodios similares una y otra vez, sobre todo en la vida de relación familiar, laboral, que es donde más convive, y donde emerge el oscuro inconsciente impersonal de la naturaleza humana, además de lo ya acumulado como Karma personal, individual.
Para ver el grado de locura colectiva, basta con encender la T.V. y contemplar las imágenes de manifestaciones masivas que están sucediendo en todo el planeta, manifestaciones que expresan violencia, odio...
A veces, los detonantes que hacen aflorar el oscuro inconsciente impersonal de la naturaleza humana son episodios impensados.
Es de actualidad la expresión muy airada de grupos religiosos que reaccionan con una indignación subida de tono, por unos dibujos aparecidos en el mes de septiembre en la prensa libre de Noruega. Viendo a diario tantas manifestaciones masivas furibundas y violentas, con escenas de desgarro humano, que están más allá de lo racional, uno tiene la visión del inconsciente impersonal de la naturaleza humana expresándose en un fuerte estallido.
Se han dado algunas versiones explicativas de los sucesos: se trata de una santa indignación ante la afrenta a lo más sagrado, es la ira que defiende lo más santo, lo más intocable de la religión...
El espectador de TV que contempla con una actitud pasiva estos y otros episodios bélicos en los que irrumpe lo oscuro impersonal  humano, respira y conecta con la locura colectiva del hombre actual, la cual despliega una energía potentísima.
Decir esto, claro está, no significa que no tengamos que ver la TV, que no tengamos que  estar informados de lo que está sucediendo en el mundo en la actualidad. Significa, más bien, que para situarnos ante estas y otros entramados necesitamos una visión no fragmentada de la realidad tal cual es. En definitiva, el ser humano necesita desarrollar la Sabiduría innata en él, a fin de relacionarse con las cosas y personas lúcidamente, viéndolas sin distorsiones, tal cual son.
Una mente presente en el Ahora, tiene el discernimiento de no crear caos innecesarios en las relaciones humanas con reacciones egoicas provocativas y violencias defensivas.
Ambas reacciones pertenecen al campo ilusorio egoico inconsciente.
La lucidez de un ser despierto vive la total libertad de la Consciencia en la unidad de las diferencias.
Los intelectuales más expertos han dado sus valoraciones para comprender los enfrentamientos actuales. En general, confluyen en el análisis de un fenómeno de choques culturales de civilizaciones.
La atención lúcida nos lleva a ver las cosas como son. Toda forma, también las formas culturales y religiosas, nacen de la no forma-Consciencia y se expresan en las formas de opuestos, en las polaridades (+ y -). La única manera de vivir en armonía, de confluir ambas polaridades: odio-amor, bueno-malo..., es volviendo a la vivencia de la totalidad de la no forma de la mente consciente, que es el espacio en el que los opuestos retornan a la unidad para que nazca la armonía de una dimensión muy superior: la expresión inteligente de la no forma compasiva en las relaciones de los seres humanos en la tierra.
La luminosidad lúcida de la Consciencia disuelve la oscuridad inconsciente, de modo similar al sol que al amanecer borra toda la oscuridad nocturna.
En la meditación, desarrollando nuestra capacidad de atención lúcida, vemos la naturaleza de todo aquello que observamos, lo que hace que se exprese en nosotros la claridad natural de la mente profunda, transparente como un espejo, que reflecta con nitidez el caos inconsciente de nuestra mente egoica individual. Nos damos cuenta que no se pueden cambiar de inmediato todos nuestros condicionamientos, porque se da el caso de que es el mismo ego el que a veces genera el deseo de logro del despertar.
Sin las experiencias de las trampas egoicas, posiblemente no nos determinaríamos a poner toda nuestra energía e inteligencia para buscar la absoluta libertad de la Consciencia. Por consiguiente, todos los ingredientes pueden ser válidos en el camino del despertar y no hay que rechazar nada, ni siquiera los conflictos egoicos.
El ego se convierte en un material de trabajo espiritual para todas las personas que llevan una práctica meditativa. La atención consciente al ego elimina las condiciones mentales egoicas y sus trasfondos. Es por ello que debemos desarrollarla en todo momento, comprendiendo cómo es la trama egoica y cómo se manifiesta.
En el camino hacia el despertar dejamos a un lado las actitudes que se basaban en el rechazo o aferramiento, propias del “sí mismo egoico”. Sin interpretación alguna, vivimos el proceso meditativo tal como es.
En la práctica meditativa tenemos una experiencia muy personal y muy solitaria. Uno tiene que asumir el hecho de recorrer un camino sumamente solitario, una vez que ha aparcado todas las ambiciones egoístas.
Aunque la persona haga su trayectoria meditativa practicando en compañía de otros, su vivencia siempre será muy personal.
En la meditación el ser asume una vida solitaria, sabe que vino a este mundo solo y que dejará también él solito la forma física actual.
El ser meditativo ha tenido vislumbres de que no existe nadie en sentido egoico, los aferramientos del falso ego a esto o aquello, ya no le sirven. Lo viejo ya no se sostiene. Los viejos miedos han desaparecido en el camino simple de la presencia en el Ahora en la que está la referencia clara de una experiencia de la soledad plena en la Presencia-Consciencia, vivencia que se prolonga en su vida diaria.
El ser que comprende este salto espiritual, ya no huye de la soledad, más es, su meta es ser SOLEDAD, no tener ninguna referencia ilusoria egoica, e instalarse en el espacio luminoso de la plenitud de la vacuidad consciente, morada unitaria, interconectado con cada ser viviente y el cosmos entero, fluyendo en el gozo espontáneo de la sabiduría y la pureza de la compasión imparcial hacia todos los seres.