REGRESO A LO ATEMPORAL


Como seres humanos hay en nosotros una dimensión que conoce intuitivamente su verdadera naturaleza de absoluta libertad: La CONSCIENCIA, animando una forma física humana. ¡Maravilloso juego de la danza de la Consciencia en las formas!
El doble movimiento de expansión-contracción del universo, lo vivimos en el precioso cuerpo humano despierto, muy en sintonía con el Universo despierto.
En el movimiento impermanente del aparecer y desaparecer de toda forma, se mueve también nuestra existencia humana terrenal.
Estando cada ser humano dotado del principio consciente, con capacidad de despertar a los tesoros depositados en él por la consciencia, el hombre actual, en general, vive como si fuera una tragedia la disolución de su forma física, por no haber descubierto su realidad. ¿Por qué, por qué, por qué...?Porque el ser humano está dormido en la polaridad del oscuro inconsciente impersonal de la naturaleza humana.
¿Cómo puede despertar de su sueño profundo? A través de darse cuenta que está respirando, de tomar conciencia de estar vivo en un cuerpo que respira de modo natural, de sentir la paz profunda en su respiración abdominal, de disfrutar en la expansión y contracción natural de su abdomen respirando, sintonizando con la expansión-contracción de la naturaleza de todas las formas, siendo consciente de fluir en una mente presente en el Ahora, interconectado con cada pequeña forma y el cosmos entero.
La Consciencia descubre en el ser humano completo, por su propio poder, los distintos aires de su cuerpo físico: burdo, sutil y muy sutil, en el despliegue de diferentes niveles de espiritualidad, hasta culminar en el conocimiento de la Verdad de la Existencia, quedando disueltos los miedos para regresar a la morada natural del Espacio Luminoso de la Vacuidad Gozosa, que es de donde vino cuando nació en este cuerpo físico humano, hace muchos años.
El ser humano despierto atraviesa todos los procesos de la forma humana: nacer, crecer, expandirse, enfermedad, vejez y plenamente feliz, abraza la disolución de su forma física para florecer en la apertura total en su regreso a la no forma. Una vez despierto, ha aprendido a danzar en la danza impermanente de las cosas, viviendo la forma física humana tal como es.
Comparte con sus amigos la sana alegría de comunicarse desde su perspectiva de vida: la gran oportunidad de vivir en un cuerpo humano para la LIBERACIÓN o el total DESPERTAR. Reconocer esta oportunidad, es ya abrir la puerta de entrada del viaje meditativo solitario hacia el interior de la mente, que siempre es a través del cuerpo físico, conociendo nuestros potenciales para despertar en nuestra esencia, Consciencia.
Vista desde una mente meditativa lúcida, la muerte física no significa ninguna tragedia, sino el fluir natural en el proceso de aparecer y desaparecer con todas las formas de la existencia, volviendo al Océano Pleno de la Consciencia que es de donde surgimos.
La disolución de la forma física humana no implica la muerte del ser real, sino vivir en la sublime plenitud de nuestra dimensión ATEMPORAL de la Presencia en el Ahora, o Eterno Instante.
Después de haber estado perdido, dormido en el oscuro bosque de los pensamientos inconscientes, como en el cuento de Pulgarcito, volvemos al atemporal Espacio, muy pleno de Amor Imparcial hacia todos los seres junto al gozo espontáneo de la Sabiduría Primordial. Esta vuelta a casa, como en “Pulgarcito”, es la aspiración más profunda de todo ser humano.
El proceso de despertar del sueño egoico, sumido en el oscuro inconsciente, tiene el fuerte atractivo de liberar los deseos-apegos compulsivos de nuestra mente ignorante. La disolución de los miedos, generados por la identificación con los deseos-apegos a cosas, personas, (alcohol, sexo, otras drogas...), nos abre a vivir en el cuerpo una mente presente aquí y ahora.
La persona experimenta sus alas cortas egoicas en el darse cuenta meditativo, para volar al espacio abierto de la mente profunda Consciente. El peso egoico es muy fuerte, defendiendo por allí donde pasa, la falsa supremacía egoica ante los demás.
Una mente lúcida no rechaza nada, ni siquiera a su ego. Entiende bien que, un crecimiento egoico grande, en sí mismo no es malo, porque, comprendiéndolo bien, puede ser un buen aliado hacia el despertar. Sus resistencias las usa como trampolines hacia el estado despierto. Cualquier obstáculo, también el egoico, es el material de su práctica meditativa lúcida.
Las distracciones reactivas egoicas le llevan a retomar el darse cuenta, o conciencia del momento tal como es. La observación atenta del instante le conduce a saltar su enganche a las ideas y situaciones. Cuando la mente vuelve a estar presente y no distraída, entonces la energía de la  Presencia puede entrar en esa mente de superficie y actuar con precisión, disolviendo esa capa egoica. Sigue la atención lúcida, también a las distracciones que sigan apareciendo, para no cerrarse al fluir del aquí y ahora.
En la disolución de las capas egoicas experimenta la sintonía del fluir espontáneo de la Presencia-Consciencia. Es toda una vivencia preparatoria de desdramatizar la visión de la muerte física humana, aunque no sabe cuando sucederá, pero tiene la clara comprensión de las cosas de la vida tal como son. Sabe que con la muerte física dejará su casa de campo, amigos... pero será para volver al Espacio amplio luminoso, a su morada natural, de donde nació a la forma física actual hace muchos años.
Es el regreso al espacio abierto de la Consciencia.