EL DESPERTAR
EN ESTE PLANETA

Quien trata de encontrar su esencia por medio del razonamiento o a través de la práctica de muchas técnicas especiales, tendrá que reconducir su búsqueda a la simplicidad de la vía meditativa: mente presente aquí y ahora, ya que reconocernos en nuestra esencia de Presencia-Consciencia no hay nadie ni técnica alguna que nos lo pueda dar, porque nada ni nadie puede darnos lo que ya somos como identidad profunda real.
Si en nuestra vida optamos por desarrollar conciencia o el darnos cuenta natural, viviendo las situaciones de cada momento desde una mente presente, estamos poniendo las condiciones para abrirnos a la Presencia en el Ahora.
Percibir el fluir de la Presencia-Consciencia, es algo que sucede en una mente meditativa. No es fruto de un esfuerzo personal sino de soltar la identificación con el “sí mismo egoico”. Más allá del ego, nos reconocemos en nuestra esencia consciente.
Cuando una persona pasa a la otra orilla del NO-EGO, se encuentra con la vivencia de su esencia profunda Atemporal. En efecto, ese Espacio pleno es nuestra esencia. Para que el ser humano se enraíce en su esencia de vacuidad gozosa de la mente, ha tenido que trascender no solamente los pensamientos inconscientes, sino también el razonamiento lógico intelectual. Es en el silencio del intelecto como llegamos a gustar del silencio de nuestra mente profunda.
Hay muchas personas que sufren la tortura mental de estar dominadas por el pensamiento inconsciente compulsivo. Como solución a este problema pretenden suprimir el proceso de pensar ingiriendo alcohol para provocar así la pérdida de conciencia descendiendo con ello a un nivel animal o vegetal.
Por el contrario, la liberación del pensamiento en el ser humano proviene de trascenderlo conscientemente, y no de sumirse en la inconsciencia profunda. La paz y la quietud profunda del silencio consciente, sucede sin perder la consciencia personal; en efecto, es una consciencia más profunda. Por otra parte, nadie puede vivenciar la calma profunda y la quietud viva y dinámica, si no es en el interior de la mente. No podemos ser tan poco inteligentes que busquemos la tranquilidad mental a cualquier `precio.
El origen del sufrimiento humano radica en la ignorancia por haberse identificado con la ilusión del sí mismo egoico, individual y colectivo.
El medio de salir del hechizo de la confusión del ego, es la práctica meditativa de la mente presente aquí y ahora. La extensión del pensamiento que hoy en día se da entre los seres humanos, es de una gran saturación, alcanzando unos niveles que nunca antes, desde que la Tierra existe, se habían dado en la humanidad.
Hay una gran proliferación de pensamientos científico-tecnológicos (informática…).
Visto desde una panorámica general, todo este desarrollo conceptual, puede considerarse como un avance para la humanidad; pero si el pensamiento no está enraizado  en la Consciencia-Presencia, los conceptos pueden conducir a la humanidad a una auténtica locura.
Los pensamientos en una mente presente, consciente, son creativos; altamente inspirados y hasta iluminados.
En cambio, todos estos conceptos puestos al servicio del ego individual y colectivo, pueden ser muy negativos y hasta destructivos. Obviamente el siguiente paso evolutivo para el ser humano es trascender los pensamientos inconscientes, y que se dé la apertura a un intelecto silencioso para que pueda ser iluminado por la Consciencia... Es, en definitiva, el salto a la otra orilla del NO-EGO: no egoísmo personal ni colectivo.
De lo contrario el ser humano podría perder la oportunidad de realizar este paso evolutivo. Si los seres humanos despreciamos la Consciencia ésta puede o podría optar por expresarse en otros seres  y no en nuestra especie. Todo esto constituye un importante reto para la humanidad actual.
El principio consciente está en todo ser humano; es más, en la actualidad, sólo en el ser humano. La Consciencia ha depositado en él todos los potenciales para el desarrollo pleno del Conocimiento de la Verdad Trascendental de la Existencia.
Ahora bien, el ser humano dispone también de la opción contraria, siguiendo la polaridad negativa que supone girar incesante en la oscuridad de la inconsciencia.

Se hace imprescindible reconocer que la verdadera inteligencia es la CONSCIENCIA.
Si el ser humano se enraíza en la mente consciente, puede vivir en la unidad de la Consciencia, las dos polaridades de su existencia humana:
(- inconsciencia // + principio consciente) viviendo los opuestos desde la esencia; odio//amor, bueno//malo, armonizándolos en la totalidad de la NO-FORMA Consciencia, en una dimensión muy superior a la bipolaridad inicial, para expresar de modo inteligente la Compasión Imparcial y el Gozo de la SABIDURIA en todas las relaciones de los seres humanos de la tierra. Cuando la luminosidad de la Consciencia toca la oscuridad de la inconsciencia, la disuelve, de modo similar al sol que, al amanecer, borra toda la oscuridad nocturna.
Si en la meditación desarrollamos  nuestra capacidad de atención lúcida,  vemos la naturaleza de todo aquello que observamos, desde la claridad natural de la mente profunda, que reflecta con nitidez el caos inconsciente de nuestra mente individual egoica, transformando todos nuestros viejos condicionamientos, dando como resultado: el ser humano despierto.
Nuestro planeta puede serlo, y será, un auténtico paraíso, habitado por seres humanos despiertos, en total armonía y pureza, interconectados con toda la naturaleza. Los oscuros pensamientos destructivos serán reemplazados por pensamientos creativos, iluminados, compasivos hacia todo y hacia todos los seres. Se trata así de  vivir una vida de seres humanos completos: la Consciencia-no forma, en la forma física humana
, interconectados, desde las cosas más pequeñas, en armonía con el Cosmos entero.
La paz de la Presencia aquí y ahora, reemplazará a las actuales referencias de ilusiones egoicas de superioridad de unas razas sobre otras.
Todas las relaciones se establecerán desde la unidad y cordura consciente. De este modo, viviremos que, nuestro planeta y todo el Cosmos es UNO. Somos unidad en la Totalidad, tal y como expresó Buda hace 2.600 años, y la ciencia refrenda en la actualidad.