AUTORIDAD Y LIBERTAD

 
Es un tanto difícil vivir una mente presente en el Ahora en quienes están enganchados de modo temeroso a normas rígidas internas y externas, impidiendo la libre apertura al fluir de la Presencia-Consciencia.
Para mirar libremente a las cosas tal como son no podemos arrastrar el fardo de ideas fijas culturales o religiosas.
La Verdad de la Existencia no puede encorsetarse en las ideas prefijadas en antiguos patrones de vida.
El gran estorbo para encontrar nuestra esencia es la identificación-apego con los viejos patrones del pasado. Aunque a veces, a nivel horizontal nos parezca que tiene una utilidad práctica la voz interior-memoria, si no la usas cuando viene a cuento y con lucidez, vivirás que esa voz-memoria te domina, con recuerdos e imágenes del pasado y te lleva a dormitar en el mundo irreal de los sueños, fuera de la frescura del Ahora que vive la vida tal como es de instante a instante.
La verdadera libertad humana es vivir las actividades más ordinarias de la vida en una mente presente, no enganchada en pensamientos del pasado ni futuro.
La dimensión vertical, o esencia espiritual profunda, sólo es accesible para quien vive una mente presente aquí y ahora. Se trata de una actitud mental libre de los pensamientos egoicos del pasado o futuro.
Siempre que vivas sin rechazo ni apego lo que aparezca en cada momento presente, se disuelve el ego en tí y profundizas en la libertad del desapego.
La práctica meditativa de sentarnos a meditar a diario es importante, pero no es menos importante desarrollar el darnos cuenta en la postmeditación, que es el resto del día.
El corazón de la práctica se expresa en los choques de la vida. Si nos comprometemos con la práctica de atención lúcida , el darnos cuenta en nuestras vidas, dejará de ser un mito, lo viviremos como algo real.
Experimentaremos la presencia aquí y ahora, apartando de nuestra vida los comportamientos de viejos patrones  de sumisión, temores...
La observación lúcida suelta en nosotros las ideas fijas, el posicionamiento de antemano etiquetando a las personas, a las situaciones en moldes standars.
Con una actitud libre, no enganchada a lo viejo, no nos dejaremos engañar fácilmente ante las apariencias, nos abriremos a vivir la verdad de las cosas tal como es. Eso produce mucha alegría, por la sensación de estar conectados con la realidad.
El darnos cuenta rompe nuestra dependencia al conformismo del pasado, que hacía nos plegáramos automáticamente a las ideas políticas, sociales, religiosas...
La atención lúcida en el Ahora, genera desapego, libertad para descubrir lo nuevo del instante.
En la cárcel de nuestros viejos moldes egoicos, se podrán hacer murales decorativos, pero por ellos no dejaremos de estar en una prisión. Para poder escapar de sus muros, tendremos que empezar por darnos cuenta que estamos en una prisión. Por fin dejaremos de engañar a los demás, ya que hemos salido del engaño personal.
El darse cuenta suelta las viejas dependencias a esperar que las indicaciones claras para tomar decisiones nos vengan desde lo alto, de la AUTORIDAD en cada campo de acción. En los contextos donde hay menos libertad, más reforzada esta la idea de autoridad.
Hoy en día atravesamos un caos bastante fuerte a nivel mundial. ¿Pero, no es descabellado creer que las políticas antiterroristas, los miedos de las armas nucleares pueden resolverlo?
Si no hay armonía ni descanso posible en las mentes individuales, ¿podrá hacer algo la autoridad?. ¿Quién tiene auténtica autoridad?
El sentido de autoridad abarca un campo amplio, tanto en lo político como en lo espiritual:
POLÍTICO =
leyes y orden en general, nacional e internacional...
ESPIRITUAL: escrituras, maestros, tradiciones...
La autoridad es una realidad a tenerla muy en cuenta. La idea tradicional de autoridad implica: dominio // sumisión.
El concepto de autoridad abarca un campo muy amplio y bien entendido, sin rigidez, es una referencia importante en nuestras vidas.
Una persona puede ser autoridad en una materia específica, por haber profundizado y realizado alguna disciplina. Es una autoridad natural en lo que respecta a su materia.
El mismo Buda nunca pretendió ser una autoridad, sin embargo tomamos sus enseñanzas como autoridad innegable.
En el camino meditativo no existe contradicción alguna entre, recorrer un camino interior solitario, muy personal, y tratar de buscar pistas de alguien que puede enseñarnos dando indicaciones reales para el camino.
El papel del amigo espiritual consiste, además, en enseñarnos que el camino es solitario.
El amigo espiritual debe estar vivo ahora, con cuerpo físico. La idea de tener un guía o amigo espiritual celestial, es muy engañosa.
Buda decía a sus discípulos: “... incluso las palabras del Tattagata (él mismo), debeis  cuestionarlas, no debeis aceptarlas o rechazarlas sin un riguroso examen”. No se trata de una obediencia ciega, sino lúcida.
El poder de Buda no fue otro que el poder de la Consciencia expresándose a través de un ser humano totalmente despierto.
En el principio consciente que está en cada ser humano, reside ese mismo poder, que puede desarrollarse mediante la meditación de atención consciente.
Si algunos creen que no es correcto el cuestionar algunas enseñanzas concretas de Buda, es porque su mente está condicionada con un concepto de autoridad muy limitada y rígida.
No podemos mirar a Buda como a un mero ser humano, sino a un estado de conciencia totalmente libre. De esta manera puede ser referente en nuestras vidas en la búsqueda de la liberación o DESPERTAR.
La libertad de ser, libres de todos nuestros condicionamientos egoicos y sus trasfondos, es el estado despierto que se dará en nosotros, en el desarrollo de la atención consciente a todos nuestros fenómenos, físicos y mentales, en el instante que se producen, desde una actitud mental abierta al aquí y ahora.
La presencia en el Ahora, no encorseta nuestras mentes, por el contrario, libera todos los condicionamientos de nuestra existencia humana, y sólo el estado despierto de nuestra mente profunda, podrá contemplar la Verdad de la Existencia en Totalidad.