VIDA Y MUERTE MÁS ALLÁ DEL EGO 


En la observación atenta al cambio, al ir y venir de los procesos físicos y mentales, surge la comprensión de la impermanencia de todo fenómeno, también el de la vida y la muerte física. Se trata de poder vivir los procesos dinámicos impermanentes  contemplándonlos de manera consciente.
El EGO, el sí mismo falso, alimenta ideas fijas e ilusorias de ser el protagonista real y relevante que actúa con una identidad propia y se perpetúa en el futuro,  por medio de los roles sociales, de pertenencia a tal familia, raza, etc...
No cabe duda que la identificación con ese “yo falso” es un impedimento que ha de ser superado para realizar la meditación que posibilita reconocernos en la identidad real profunda de la mente consciente.
Las ideas egoicas, siendo como son  visiones erróneas de la vida que nada tienen que ver con los hechos tal como son se convierten en un auténtico obstáculo para vivir la verdad.
El conflicto interno dual que genera la identificación egoica, se resuelve en la meditación de la atención lúcida consciente que hace posible ver lo verdadero como verdadero y lo falso como falso. Es la visión que libera de las esperanzas y expectativas egoicas.
La Presencia en el ahora, instante a instante, siempre actualizada y renovada, es la única realidad viva y plena de la existencia humana. En el ahora no tienen cabida los siempre problemáticos conflictos egoicos.
Cierto que  uno puede organizar su vida personal y social, pero manteniendo una perspectiva no rígida ni definitiva, con una planificación flexible, manteniéndose abierto al hecho de que todo cambia. Si permanecemos sueltos, libres de apegos egoicos, nos adaptaremos a cada nueva situación sin ningún trauma.
La presencia lúcida en el ahora nos da la verdadera dimensión de vivir despiertos ante todas las vicisitudes de la vida,  unas muy agradables, otras dolorosas y algunas otras, a veces incluso, patéticas.
Por otra parte, ciertamente, podemos vegetar en el mero existir de los sueños egoicos, con una conciencia muy limitada de las circunstancias que atravesamos.

El fenómeno de la vida y de la muerte en un cuerpo humano, ¿cómo lo vive una mente despierta?.
Vivir el fenómeno de la impermanencia del cuerpo humano es algo extraordinariamente importante.
Hay que decir, que visto desde una conciencia clara del principio consciente existente en todo ser humano, la vida cobra un significado pleno en cada paso de nuestra andadura terrestre.
Cada momento de presencia lúcida en el ahora, se convierte en un juego, en el juego del despertar en la danza cambiante de los fenómenos.
Se vive, en el cuerpo físico el gozo constante de la plena consciencia de las cosas que se presentan, comprendiéndolas tal cual son y afrontando también con paz los reveses de la vida.
En la contemplación silenciosa y lúcida del ir y venir de los pensamientos, de la respiración..., cualquier idea rígida egoica desaparece.
Cuando el ser conecta y se establece en la visión profunda de la mente consciente, la idea de un sí mismo egoico, junto con todo tipo de apego se desvanece.
Nacer y vivir en un cuerpo humano es un acontecimiento que no dura siempre. Al haber comprendido que la naturaleza de todas las cosas es aparecer y desaparecer, también la muerte física se contempla como un suceso dotado de la misma naturaleza de los fenómenos.

Habiendo vivido desde el principio consciente la dimensión atemporal de su identidad profunda, la muerte no es nada más que el florecer en el despertar total a la plenitud de la Presencia-Consciencia del eterno instante, siempre renovado en el ahora, en la absoluta libertad del des-apego.
La muerte física es un acontecimiento nuevo para vivir una vida nueva.