PRESENCIA  IGUAL
A NO PENSAMIENTO


Abrirnos y reconocernos en la Presencia-Consciencia Aquí-Ahora es el corazón mismo de la meditación.
Para que en nosotros haya condiciones de apertura a la Presencia, es muy necesario adiestrarnos en la observación del presente, de todo aquello que nos aparece en el instante. Ello requiere disciplinar nuestra mente.
De entrada, la observación desde la atención vigilante de las sensaciones, pensamientos..., en el momento de su aparición no es fácil. Es cuestión de práctica y atención.
A ello nos preparamos con el Shiné de concentración en un punto. Gracias a esta práctica podemos centrarnos y salir de la dispersión mental,  situándonos fuera del proceso del pensamiento automático llegando a ver los pensamientos con cierta perspectiva.
¿Cómo se puede traer a la realidad a una mente que está condicionada a vagar en mundos imaginarios?
A esta mente no la traeremos  de vuelta a la realidad del presente a base de esfuerzos, sino a través de la conciencia y la atención plena silenciosa.
Cuando la mente está acelerada con pensamientos muy rápidos, ¿qué se puede hacer?
No reprimirlos, menos luchar contra ellos.
Al principio los pensamientos tienen que fluir y dejamos que lo hagan.
Ponemos, eso sí,  plena conciencia en el ir y venir de la respiración abdominal; el abdomen sube y baja...Poco a poco se va instalando la calma mental y los pensamientos discurren más lentamente.
Es el momento en que podemos observarlos uno a uno, como un fenómeno que aparece y desaparece.
Cuando se presenta un pensamiento y lo observamos, descubriremos que  en el momento que lo hacemos, el pensamiento desaparece.
Si sentados relajadamente perseveramos en la observación de los pensamientos, desde la atención silenciosa directa a cada uno de ellos que aparezca, experimentaremos la vivencia mental de que uno por uno desaparecen todos. Esta es una experiencia meditativa muy gozosa. Experiencia del silencio de no pensamientos.
Adquirimos así  la comprensión de la naturaleza ilusoria de los pensamientos, que pierden su  realismo cuando no nos identificamos con ellos. Resurge la claridad natural de la mente, que parece desaparecer con el aluvión de pensamientos confusos.
Por lo tanto, es gracias a la observación de la mente que comprendemos las condiciones que actúan en su trasfondo.
¿Por qué cuesta que la mente esté en silencio?
Porque está condicionada por estados de deseo apego y ofuscación.
¿Por qué la mente necesita pensar?
Porque nada puede satisfacer a la mente egoica. Pretende satisfacerse con cosas, pensamientos,  pero no puede parar mucho tiempo con lo conseguido, y de nuevo se lanza a la búsqueda.
Es algo continuo. El deseo - apego es la causa de la insatisfacción egoísta.
¿Qué podemos hacer con la mente insatisfecha?
Comprenderla. Ver, tal cual es, su condicionamiento desde la observación lúcida de la mente profunda. De entrada no hay nada más que hacer que dejar a los fenómenos que se expresen tal cual son.
La mente de superficie no tiene capacidad de resolver su frustración por sí misma.
Tratar a la mente egoica no es difícil si comprendemos sus procesos. Aunque no es nada real, puede ser muy poderosa si la ignoramos y caemos en sus trampas.
Desde la meditación de la visión lúcida consciente podemos verla muy de cerca y de modo muy preciso.
En la visión totalmente consciente, los procesos de la mente egoica desaparecen espontáneamente. Es algo similar a cuando el  sol irrumpe radiante de entre la niebla matinal que se desvanece quedando sólo la claridad de la luz.
De igual modo, basta un solo instante de total presencia-consciencia para que la confusión e insatisfacción de la mente egoica se disuelva, permaneciendo lo único real en nosotros:
La PRESENCIA-CONSCIENCIA AQUÍ-AHORA.
Desde la Presencia, no interpretaremos las situaciones según unas ideas fraccionadas de la Verdad, sino que tendremos una comprensión pura de la Sabiduría Profunda, que no tiene ninguna relación con el intelecto, sino con la comprensión plena en el Presente de la Realidad del AQUÍ – AHORA.