LA PRESENCIA EN EL AHORA

 
La energía tiene un papel importante en cualquier proceso meditativo. Probablemente, en  la actividad que más energía despilfarramos, es en el proceso de pensar. De ahí la necesidad de situarnos, silenciosamente, en la atención lúcida, en todos los procesos por los que atravesamos.
En la práctica de la atención lúcida a los estados físicos y mentales es muy importante la no identificación con los pensamientos. Simplemente los dejamos pasar y observamos silenciosamente lo que aparece en el ahora. Actuando de este modo es  muy fácil que se exprese una gran energía física y mental acompañada de gran Presencia, que no es nada personal en el sentido egoico.
La no identificación con los pensamientos deja un espacio mental disponible al fluir de la Presencia Aquí-Ahora. La conciencia individual no tiene que hacer otra cosa que aceptar y abrirse a la magia real de la Consciencia, que se expresa por su propio poder, en todos aquellos seres que se abren a su fluir.
Al hablar del poder de la Consciencia, ¿es necesario comprender que nada tiene que ver con un sí mismo egoico?

Evidentemente. Cuando una idea de supremacía sobre los demás aparece y nos identificamos con lo que nos sugiere, inmediatamente caemos en la esfera egoica y perdemos la energía de la Presencia en el Ahora.
Por lo tanto, cuando uno se reafirma en el “sí mismo egoico” queda atrapado en una idea de sí en la que se percibe como alguien  separado de los demás seres. Esto constituye el  principal obstáculo para vivir en el ahora de la mente consciente.
La atención vigilante a la apertura de la energía consciente, permanece al mismo tiempo alerta a las incursiones egoicas, dejando a un lado todos esos juegos que impiden vivir la Presencia.
Desde un cuerpo y una mente totalmente distendidos, observamos los fenómenos, acontecimientos... que vayan presentándose pero sin interferir con ideas.
Si observamos detenidamente y en silencio, comprenderemos los acontecimientos tal como son.
Dado que la mente permanece silenciosa en la observación consciente podremos recibir y percibir la paz dinámica de la Presencia en el Ahora tanto con los sentidos internos como con los  externos.

Se produce, por lo tanto, un estado mental abierto y receptivo muy claro y despierto.

El ser persevera en el compromiso meditativo decidido a comprender la realidad y a comprobar  todo ello por sí mismo desde la atención lúcida de la mente.
De este modo evidencia que para observar la mente y sus diversos estados es muy importante  mantener una total perspectiva, que garantice la visión de los contenidos mentales tal y como son realmente, libre de las distorsiones de las interpretaciones subjetivas.

¿Cómo puede darse dicha perspectiva?

Manteniendo el falso ego relegado, no permitiendo que adquiera un protagonismo activo en la meditación. La atención lúcida deja al EGO en el lugar que le corresponde: en un rol pasivo.
Desde la pasividad egoica, puede alcanzarse un estado de relajación profunda que posibilite la observación de cualquier contenido mental que se presente en ese instante, desde una perspectiva y objetividad propias de la atención consciente, capaz de percibir la realidad en todos sus aspectos.

¿Cómo mantener en la meditación un estado de claridad mental?
La observación muy silenciosa de la mente la impulsa a abrirse más ampliamente a la Consciencia en el Ahora de modo que la mente profunda se nos revela para poder observarla y contemplarla tal cual es.
En el instante en que te reconoces en tu identidad profunda consciente, el estado mental de claridad se amplía, la atención de la mente se vuelve espontánea, y en el momento que observa directamente la mente de superficie, ésta tiende a detenerse, a dejar su espacio a la acción espontánea de la Consciencia.
El ser persiste en la disciplina de la atención consciente observando con detenimiento cualquier estado mental que surja,  sin interpretar ni controlar nada. Comprende, por un lado, que la PRESENCIA-CONSCIENCIA no es una realidad personal, en el sentido egoico, y, por otro, que la inconsciencia nada tiene que ver con su realidad profunda.
 Abandonando toda idea de etiquetar la vastedad de su vivencia, permanece en la silenciosa observación consciente, dejando que la acción espontánea de la Consciencia termine transformando toda su mente de superficie para vivir lo único real:  
la PRESENCIA – CONSCIENCIA  Aquí – Ahora.