OBSERVAR LOS OBJETOS
SIN INTERPRETAR

 
Como podemos darnos cuenta, la meditación no es diferente del hecho de vivir, con una mente presente, los fenómenos físicos y mentales instante a instante.
Plena conciencia en la danza de los fenómenos cambiantes.
En la meditación sentada nos será más fácil darnos cuenta de los procesos internos que se van dando.
Al conectar con una mente más serena, podemos vivir la atención lúcida, y ver las alteraciones que ante nuevos fenómenos se vayan presentando.
Nuestras meditaciones no acaban al final de la sesión sentada, abarcan nuestra vida diaria en todos sus aspectos.
La quietud física de una meditación sentada, en general, tiene una enorme importancia para lograr estabilizar la conciencia y desarrollar el adiestramiento en el volver a cada ahora.
Nuestra vida puede transcurrir, bien en una mente humana inconsciente que es el ámbito humano ignorante, o por el contrario, al servicio del descubrimiento, cada vez más amplio, de las posibilidades de la consciencia en la mente humana. Tenemos la opción de aprovechar nuestra vida orientándola hacia el descubrimiento de la mente profunda y la realización del total despertar desde las posibilidades que aporta el vivir en un cuerpo humano.
Aunque, a veces, nos sintamos opacos, dominados por la mente inconsciente, al aparecer en nosotros una vieja necesidad que busca la meditación como salida a nuestro girar en la frustración, en alguna medida, nos situamos ya fuera de la corriente inconsciente y empezamos a percibir los contenidos conscientes de nuestra identidad profunda.
Para llegar a ser plenamente conscientes de la Verdad de la existencia humana, es necesario un adiestramiento disciplinado en la meditación.
La atención lúcida a los contenidos mentales y físicos, en cualquier ámbito de nuestra vida, nos llevará al corazón mismo de la meditación.
Es fundamental no engancharnos en los pensamientos a la hora de observar las sensaciones, sentimientos, percepciones... en nuestras relaciones con otras personas, en cuyo contacto surgen, a través de los sentidos: vista, oído... los fenómenos de sensaciones o sentimientos.
Si hay plena conciencia de nuestras reacciones, ya sean agradables o desagradables, no absorberemos inconscientemente lo que sentimos, sino que viviremos lo percibido sin distorsionarlo, de manera muy objetiva.
De esta manera conectamos con la consciencia en el ahora.
Lo que sentimos en relación a una  persona es mucho más importante que lo que pensamos de ella.
Necesitamos adiestrarnos en la no interpretación de los objetos que observamos. La atención silenciosa, lúcida, no deja que las sensaciones y sentimientos se pongan en marcha inconscientemente y pasen a formar parte de lo acumulado. Desde la observación lúcida, vivimos una forma profunda de meditación en nuestra vida diaria, necesaria para abrirnos a la mente profunda consciente.
En nosotros surgirá, así,  una comprensión muy clara de los mecanismos inconscientes que subyacen a nuestras reacciones egoicas.
Podremos observar cualquier emoción que surja justo en el momento de su aparición. Conviene recordar que siempre que surge una emoción antes ha precedido un pensamiento con el que nos hemos identificado, aunque no nos demos cuenta de ello.
Lo primero que haremos será observar la emoción tal cual es. Si no interpretamos, seremos capaces de ver más allá de esa emoción, que no es más que un síntoma de un problema más profundo. Si continuamos en la observación silenciosa podremos aclarar de manera objetiva la causa, las condiciones reales inconscientes que hacen aflorar esa emoción de manera automática.
Comprenderemos (experiencia-vivencia) la acción de la fuerza inconsciente en la naturaleza humana, como receptáculo donde se expresan de modo muy poderoso las emociones perturbadoras.
Desde la claridad necesaria uno no se apropia, con exclusividad, de la formidable y positiva fuerza consciente que incluye la conciencia individual y al mismo tiempo la trasciende. Es decir, uno no se atribuye la vivencia en el fluir de la Presencia-Consciencia como una realidad que la vive por su esfuerzo individual o  por haber alcanzado una cima en exclusiva.
La Presencia-Consciencia es personal para todos los seres que se abren en su fluir en cada AQUÍ-AHORA. Pero nadie puede atribuirse la exclusividad de la Consciencia.

Igualmente, si entendemos la inconsciencia como una fuerza impersonal, mantendremos una clara perspectiva a la hora de desarrollar la mente presente en el ahora, y no dejaremos campar a sus anchas en nuestras mentes individuales a las fuerzas inconscientes de la naturaleza humana.
El budismo no rechaza la individualidad como proceso dinámico importante. Pero esto es diferente a apegarse a una conciencia-ego que pretende apropiarse del fluir de la Consciencia.
Si podemos contemplar desde una visión consciente cada pensamiento, cada sensación, cada emoción..., llegaremos a la liberación, al despertar.
Buda expresó: “...Debemos vivir y ser conscientes de todo lo que suceda, de instante a instante”.
Si en nosotros se da una total apertura a la Presencia en el Ahora, descubriremos lo único real sin interpretaciones.