LA SIMPLE ENTREGA


 

Cuando Antxoni Olloquiegui, la Maestra del Centro de Meditación Budista Karma Samten Ling, me brindó la posibilidad de realizar un servicio compartido de atención directa a posibles personas afectadas por una problemática concreta, que se hallaran en la búsqueda de una salida a su agudo sufrimiento y requirieran una orientación del citado Centro, mi primera reacción fue de alegría y profundo agradecimiento por seguir estando bajo la guía y custodia de la Consciencia, por la apertura y consiguiente satisfacción que se dio en mí ante la posibilidad de poder ser útil a los demás y por el hecho de saber que, en primera instancia, yo era el principal beneficiario de la entrega que se me proponía, a efectos de agradecerlo.

Acto seguido, en fracciones de segundo, el relámpago de mi hipotética incapacidad surcó mi firmamento mental cuestionando mis aptitudes para llevar a cabo el servicio que se me ofrecía, al menos si concurrían determinadas situaciones. También, de inmediato, reconocí la vieja tendencia anidada en mi inconsciente a infravalorarme y a negar o cuestionar mis capacidades. No le di más cuerda a tales disquisiciones y tomé conciencia, en primer lugar, de que era la Consciencia a través de la Maestra quien me ofrecía la oportunidad de realizar aquel servicio y aceptar eso era lo más conveniente, dejando de lado los planteamientos egoicos, dado que, personalmente, he llegado al convencimiento de que llevar a efecto lo que la Maestra me sugiere es, con una precisión salomónica, lo más beneficioso para mí y para todas aquellas personas a quienes esa acción afecte, con independencia de la veracidad o no de los motivos, razones y expectativas que me plantee. Y, en segundo lugar, de que cuando estoy presente y en apertura a la Consciencia no soy yo, en el sentido egoico, quien ejecuta, sino que me convierto en un vehículo de la acción de la Consciencia más o menos perfecto dependiendo del grado de conexión que se establezca.

Mi ego, que no había dado por perdida la guerra pese a haber sido derrotado en la primera batalla, volvió sinuosamente a la carga atacando por mi flanco más débil, con la argucia de aceptar el planteamiento expuesto pero objetando mi capacidad de permanecer prolongadamente presente y en consecuencia cuestionando la posibilidad de ser un medio, lo suficientemente puro, de expresión de la Consciencia. Ante este nuevo envite egoico pude ver claro que, salvo en casos excepcionales, el vivirse en un estado totalmente despierto requiere de un proceso progresivo que parte de la inconsciencia total a la Consciencia plena mediante un asentamiento gradual en nuestra auténtica naturaleza de ser a través de la práctica de la meditación en toda nuestra vida cotidiana, y que el planteamiento egoico del “todo o nada” supone una claudicación que de aceptarla permitiría la supervivencia del ego, que, aunque nos plantee aspiraciones de Despertar, en realidad no quiere porque ello comporta su total disolución y se niega a desaparecer planteando engañosamente todo lo contrario. La Maestra nos recuerda con insistencia que “el propio camino es la meta” y que en cada instante presente no hay cima más alta que conquistar. A este respecto puede ser también aplicable y esclarecedor el verso de un poema del ilustre poeta Antonio Machado de “caminante no hay camino se hace camino al andar…”.

A continuación mi ego mermado se batió en retirada ocultándose en su refugio inconsciente supongo que, como es habitual, en espera de plantear otra batalla en una ocasión venidera que considere propicia hasta que la luz de la Consciencia a través de la práctica meditativa concluya definitivamente con su disolución. La propuesta de la Maestra era una inmensa oportunidad para mí y un auténtico regalo que no podía desdeñar sino valorarlo, aceptarlo y agradecerlo profundamente, como finalmente hice.

Todo este proceso que se dio a una velocidad vertiginosa me ha permitido ir conociendo en mayor profundidad a mi ego y a comprender que es preciso, como dice la Maestra, que a través de la meditación en apertura a la Consciencia pueda desde la Atención lúcida Consciente contemplar a la mente de superficie egoica observando los pensamientos, emociones y percepciones permitiendo que se expresen todos ellos y desaparezcan con cada espiración, de modo que con cada inspiración respire la Paz y el Silencio Conscientes y con la espiración suelte la inconsciencia dual egoica al espacio abierto de la Mente Consciente, a fin de que la Consciencia la vaya disolviendo. También me ha servido para corroborar que la auténtica libertad no reside en una elección egoica en la que concluya haciendo lo que quiera, como creía antaño, sino en seguir en cada momento los dictados de la Consciencia, porque toda opción egoica está tomada desde un condicionamiento que no me permite ser libre en la decisión, en cambio sí hay libertad en la asunción de las directrices de la Consciencia, sean cuales fueren, si las acepto desde la conexión con mi auténtica naturaleza de ser amor, compasión y libertad.

Era lógico que los dos primeros días de puesta en marcha del servicio nadie entrara en contacto requiriendo atención. En cambio, me resultó llamativo constatar que en mí se estaba dado una aceptación del servicio que me llenaba y estaba dispuesto a seguir realizándolo con independencia de que alguien se pusiera alguna vez en comunicación o no, es decir sin apegarme a unas expectativas ni valorar el servicio por unos hipotéticos resultados. Vivía que lo importante estaba siendo la simple entrega o como expresa la Maestra “la entrega por la propia entrega”, es decir la disposición y apertura a vivir, asistido de la confianza que la Consciencia había depositado en mí, a que en cualquier momento acaeciera lo que tuviera que acontecer, en cualquier forma o manifestación que adoptara y terminara como tuviera que concluir, desde la mayor presencia y actualización que pudiera tener en cada instante.

La verdad es que no me parece tan simple el hecho de que se dé, valga la redundancia, la simple entrega. Habituado a realizar las cosas por interés, buscando bien sea afecto, imagen, notoriedad o contraprestación, me resulta imposible desde el ego no moverme por alguna pretensión, o, dicho de otro modo, que se dé en mí la simple entrega por decisión egoica. El grado de auténtica entrega por la entrega en sí misma o servicio desinteresado a los demás que, en ocasiones, viene aconteciendo en mí, de forma progresiva, está siendo el resultado de la acción purificadora de la Consciencia y no el fruto de una elección egoica.

Previamente al primer encuentro con una persona que se acercó solicitando ayuda procuré no estar dándole vueltas a lo que procedía o no decirle. Cuando entró en el Centro Karma Samten Ling fue, de inmediato, receptiva a la energía existente, es decir, a la energía de la Consciencia. A lo largo de la conversación que sostuvimos intenté estar lo más presente posible, volviendo a tomar conciencia cuando me percataba que me había descentrado, procurando mantenerme desde el corazón lo más receptible que me fue posible a dicha persona, intentando no interferir desde mi ego en el trabajo de la Consciencia. Ignoro la opinión que de dicho encuentro tuvo esta persona, pero para mí fue evidente por el clima que se creó y por la transformación que fue dándose en ella en su transcurso, la acción benéfica de la Consciencia, que nos fue inundando de amor a ambos, que acabamos espontáneamente hermanados en un profundo abrazo, ella dándose una oportunidad en la vida, aceptando el poner en práctica la meditación con la expectación de que pudiera ser una herramienta que le permitiera salir de la situación de desesperanza en la que se hallaba y yo maravillándome una vez más de la Sabiduría, el Amor y la Acción de la Consciencia.

En este encuentro volví a constatar que cuando me pierdo egoicamente en la entrega a los demás me voy encontrando con mi auténtica naturaleza de ser. Para poder despertar son necesarios muchos méritos y sé que este servicio encomendado por la Maestra me permite ir acumulándolos, lo cual se lo agradezco profundamente, pero a la vez constato, para sorpresa mía, que haría lo mismo por los demás aunque ello no me reportara ningún mérito, a la vez que paralelamente voy viviendo con más intensidad que el bien que hago a los demás es mi propio bien y que su felicidad es la mía. Y esto forma parte de la obra de la Consciencia, aunque mi ego se empecine en no querer reconocer los progresos que se vienen operando en mí.

Solo me resta dar infinitas gracias a la Maestra, expresión pura de la Consciencia en la Tierra, por su inmensa labor por nuestro Despertar y el de todos los seres sintientes, solicitando que dicho evento acontezca con la mayor premura posible. ¡Om Mani Padme Hung!