EL SERVICIO COMO DONACIÓN CONFIERE
TODO EL SENTIDO A UNA VIDA

 

La Maestra Antxoni Olloquiegui viene repitiéndonos incansablemente, tanto por activa como por pasiva, la vital trascendencia del servicio desinteresado a los demás en el sendero del Despertar Consciente, a todas las personas que acudimos al Centro de Meditación Budista Karma Samten Ling y tenemos la inmensa fortuna de asistir a las enseñanzas que imparte a diario, las cuales son en ella vida y fruto de su realización, convirtiéndose en imprescindible faro para quienes todavía navegamos en las procelosas aguas de la inconsciencia. En este sentido, nos insiste en la esencial importancia del servicio en la disolución egoica, que una vez culminada dejará al espíritu libre de toda atadura, permitiéndole brillar con todo su esplendor, tras desvestirse del velo de la ignorancia que lo cubre sofocándolo. Paralelamente y asociado indisolublemente al servicio, la Maestra incide en el hecho de que es el Amor lo que nos hará libres.

Con el transcurso de los años, especialmente en los tres últimos, el servicio va paulatinamente calando en mí, es decir, haciéndose vida progresivamente. Me doy cuenta que ha crecido mi disponibilidad y apertura, junto a la conciencia de que en cualquier momento la Vida puede requerirme para cualquier entrega, a la que por lo general estoy dispuesto, pudiendo cruzarse ésta con mi planificación personal, sin que me contraríe tanto como antaño, e incluso, en la mayoría de las ocasiones, me alegre por la oportunidad que se me ofrece de ser útil, pasando mis cuestiones individuales relegadas a un lugar secundario o prescinda de ellas, dependiendo de la importancia o trascendencia que tengan en relación con la del servicio.

También son más palpables los frutos del servicio recolectados. Compruebo, lo que en innumerables ocasiones he oído a la Maestra, que mi felicidad reside en entregarme desinteresadamente a los demás, constatando que al irme vaciando de mi egocentrismo individual la Vida me va llenando de plenitud. El servicio a la otra persona me abre a ella y desde la conexión con el corazón disfruto del bien suyo, a la vez que me permite poder verla tal como es y no como la analizo desde mi miopía egoica. Y ello es así porque, como dice la Maestra, todos los seres somos uno en la Unidad de la Consciencia, más allá de la idea de separación que, simplemente, es una ilusión egoica. De este modo el prójimo se convierte en la inmensa oportunidad que la Consciencia me ofrece para que perdiéndome egoicamente, entregándome desinteresadamente a su servicio vaya paralelamente encontrándome con mi auténtica naturaleza de ser.

Fue hace treinta años que oí hablar por primera vez del servicio en palabras del Bodhisattva Jesús Javier Juanotena como uno de los tres pilares sobre los que se asentaba la práctica de la espiritualidad consciente, junto con la meditación y el compartir desde el corazón. Con anterioridad pasé de vivirme de un modo totalmente egoísta que me alejaba de las personas de mi entorno, a realizar entregas a los demás muy calculadas para evitar el tener una mala consideración, cultivar una imagen más benévola y obtener el afecto, la consideración y las contraprestaciones ajenas. La regla que seguía era la de obtener lo máximo de los otros con el mínimo posible de entrega por mi parte.

Con el Bodhisattva Jesús fui entendiendo, intelectualmente, la importancia del servicio para acceder al total Despertar, su relación con el karma y las características que la entrega a los demás debe reunir para convertirse realmente en servicio.

Al comienzo de mi andadura dhármica las propuestas u oportunidades de realizar servicio colisionaban ruidosamente, en innumerables ocasiones, con mi grado de entrega, mis resistencias y mi programación personal, debiendo, cuando no podía mantenerme actualizado, ejercer para realizarlo un acto de voluntad que se sobreponía a la oposición inicial por entender que era beneficioso el realizarlo en especial si la sugerencia provenía del Bodhisattva Jesús. En caso contrario, era frecuente que, si me era factible, tratara de eludirlo de la forma más elegante posible y si finalmente lo realizaba fuera buscando reconocimiento y afecto. Era habitual, dependiendo del servicio que hiciera, el que surgieran las resistencias, los temores, las supuestas incapacidades y las frustraciones, que en la mayoría de las ocasiones no aproveché debidamente para integrarlas desde la meditación. Al ir tomando conciencia de todo ello, las excelsas ideas previas que me había hecho en torno a mi disponibilidad al servicio rodaban por tierra estrepitosamente.

Con posterioridad me quise convencer de que era suficiente con hacer servicio ocasionalmente, como un trabajador con contratos esporádicos a tiempo parcial, sin quererme percatar de que para despertar son necesarios muchísimos méritos y que por añadidura tenía pendiente de compensar todo el karma negativo generado con anterioridad.

Por aquel entonces me solía plantear, puntualmente, hacer lo que ahora denomino jocosamente “un acto de heroicidad”, es decir, una entrega fuera de lo común, que escondía subrepticiamente el deseo de obtener el beneplácito ajeno queriendo creer que si había sido capaz de hacer aquello, lo sería en cualquier momento que se terciara, al igual que la falacia de quien tras dejar de fumar un mes afirma haber superado la dependencia al tabaco y elige, creyéndose libre, el volver a fumar dado que tiene el convencimiento de que podrá dejarlo, también con entera libertad, en cualquier momento que estime oportuno. Lógicamente, aquellos movimientos eran como fuegos artificiales en festividad señalada, que no se traducían en una disposición cotidiana al servicio.

Paulatinamente, la acción purificadora de la Consciencia en mí, hizo que fuera creciendo mi disponibilidad, cedieran algunas resistencias, conociera más y mejor las limitaciones a las que me aferraba por conveniencia egoica, viese los aspectos más flagrantes de mi inconsciente individual y pudiera ir percibiendo, en cierta medida, los efectos benéficos del servicio disfrutando, por lo general, de un mejor tono energético y vital.

Con posterioridad a que el Bodhisattva Jesús abandonara su cuerpo físico y bajo la guía de su continuadora la Maestra Antxoni Olloquiegui el servicio que he realizado ha sido reorientado específicamente, se ha inscrito dentro de la práctica de la meditación y la enseñanza sobre la Vacuidad que nos transmite, se ha alimentado con la energía por Ella aportada, se ha vivificado con su ejemplo y ha ido, en consecuencia, instalándose progresivamente en mí.

Paralelamente a la meditación, tomé una serie de medidas prácticas y básicas que contrarrestaran la inercia dependiente en la que estaba sumido. En primer lugar, contando con la total ayuda de la Maestra no solo espiritual sino incluso material, fui dando los pasos necesarios, a distintos niveles, para irme haciendo independiente de la cobertura familiar en la que me cobijaba. Decidí ir prescindiendo de lo que los demás hacían por mí que yo pudiera realizar, aprender o costear. Opté, salvo con la Maestra con quien por mucho que me empecine la deuda será eterna, por procurar no quedarme por debajo de lo que recibía y ponerme en una actitud de dar y entregarme, más que de estar a la expectativa de recibir constantemente. Acepté con confianza los servicios sugeridos por la Maestra, pese a que surgieran temores y resistencias. Inicialmente, todas estas acciones no eran consecuencia directa de vivirme intensamente conectado con mi esencia natural, sino fruto, en buena medida, de una aceptación egoica que creo que no debo subestimar. Si bien es cierto que la auténtica transformación se viene operando en mí por la acción sanadora de la Consciencia a través de la meditación, es igualmente veraz que el tipo de determinaciones que he reseñado han contribuido, concordantemente con ella, en el giro del timón de mi embarcación egoísta para no proseguir por el mismo rumbo errático, permitiéndome modificar la ruta, navegando en sentido contrario. De este modo no seguía acumulando tanto karma negativo, entraba en otra frecuencia de onda en la que por reiteración de los nuevos hábitos iban sedimentándose en mí los posos del servicio de forma gradual y ofrecía los posibles méritos, que me revertían positivamente allanándome el sendero del servicio para su posterior tránsito.

Al ser la Maestra Antxoni Olloquiegui un Ser totalmente despierto, es decir un Buda, todo lo que haga por ella conlleva unos méritos muy superiores a los obtenidos por lo mismo que realice por otro que no lo esté. Por tanto, agradezco inmensamente cualquier oportunidad que me brinda en ese sentido, pese a que seguiría haciendo lo mismo aunque no me reportara ningún mérito. Siendo esto así, mi entrega a la Maestra no me sirve como referencia de mi evolución cara al servicio si no tengo la misma disposición por cualquier otro ser que lo precise, dado que, por un lado, es incalculable todo lo que he recibido de su parte y, por otro, por el convencimiento que tengo que sin su guía directa a través de su Presencia en un cuerpo físico no es posible mi Despertar. Lo mismo reza para el resto de servicios propuestos por Ella en los que no es la destinataria. Además, en muchas ocasiones me sorprendo haciendo de Ella una autoridad de quien deseo obtener ardientemente su beneplácito y evitar temerosamente su reprobación. Esta reacción guarda mucha similitud con la mantenida de niño con mis padres dentro del ámbito familiar y con la sostenida con la idea de Dios imbuida en mi educación católica en el marco religioso, en las que la relación pivotaba sobre los ejes premio-castigo y salvación-condenación. Aquí tengo, como diría la Maestra, un “buen material de trabajo meditativo” pendiente de actualizar.

Conocedor, a través de las enseñanzas recibidas, de que el servicio a los demás no debe discriminar a nadie por condiciones de sexo, raza, cultura, ideología o religión, he de reconocer que los principales escollos los he tenido con personas de derechas y con las recalcitrantemente católicas, habiendo cedido notoriamente en mí las resistencias en ese sentido. Más fuertes eran las que sentía hacia las personas que repudiaba y a las que me habían tomado como adversario, pero pude constatar la sabiduría de la máxima de “ama a tu enemigo” cuando comprobé que mi entrega a esas personas me sanaba y por ende dejaba de tener un enemigo.

A la hora de realizar un servicio bien sea propuesto por la Maestra o por iniciativa propia, respondiendo a una demanda ajena, tengo la posibilidad de aceptarlo o rechazarlo, pero si accedo a llevarlo a efecto, tengo que tener claro que ha de ser como me lo indiquen o soliciten y debo estar vigilante de no imponer mi criterio ni de forma burda ni sutil, dado que una de las funciones del servicio es su contribución a la disolución egoica, en tanto que la tendencia de mi ego es la de su propio reforzamiento. Además, la actitud ideal que debiera tener ante el servicio es la de mantenerme desapegado del resultado, cuestión esta que a mi ego no le satisface en absoluto, ya que casi siempre se marca metas y objetivos a alcanzar. Es por ello que, en ocasiones, bajo la guía espiritual he participado en servicios sin ningún resultado material práctico.

La ejecución de un servicio individual, que me haya sido planteado por la Maestra he de realizarla, salvo fuerza mayor, yo solo, sin que la comodidad o el deseo de disponer de más tiempo libre me lleve a aceptar colaboraciones perdiéndome, en buena medida, la oportunidad que se me ha dado y la enseñanza específica que conlleva. En este sentido, en muchas ocasiones, he declinado el ofrecimiento que, de todo corazón, me han hecho otras personas para ayudarme en el Centro Karma Samten Ling. El servicio encomendado por la Maestra tanto sea individual como colectivo, es para las personas a las que se lo ha encargado y tiene un sentido muy concreto para ellas. Por otro lado, si alguien me solicita personalmente una ayuda, he de ser yo quien responda a ella sin implicar por mi cuenta a nadie, ya que debo respetar la decisión de quien me la ha requerido.

Es vital en el servicio que incremente la toma de conciencia en lo que en cada momento esté realizando, así como en los pensamientos, emociones, sensaciones y percepciones que vayan surgiendo, para que desde la Atención lúcida Consciente la Consciencia los vaya disolviendo. En caso contrario, en el mejor de los supuestos, estaré desarrollando un ego positivo, que pese a ser mejor que el negativo, supone como afirma la Maestra una meta muy corta en relación al Despertar Consciente. Así mismo, me percato, que en innumerables ocasiones no me doy cuenta de la repercusión interna espiritual que tiene lo que realizo en el exterior y al revés. Es decir, que si externamente limpio, ordeno, etc. en mi interior se está dando el mismo proceso y el que viva dentro de mí se expresara fuera.

Si me dejo llevar por la rutina, la inmediatez y la indolencia en el servicio, a buen seguro, pasaré por alto el coronarlo con el detalle que lo engrandece como expresión del amor al otro y me estaré perdiendo los méritos que en caso contrario hubiera obtenido. Y, cuando digo “detalle”, no me estoy refiriendo a mi obsesión por la perfección, que me condiciona, razón por la que cuando me doy cuenta que estoy enfrascado en ella, opto, en ocasiones, por no proseguir en el empeño, salvo que forme parte de ese detalle.

Si en el servicio a los demás, por salvaguardar mis espacios de tiempo libre o no prescindir de lo que me es posible, no le dedico lo que precisa, no lo realizo como sería lo deseable, no lo cuido al detalle o, lo que es más grave, no lo llevo a cabo con la premura requerida, en especial, si es en relación a un ser que esté sufriendo, no estoy haciendo servicio aunque concluya la acción, es decir, no me estoy entregando a los demás como la Maestra lo hace conmigo y con todas las personas que conozco, en conclusión, “no amo a los otros como por Ella soy amado”. Es más, en todas las ocasiones que he optado por realizar un servicio en conflicto con mis obligaciones contraídas, tras crearse una situación digamos “caótica”, siempre ha surgido como “un nuevo fractal” la solución para el objeto del servicio y para mis cuestiones personales. He constatado que el “dad y se os dará, una medida buena, apretada, colmada y rebosante, que será derramada en vuestro regazo” es una auténtica realidad, que puedo lanzarme al trapecio del servicio sin red, sin temor al descalabro, porque si lo dejo todo por seguir la espiritualidad consciente y me entrego desinteresadamente a los demás, la Vida me va a colmar espiritual y materialmente, “recibiendo el ciento por uno”.

Con el devenir del tiempo he ido comprendiendo, que el servicio no se reduce a llevar a efecto aquello que la Maestra me propone, a responder a las demandas que otras personas me plantean o a ofrecerme a quien estime conveniente, sino que se trata de que esté abierto desde el corazón a todas con las que me relaciono en mi vida cotidiana, al nivel que sea, teniéndolas en cuenta incluso en los breves encuentros y en las pequeñas deferencias y detalles. Inclusive, en la realización de mi trabajo remunerado me es factible realizarlo con actitud de servicio, poniendo lo mejor de mí en su consecución, buscando en todo momento responder adecuadamente a las necesidades de mis clientes y con ese plus de atención que sale del corazón cuando estoy actualizado y que va más allá de lo que pueden exigirme por el hecho de pagarme, aunque he de reconocer que esto me resulta más complicado, en especial, con aquellos con los que la relación contractual resulta más dificultosa.

He comprobado la importancia que tiene el que mi corazón no se cierre a nadie, aunque esté inmerso en una dinámica de servicio. Basta, como me ocurrió recientemente, con que no me mantenga abierto hacia una sola persona, aunque sea ella quien unilateralmente, según mi interpretación, haya cortado, sin mediar palabra, todo nivel de comunicación conmigo, para que con independencia de cuál sea en lo sucesivo mi actitud externa, sino me mantengo internamente de forma permanente abierto a ella, por mucho que esto sea aceptable desde los parámetros sociales, no lo es en absoluto desde los espirituales, por lo que, en consecuencia, me estoy perjudicando, perdiendo buena parte de los méritos obtenidos en el servicio o, caso de no tenerlos, contrayendo un karma negativo, porque como decía San Juan de la Cruz, “al atardecer nos examinarán en el amor” y Jesucristo “…yo os digo que todo el que se irrita contra su hermano será reo de juicio… si vas, pues, a presentar una ofrenda ante el altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda”. Para que los méritos que obtenga, no se pierdan por cualquier actitud negativa en la que pueda incurrir, es necesario, como señala la Maestra, el que los ofrezca, preferentemente por el Despertar de todos los seres, razón por la que algún día todos ellos solicitarán el mío. Jesús de Nazaret dijo “acumulad tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen y donde los ladrones no excavan ni roban, pues donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.

Para que mi entrega a los demás llegue a ser totalmente desinteresada y se convierta realmente en auténtico servicio, es decir, en genuina donación, es preciso que previamente se dé un alto grado de purificación en mi inconsciente individual a través de la meditación. Por esta razón he de estar vigilante a las manifestaciones de los deseos de notoriedad, superioridad, reconocimiento u obtención de contraprestaciones afectivas, materiales o espirituales, fuerzas que aunque mermadas y en retroceso permanecen aún agazapadas en mi inconsciente, supongo que en espera de un contraataque en el momento más inesperado.

Teniendo en cuenta el refrán español que dice “cuando las barbas de tu vecino veas pelar pon las tuyas a remojar”, le presto especial atención a la emoción perturbadora que tiene relación con el poder, la notoriedad y superioridad dado que la mayoría de las caídas personales ajenas más estrepitosas y con peores repercusiones externas e internas, tanto en el terreno espiritual como en el social, a las que me ha tocado asistir, han tenido que ver con ella.

Cuando busco reconocimiento en mi entrega a los demás no estoy haciendo servicio. Por ello viene a colación lo de “cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna sea oculta, y el Padre, que ve lo oculto, te premiará”. Siempre que mi servicio a los demás no es totalmente desinteresado y pretendo obtener algo a cambio del tipo que sea, no estoy haciendo servicio y no obtengo, consecuentemente, los méritos que en caso contrario hubiera conseguido, quedando compensado con la obtención de aquello que busco. De ahí que Jesús de Nazaret dijera “cuando hagas, pues, limosna, no vayas tocando la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa”.

El mejor servicio que puedo hacer es el que me indica la Maestra, porque sabe qué es lo que más me conviene para la progresiva disolución de mi ego, en tanto que si lo elijo yo existe un alto índice de probabilidad de que medie alguna pretensión egoica disfrazada de entrega. Esta y otras orientaciones complementan las enseñanzas que da de lunes a viernes en las sesiones de meditación en el Centro Karma Samten Ling, donde todos quienes acudimos tenemos la enorme oportunidad de ir comprendiendo cómo funcionan los egos y su progresiva disolución por la acción purificadora de la Consciencia a través de la meditación. Y cuando digo “cómo funcionan los egos” me refiero al de todos y cada uno de nosotros, porque si los datos que nos proporciona, no los utilizamos como especie de arma arrojadiza para catalogar, enjuiciar, condenar o incluso agredir a los demás y nos miramos a nosotros mismos, a ser posible, situándonos en la Atención lúcida Consciente, obtendremos la comprensión de los mecanismos de nuestro propio ego, requisito previo a su posterior disolución, porque en verdad “es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio” y en consecuencia nos encontraremos con que “si no juzgamos no seremos juzgados”.

Retornando al comienzo del escrito, tras esta prolija digresión, que trata de ser clarificadora de todo un proceso y retomando el hilo argumental inicial cortado en los cambios operados en mí en torno al servicio, prosigo con ello la reflexión. Así, respecto a la mayor disponibilidad que decía hay en mí hacia el servicio en la actualidad, me he dado cuenta que ésta incluye a las personas que me han hecho mal, a las que lo han causado a los seres que más he querido y quiero, e incluso a las que intuyo que pueden tener en un futuro, más o menos próximo, un comportamiento lesivo conmigo, con otras personas o con el Dharma. No detecto que guarde odio ni rencor a nadie, ni que lo genere de nuevo. Jesús de Nazaret dijo “perdonad y seréis perdonados”. Siendo esto realmente así, creo en que el perdón es algo que acontece y no se da por un acto de voluntad, es decir, que estoy convencido de que ocurre por pura Gracia de la Consciencia. Personalmente, no tengo conciencia de haber perdonado a nadie, quiero decir, que no he registrado que haya tenido un acto de perdón como cuando condono una deuda por ejemplo, sino que, por el contrario, un cierto estadio de amor ha ocupado el espacio usurpado en mí por el odio, destronándolo y no permitiéndole, por el momento, que vuelva a recuperar el territorio perdido. Lo que sí he solido tener son ejercicios de voluntad, buscando la aproximación y la distensión creada, de modo que pudieran favorecer, si no abandonaba la meditación, que algún día sucediera el perdón. En cambio, ante la situación de que, sea quien fuere, trate de ejercer un poder sobre mí, condicionarme o manipularme, me surge una reacción virulenta pendiente de integrar, que intentará por todos los medios legítimos impedirlo, aunque ello me cause algún grave perjuicio que estoy dispuesto a pagar, pero no veo que se traduzca posteriormente en odio o rechazo profundo hacia la otra persona, aunque en ocasiones mantenga una cierta distancia física, si presumo que puede haber reincidencia por su parte. De todos modos, hace poco, en dos ocasiones, ante actuaciones como las descritas, pude tomar conciencia de que me hallaba ante un ser sufriente y tomando distancia de lo que estaba aconteciendo, pese a que obstinadamente tengo que tener siempre la última palabra, lo dejé pasar y no repliqué, teniendo la sensación interna de que no había perdido, por ello, ni un ápice de libertad, sino todo lo contrario, había ganado un espacio de albedrío. Todos estos cambios los atribuyo a la meditación y al servicio.

Últimamente, he experimentado menores resistencias a realizar algo por los demás cuando estoy cansado o tengo sueño. Anteriormente el tener ganas de dormir y no hacerlo, me resultaba irritante, en cambio, ahora, puedo vivir el sueño como una sensación cualquiera, que cuando la traspaso activamente incluso desaparece. También han cedido los temores a aceptar un servicio para el que creo no estar capacitado creciendo la confianza en la acción de la Consciencia, que estoy convencido que me asistirá si me abro a Ella y no pretendo tener un protagonismo que interfiera en su obra.

El utilitarismo se halla en mí, en patente retroceso con el crecimiento del desapego por el resultado final del servicio, si es que yo he puesto lo mejor de mi parte al realizarlo. Comienzo a no valorar la importancia de un servicio abierto a todo el mundo, por el número de personas a las que en concreto pueda beneficiar, mereciéndome la pena el realizarlo aunque solo sea por una persona, incluso por ninguna, porque ello me mantiene, en tanto lo realizo, en apertura y disposición a los demás, mientras que la Vida me va colmando.

Ha crecido mi agradecimiento por las oportunidades de hacer servicio; por poder dar y darme a los demás; por que sea aceptada mi entrega por los otros, que bien me la podían rechazar; y por el bien que la Maestra y demás personas hacen por otras, ya que experimento que la felicidad de éstas es la mía. Igualmente siento agradecimiento por todo lo que recibo de los demás, por pequeño que sea, que no tienen obligación de hacer por mí; por lo que me hacen quienes tienen un deber contractual conmigo porque podrían no cumplirlo o porque si no estuvieran dedicadas a hacerlo yo me quedaría sin su prestación pese a que tuviera dinero para pagarla; y también por lo que provenga de alguien a quien yo haya aportado algo con anterioridad, porque, cada vez en más ocasiones, cuando realizo algo por el prójimo, por mi parte, cierro el círculo sin esperar a ser correspondido y lo demás que obtenga me viene por añadidura, después de haberme sentido compensado por la Vida. Todo ello está contribuyendo a que la envidia vaya batiéndose en retirada, no sé si en franca, pero sí en retirada.

Por otra parte, es progresiva la admiración que voy sintiendo por la imponente entrega incondicional de la Maestra por el Despertar de todos los seres, que se ha convertido en una referencia, para mí, de un valor incalculable. También admiro la entrega de algunas personas por las demás, tanto en el entorno espiritual como de fuera de él, de quienes recibo auténticas lecciones de donación personal. La Maestra afirma que lo que admiramos en los demás se realizará en nosotros sin proponérnoslo, porque está en nosotros pendiente de actualizar, razón ésta, entre otras, por la que quedo agradecido de poder sentir admiración por el bien que otras personas son capaces de realizar.

Cuando me entrego al servicio y no estoy tan egocéntricamente preocupado por mí mismo, las demandas afectivas de establecer una relación de pareja, que todavía perduran, no hacen su aparición en primer plano y me vivo, entonces, como si no las precisara, dado que la Vida me está llenando. En esas ocasiones, entiendo que ha sido bueno para mí el hecho de que no pudiera embarcarme en algunos proyectos deseados, porque si estoy pendiente de que otra persona cubra mis supuestas carencias, esta pretensión que me desvía la atención que debiera poner en vivirme en mayor conexión con mi auténtica naturaleza de ser, deviene en reclamación y ello hace que mi entrega a la otra persona no pueda ser totalmente desinteresada y viva de forma frustrante la relación al no verse satisfechas mis expectativas, porque aunque la otra persona me pueda amar, es imposible que me dé el amor que soy en mi interior y esa es, realmente, mi auténtica demanda. Es por ello que, en esos momentos, creo que la Vida me protege, mejor dicho nos protege.

Altamente gratificante me resultó la aislada experiencia vivida en la ayuda que le pude proporcionar a una de las personas que, en mi nivel, más he amado, sino a la que más, quien a su vez, dejando a un lado al Bodhisattva Jesús y a la también Bodhisattva Antxoni cuyo Amor es inconmensurable, más me ha amado. Sabía que la quería, pero nunca sospeché que tanto ni de aquella manera, porque permanecía en la creencia de que el amor que sentía por ella seguía, en buena medida, siendo interesado, por todo lo que me reportaba y por la convicción que tenía de que siempre podía contar con ella. Para mi asombro, pude constatar que la amaba con independencia de lo que me aportara, que su alegría era la mía y su dolor también, que su vida era para mí muchísimo más importante que la mía, que mi vida cobraba sentido haciendo todo lo que pudiera por la suya, y que el grado de entrega que tenía hacia ella y la que estaba dispuesto a tener si hubiera sido conveniente o necesario, no tenía ningún mérito, entendido éste como sacrificio, porque era expresión natural del amor que sentía por ella y no podía ser de otra manera, porque ineludiblemente era así y tengo la sensación que no vivirlo de esa forma hubiera sido como actuar intencionadamente contra natura. Creo, que es por ello que cuando en un periodo corto de tiempo, por causa ajenas a mi voluntad, no pude dedicarme a ella, el fuerte dolor que me embargó, se sumó al sufrimiento, que por otra razón me agobiaba. Tengo muy claro, que este nivel de amor y entrega es como un oasis en el desierto, es decir, que solo lo he vivido con esta persona amiga, y que ni de lejos lo siento por otras en general. Con esta pequeña experiencia comencé a comprender dónde se asienta la infinita entrega de los Bodhisattvas. La Maestra ha solido comentar, que la realización obtenida en la total y absoluta entrega consciente a una persona se realiza en todas y es posible alcanzar con ella el Despertar.

Con todo lo dicho, no quiero dar a entender que ese sea el nivel de realización que he obtenido. Soy consciente de que, al menos en esa dimensión, son vivencias puntuales debidas al hecho de contar con el gran aporte energético de la Maestra, sin el cual no hubieran sido posibles; que son también, en parte, el fruto obtenido por la entrega al servicio, pero que en cualquier momento pueden acabarse “los bonos” si me duermo en los laureles; y que en las recaídas, debidas a la erupción del cuerpo emocional acumulado en el pasado, pierdo el tono vital que tenía y preciso del soporte y ayuda de la Maestra. Esto último es lo que me ocurrió, hace unos nueve años, tras vivir una experiencia interna amorosa, que englobaba a todas las personas con las que me relacionaba, incluidas las que rechazaba hasta entonces, acompañada de la comprensión de que paralelamente al desarrollo del amor y la compasión, debía de darse en mí, también, el del discernimiento y el del potencial energético, perdiendo todo ello cuando polaricé, de modo sufriente, toda mi atención en los intrincados vericuetos por los que discurría una relación que pretendí fuera de pareja transitoriamente, sin que al final se hiciese realidad, lo cual me recuerda siempre un cante interpretado por el extinto compositor y “cantaor” flamenco Enrique Morente, que dice: “Me olvidé de Dios. ¡Mira, qué Gloria más grande yo perdí! Por ti, me olvide de Dios y ahora me voy quedando sin Gloria, sin Dios y sin ti. Por ti me olvide de Dios”.

Todas las vivencias reseñadas cobran, para mí, una gran importancia, porque son una confirmación de que me hallo en el camino correcto, porque me anticipan, a pequeña escala, la grandeza de la Gloria esperada y porque son un acicate para proseguir en la práctica meditativa. Cuando me vivo en esa calidad de amor, después de los muchos años transcurridos en la práctica del Dharma, siento que aunque fuera solo por esos momentos, ha merecido la pena, con creces, la dedicación, porque “no importa el tiempo si la dicha es buena”. Puede que no despierte en esta vida, pero sé que el camino de la espiritualidad consciente es el único que me va a llevar a la iluminación, y todo el recorrido que haga ahora, será el que tendré adelantado para la próxima, y que la meditación junto con la entrega desinteresada a los demás y el compartir desde el corazón, son los vehículos que me van a permitir recorrerlo con mayor celeridad y seguridad, si sigo contando con la imprescindible Guía Espiritual. Algunos definirían esta actitud como perseverancia, yo, como “tozudez de un capricornio”, pero bromas aparte, si la puedo mantener, es, realmente, gracias a la Confianza que la Consciencia ha depositado en mí a través de la Maestra.

Lo que les ha caracterizado a los tres Seres Despiertos que he tenido la inmensa fortuna de conocer en esta vida, es su amor plasmado en el servicio, entendido éste como una entrega total y desinteresada a los demás. Cuando conocí al Bodhisattva Jesús, era ya un Ser Despierto, que me conmocionó por su impresionante entrega por el Despertar de todos los seres. Su continuadora, la actual Maestra Antxoni Olloquiegui, era, antes de conocer al Bodhisattva Jesús, una persona entregada a nivel personal, familiar, laboral y social, que bajo la guía de su Maestro se volcó en el servicio consciente sin reservas y alcanzó el Despertar siendo, a partir de entonces, monumental su dedicación a asumir y transformar el inconsciente colectivo de la humanidad, centrando su atención en la liberación de los seres que influyen en dicho inconsciente. Sin entrar en pormenores diferenciadores, la entrega a los demás de Edurne Olloquiegui antes de su Despertar, acontecido los días previos a su fallecimiento, tras una impresionante entrega del ego, a la que por azar asistí, tiene, pese a sus diferencias, muchas concomitancias de fondo con la de su Maestra Antxoni Olloquiegui. Y, tras su iluminación, estando postrada en su lecho, totalmente debilitada, sin poder hablar, habitando en un cuerpo en extinción, se entregó a una actividad incesante, repitiendo milagrosamente mantrams y realizando mudras por el Despertar de todos los seres, intentando que los próximos pudiéramos acceder a vivirnos en el estadio en que ella por fin residía y repartiendo a raudales un inmenso amor a quienes tuvimos la tremenda suerte de estar a su lado.

A la hora de ordenar todas las ideas que me iban viniendo antes de escribir este escrito, me invadió la convicción de que para que mi Despertar llegue a ser una realidad, mi entrega al servicio desinteresado a los demás debe ser total, y que la más mínima reserva, resistencia, o carencia de motivación, serán, entre otras cosas, lo que me separe de la iluminación, serán la barrera, grande o pequeña, pero barrera, que me impedirá vivirme de forma permanente en la Unidad de la Consciencia. Entiendo, que sin esta condición, todas las vivencias meditativas y todas las experiencias místicas que pueda llegar a vivir, como en el caso de los dioses, tienen que revalidarse con ese amor incondicional y entrega absoluta, por el Despertar de todos los seres sintientes de todos los planos de conciencia. En conclusión, remitiéndome al titular de esta reflexión, el servicio como auténtica donación da sentido a la vida de quienes no hemos despertado para poder alcanzar ese estadio y a los que lo han hecho, para expresar su auténtica naturaleza de Ser. Es decir, que dormidos o despiertos, ha de materializarse el servicio en la vida.

Doy infinitas gracias a la Maestra Antxoni Olloquegui por toda su entrega, a todos los niveles, por el Despertar de todos los seres, entre los que estoy incluido.

Ruego, también desde estas líneas, a la Consciencia, que se dé cuanto antes el Despertar de todas las criaturas sintientes, en especial de las del planeta Tierra. Y para mí, que soy remiso a pedirle algo, teniendo en cuenta que “se nos concederá lo que pidamos” de corazón, conscientemente y sin dudar un solo instante de que será satisfecha nuestra demanda, solicito que, con la mayor premura, se dé en mí una actitud abierta, sin reservas y desinteresada al servicio por los demás, y que ello redunde en el beneficio del Despertar de todos los seres.

¡Om Mani Padme Hung!