EL CUERPO HUMANO VEHÍCULO IDÓNEO
PARA EL DESPERTAR CONSCIENTE

 

Los primeros meses posteriores a la desaparición, en mi vida, de una persona muy querida, todos los días venía a mi memoria su imagen. La extrañaba pero no sufría su ausencia. Sabía que se hallaba bien y ello era motivo de alegría. Me encontraba en paz y animado. Al rememorarla, los recuerdos de todo tipo se agolpaban en mí como si quisieran disputarse entre sí un espacio preferente intentando ocupar el lugar más privilegiado de mi escaparate mental, como si cada uno anhelara ser mi predilecto. Y eran tantos y tan buenos los recuerdos que la elección, de haber querido llevarla a efecto, hubiera resultado muy dificultosa. Al evocarla brotaba siempre en mí un reconocimiento amoroso por todo lo que había supuesto en mi vida. En las ocasiones en las que me emocionaba y las lágrimas despuntaban, iban asociadas a un sentimiento de gratitud pero no de dolor o al menos no lo detectaba. Ese estado de placidez y calma iniciales lo atribuí, acertadamente como pude corroborar posteriormente, al dadivoso y generoso aporte energético extra de la Maestra del Centro de Meditación Budista Karma Samten Ling y a la acción amorosa especial proveniente del ser querido ausente.

-Las cosas de la vida son como son y hemos de vivirlas con aceptación- reiteraba la Maestra y prosigue haciéndolo incansable con todos los que acudimos al Centro a meditar. Al comienzo, viví la pérdida con una serena admisión aparente, pero las hojas del calendario fueron pasando y seguí recordándola un día sí y otro también. Junto al sentimiento inicial de agradecimiento fue emergiendo paulatinamente y de forma solapada el de la tristeza, llegando a una coexistencia en la que parecía que dicha simbiosis fuera indisoluble. Esta pena tan familiar, compañera asidua de mi viaje terrenal, tenía que ver exclusivamente conmigo y no con el ser querido por quien en todo momento me he alegrado profundamente por la transformación operada en su existencia.

La amargura para mí residía en el hecho de no poder ya contar con dicha persona, al menos de la misma manera en que venía haciéndolo. Su recuerdo reiterado  llegó a reavivar el dolor de mi cuerpo emocional acumulado o inconsciente individual pendiente de liquidar, en concreto en lo referente a las vivencias de desamor, abandono y soledad acopiadas. Estas sensaciones, que me han llevado desde muy niño a buscar de forma errática en el exterior la felicidad y la plenitud ya existentes en mi interior, procurando compulsivamente obtener el amor, el afecto y el reconocimiento ajenos, fueron resurgiendo, y el dolor de mi cuerpo emocional volvía a reclamar, como lo hace periódicamente, más sufrimiento para pervivir en su lastimosa existencia.

Las vivencias meditativas parciales de la Totalidad que experimento son un claro referente en mi vida, pero al no residir establemente en mi auténtica esencia, mi inconsciente no purificado que no se resigna a perder el desolado territorio conquistado, mantiene su bastión intentando orientar mis pasos tras las quimeras exteriores utilizando para ello todo tipo de artimañas, arguyendo la compatibilidad entre la búsqueda interna y la externa con interesados razonamientos lapidarios alejados de la ecuanimidad, que de seguir rigurosamente sin más consideraciones me avocarían a buen seguro al tránsito unidireccional por los senderos pedregosos egoicos con abrojos y espinos, muy alejados de las fértiles y floridas veredas espirituales.

Cuando al recordar a este entrañable ser comencé a sentir tristeza por la separación física sobrevenida le resté importancia a esta emoción que se manifestaba impuntual y fugazmente. A medida que fueron aumentando la frecuencia de la amargura, su intensidad y su permanencia, entendí que este asunto tenía una mayor trascendencia que la que quería atribuirle. Se estaba manifestando la angustia existencial. Era preciso, por tanto, que se diera en mí una apertura a la Consciencia para que desde la meditación se fuera liberando esa parcela de mi inconsciente.

El recuerdo de esta persona y la subsiguiente añoranza hacían aparición en los momentos que consideraba menos oportunos para poner en práctica la enseñanza de la Maestra. En esas ocasiones, para no ahondar más en la aflicción, me parapetaba centrándome exclusivamente en la respiración abdominal cortando de ese modo la emoción emergente o si me encontraba con dificultades para seguir el compás respiratorio desviaba la atención poniéndola en otro lugar, postergando el necesario y auténtico trabajo interior a otro momento, me decía, más propicio para ponerlo en práctica, no hallando posteriormente en ninguna ocasión ese espacio de tiempo favorable que me prometía. Si bien estos recursos me permitían no mantenerme atrapado de forma victimista en la espiral de la emoción, alimentándola inconscientemente, lo cierto es que esa parte de mi inconsciente no se liberaba, persistiendo de forma soterrada la insatisfacción que condicionaba mis estados de ánimo diarios y el tono vital cotidiano aunque no quisiera verlo. En realidad estaba huyendo de vivir conscientemente en el cuerpo esa emoción dolorosa a través de la meditación para que fuera liberada.

Los casos de Despertar súbito son excepcionales. Prácticamente casi la totalidad de los seres humanos, según la Maestra, el único medio que tenemos de acceder a vivirnos permanentemente en nuestra esencia consciente es la meditación, que ineludiblemente ha de pasar por una apertura a la Consciencia desde la toma de conciencia en todas las manifestaciones que se dan en nuestro cuerpo físico humano para poder vivirlas todas ellas de forma consciente. Es preciso que lleguemos a mantener esa atención profunda en todo momento, las veinticuatro horas que tiene el día en todos los de nuestra existencia.
–Poco más hemos de hacer para despertar- rubrica la Maestra, pero de sus palabras se deduce que tampoco menos.

En múltiples ocasiones hemos oído los meditantes a la Maestra
–… El cuerpo físico es la puerta de entrada para vivirnos en nuestra Identidad profunda Consciente…- y –… Es a través del precioso cuerpo humano, que dice el budismo, que despertaremos…
-. En otros momentos ha ampliado esta información puntualizándola y matizándola
–… Por una parte existe la Realidad Absoluta o Dharmakaya y por otra la realidad relativa… En lo relativo nuestro cuerpo físico es muy real… A través de la realidad relativa conectamos con la Realidad Absoluta… El cuerpo físico es la parte externa de nuestro ser real… La dimensión interna y la externa son una misma realidad…-. Hay toda una metodología para esta práctica meditativa que la Maestra pormenoriza a diario en las meditaciones dirigidas. Además, en los tres retiros anuales que tenemos en el Centro Karma Samten Ling nos muestra el panorama sobre la purificación en los cinco cuerpos del despertar del ser humano, nos orienta el trabajo a realizar con las energías y nos guía en el itinerario consciente en el interior del cuerpo que permite a la Consciencia llevar una transformación celular de la inconsciencia codificada, ya que sin un método concreto no se puede entrar en el cuerpo.

Por tanto, en lo teórico sabía perfectamente lo que debía de hacer ante la situación anímica por la que atravesaba. No podía alegar ignorancia. Es decir, tenía, como en otras ocasiones y con otros temas,  que vencer la resistencia egoica y poner en práctica la enseñanza de la Maestra sobre la meditación, aceptando y permitiendo que la emoción de tristeza se expresara físicamente para que poniendo la atención en ella fuera posible que se estableciera la conexión con la atención consciente desde donde pudiera observarla lúcidamente dando paso a la acción purificadora de la Consciencia que disuelve toda la negatividad.

Al poco tiempo de haberme determinado firmemente a aplicar la enseñanza de la Maestra también al caso concreto de la tristeza por la pérdida de la relación con la persona amiga, una conversación que un día sostuve antes del comienzo de la primera de las sesiones de meditación del Centro Karma Samten Ling, se reprodujo mentalmente al inicio de la práctica, contribuyendo a que ella retornara a mi memoria y con su recuerdo volviera a hacer aparición la pena. Aquella era la primera ocasión que me acontecía este proceso estando sentado en la práctica meditativa.

Se había hecho el silencio en la gompa de meditación. La Maestra iba desgranado  su enseñanza
–Comenzamos la práctica grupal de shamata mediante la conciencia respiratoria. Sentimos el ir y venir de la respiración natural, cómo el abdomen sube y baja, también la tensión distensión abdominal, situándonos en una mente presente, actualizada y en apertura a la Atención lúcida Consciente, desde donde observamos los pensamientos, emociones, percepciones y sensaciones, sin que haya un sujeto egoico para observar…-
En ese momento, tras la toma de conciencia en la respiración, el ego, resistiéndose a observar la sensación de tristeza pretendió sabotear la acción propuesta arguyendo la inconveniencia de llevarla a efecto ante la posibilidad de que prorrumpiera el llanto y ello importunara al resto de practicantes.
-… Con la inspiración respiramos la Paz y el Silencio Conscientes y con la espiración soltamos las resistencias egoicas al espacio abierto de la Mente Consciente…- prosiguió la Maestra.
Mi ego se sintió atrapado. Fue como si yo fuera el destinatario a quien iba dirigida la recomendación. Hice lo que había planteado dándose en mí, tras desaparecer la resistencia inicial, una pacificación mental básica. La enseñanza continuó  acompañada de un gran caudal energético transmitido a través de la Maestra mediante su verbalización, que hacía posible que todos pudiéramos disponer de la energía necesaria para ponerla en práctica.      
-…la Atención lúcida Consciente desde donde observamos los pensamientos, emociones, percepciones y sensaciones. Permitimos que se expresen todos ellos y desaparezcan con cada espiración en el espacio abierto de la Mente Consciente donde la inconsciencia en contacto con la Consciencia desaparece...
- Acepté que la emoción de la tristeza se manifestara. En un primer momento parecía como si se intensificara pero con cada espiración accedí a que fuera desapareciendo en el espacio abierto de La Mente Consciente. Las dos polaridades, positiva y negativa se expresaron al unísono, y al contemplar los pares de opuestos desde la Atención lúcida Consciente se dio en mí un bien superior al estado mental anterior. La tristeza había desaparecido y me encontraba en paz con el corazón espiritual, que está interconectado con todos los seres, henchido de gozo.
-…Al final del exhalar la conciencia respiratoria nos abre más y más a la Consciencia… Disfrutamos al sintonizar con las cualidades de nuestro Ser Real tales como la serenidad estable, la quietud dinámica, que dinamiza la vida cotidiana y el profundo silencio consciente...- propuso la Maestra añadiendo en un momento posterior -…Es fundamental que la atención meditativa sentada la continuemos en nuestra vida diaria de acción y relaciones con los demás…- concluyendo la enseñanza con una invitación -…El rato meditativo que nos queda, a nivel individual y grupal, nos abrimos silenciosamente al cálido Aquí y Ahora o Instante Eterno.-

Con posterioridad a la vivencia meditativa descrita y hasta el momento de redactar estas líneas he seguido recordando a diario con cariño a la persona querida permaneciendo intacto mi agradecimiento a ella, pero sin que, por el momento,  haya vuelto a asomar la emoción de tristeza. El grado de disolución operado en mi inconsciente personal, al respecto, tiene que ver con el nivel de presencia que llegué a tener en la meditación reseñada. El resto queda en espera de ser liquidado de igual manera junto a toda la inconsciencia anidada en el arcón de mi cuerpo emocional acumulado en el pasado.

Salvo en las singulares ocasiones de Despertar repentino, la disolución del inconsciente individual o cuerpo emocional acumulado, imbricado en el oscuro inconsciente impersonal de la naturaleza humana, es progresivo. La dualidad egoica no puede ser saldada en un único acto sino escalonadamente, con una entrega incondicional y perseverante a la meditación, que ha de hacerse extensible cada instante a toda la vida cotidiana.

En el amplio ámbito de la religiosidad y en los distintos periodos históricos el cuerpo físico humano no ha contado con la misma estimación: ha pasado por ser considerado, olvidado, relegado, rehabilitado, ignorado, denostado e incluso mortificado. En la espiritualidad consciente, en el proceso gradual de disolución del inconsciente personal, el cuerpo físico humano cobra una vital importancia, ya que es el vehículo imprescindible para que viviendo conscientemente todas las acciones que ejecute y todos los fenómenos que se expresen en él, podamos llegar a despertar, es decir, a vivirnos permanentemente en nuestra Identidad profunda Consciente o Ser Real.

Como todos los seres estamos interconectados, los cambios efectuados en cada inconsciente individual tienen su repercusión directa, en el mismo sentido y con un efecto multiplicador, en el inconsciente impersonal colectivo humano. Para esta tarea de transformación contamos globalmente, en los albores de esta nueva era del Buda Maitreya, con una importante contribución a nivel energético, que nos facilita inmensamente la labor.

Doy infinitas gracias a la Maestra del Centro de Meditación Karma Samten Ling por su entrega, su guía, y su total donación por el Despertar de todos los seres, así como a todos los budas, bodhisattvas y seres liberados, que están contribuyendo para que el hito del Despertar colectivo de la humanidad sea una realidad a corto plazo y que el hecho de nacer como ser humano sea equivalente a estar despierto.

¡Om Mani Padme Hung!