EL MAESTRO ESPIRITUAL


 Mucho se ha dicho, tanto de forma oral como escrita, sobre el Maestro espiritual. El presente escrito no pretende ser un recopilatorio sobre el tema, ni una síntesis, ni llenar ningún posible vacío si lo hubiere, sino que aspira, con toda cautela, a recoger algunas reflexiones sobre mi particular vivencia como discípulo, entendido en sentido amplio, ya que sería más preciso decir “aspirante a discípulo”, porque sé que expresándolas contribuyo a que se hagan realidad en mí, y por si pudieran también llegar a ser útiles para alguna persona, bien sea desde el asentimiento o la discrepancia, tanto total como parcial. Al igual que lo contenido no abarca al continente, el discípulo hasta que no accede a la realización del Maestro no puede comprenderlo ni vivirlo en su totalidad, es por ello que estas líneas son susceptibles de contener, muy a pesar mío, imprecisiones e inclusive errores.

El rechazo al Maestro espiritual proveniente de quienes, como yo en mi juventud, repudian la espiritualidad, guarda una lógica coherente con su postulado ideológico. Otra cuestión distinta es la postura, legítima por supuesto, de quienes transitando el sendero espiritual rehúsan la posibilidad de establecer un vínculo más estrecho con el Maestro, que vaya más allá de escuchar sus enseñanzas o de acudir a sus charlas o conferencias, pero se niegan la oportunidad de sostener una conexión cercana de Maestro-discípulo.

Gracias a la fructífera relación con mis Maestros se ha instalado en mí la certidumbre de que para despertar es imprescindible acogerse a la guía de un Maestro espiritual despierto. Si hago especial hincapié en el requisito despierto es porque estimo que un Maestro no puede conducir a un discípulo más allá de los límites de su realización. No obstante, si no está al alcance el acceso a un Maestro espiritual que reúna dicha condición, el recurrir a un buen Maestro de meditación permite recorrer una parte del camino espiritual bajo unas excelentes pautas. En lo sucesivo, cuando en este escrito me refiera al Maestro será, salvo indicación contraria, al que ha alcanzado el Despertar.

Por añadidura, ha recalado en mí el convencimiento de que, como dijo Chögyam Trungpa, para el despertar es indispensable que el Maestro esté encarnado en la actualidad, no sirviendo para  alcanzar dicha meta el referente de uno del pasado, razón, entre otras, por la que los bodhisattvas continúan volviendo compasivamente. En lo que a mí concierne, el Maestro vino a mi vida, así como a la de otras personas, y con mi asentimiento se instaló en ella haciéndoseme evidente, por su manifestación, que lo era. Al cabo de bastantes años de intensa relación, abandonó el cuerpo físico, y, tras un corto período de orfandad espiritual, el Maestro volvió amorosamente a mostrárseme, y tuve la inmensa fortuna o extraordinario karma de poder reconocerle, pese a que ya no tenía bigote, dado que en esta ocasión estaba en un cuerpo de mujer. En la actualidad, y, tras muchos avatares, tengo la certeza de que si no hubiera contado con esta segunda oportunidad, habría disfrutado de las bendiciones y protección del Maestro en multitud de ocasiones, pero carecido de la indispensable guía para proseguir por el camino que lleva al Despertar, y me habría perdido en cualquiera de sus vericuetos, cayendo en muchas de las múltiples trampas tendidas por el ego.

Existe un consenso social generalizado que admite que para aprender algo es preciso que alguien enseñe. Así, para doctorarse en una carrera, no despierta ningún recelo el hecho de que tras haber tenido varios profesores expertos en cada materia, un alumno busque la tutoría de un catedrático para realizar su tesis doctoral. En cambio, no goza de similar aceptación la figura del guía espiritual. Personalmente, cada vez se me hace más evidente que para despertar se ha de estar bajo la tutela de un Maestro espiritual, a excepción de quienes han venido siempre como Seres de Consciencia, o han retornado habiendo despertado en otra vida, en la cual sí lo tuvieron que tener. Este último aspecto ha de ser tenido en cuenta cuando nos encontramos con publicaciones o charlas de algunos Maestros, que comparten, su más o menos, espontáneo Despertar en su última reencarnación. Existen también textos en los que, posiblemente, por razón de la materia, no se aborda la figura del Maestro cuando se diseña de forma correcta una práctica espiritual conducente a reconocernos en el Ser que somos. En ambos casos, existe la posibilidad de que algunas personas receptoras del benéfico mensaje se creen, ellas mismas, una expectativa realmente incierta.

En mi trayectoria espiritual, gracias a la ayuda de mi Maestra, recibo la enseñanza adecuada  a cada momento, cuento con los medios y el aporte energético necesarios para llevarla a la práctica, puedo ir asumiendo paulatinamente partes de mi inconsciente sin que me desborde la situación, me va haciendo evidentes los autoengaños de mi ego que cada vez se sutiliza más con tal de perpetuarse y que sin su intervención lo lograría, y dosifica y contiene las distintas energías para que no me superen y sufra sus consecuencias mientras mi cuerpo físico se purifica. Si en el albor de mi camino espiritual me resulta insustituible la figura del Maestro, atisbo que para ir hacia su crepúsculo se convertirá en vital. En este sentido, me parecen esclarecedoras las palabras de quien fue mi Maestro alertando de que llegará el momento en que uno creerá haber despertado y no necesitar ya del suyo sea quien fuere, recomendando no abandonarlo, y aclarando que será su propio Maestro quien le indique que ya no le necesita, porque en caso contrario su Despertar se postergará en el tiempo.

Muchas personas que llevan una práctica espiritual son reacias a tener un Maestro arguyendo que, los hay muchos falsos y múltiples engaños en el círculo de la religiosidad. La razón les asiste en la detección del mal. Evidentemente, al igual que en todos los terrenos sociales, en el “supermercado de la espiritualidad”, visto desde la polaridad negativa, existe el fraude, que abarca a todos sus ámbitos, comenzando por los institucionales de las diversas religiones en las que se encuentran personajes que carecen del grado de realización que se atribuye al rango o titularidad que ostentan; siguiendo por distintas organizaciones y grupos en los que sus líderes, a pesar de lo que se manifieste, no son Seres realizados, llevando incluso algunas de estas asociaciones una actividad peligrosa o meramente lucrativa, y que no son, precisamente, todas las denunciadas interesadamente por los medios de comunicación; y concluyendo con el amplio espectro de las personas independientes que desde los distintos campos en los que operan, ejercen, amparados en su prestigio personal o profesional, de maestros sin serlo, incluyendo, en este apartado, a algunos discípulos de auténticos Maestros, que por patinazos egoicos de vanagloria hemos podido ir de “maestrillos” con aquellos practicantes nuevos o con las personas con las que nos relacionamos, sin que haya mediado una solicitud o autorización del Maestro para ello.

Mirando este tema desde la polaridad positiva, nos encontramos con que, realmente, en el planeta Tierra existen auténticos Maestros espirituales, que, a excepción de los que han despertado por primera vez en esta vida, son encarnaciones de budas y bodhisattvas, y que desde su infinita compasión vienen tomando continuadamente un cuerpo físico con el único objetivo de contribuir al Despertar de todos los seres, especialmente de los humanos. Estos Maestros pueden: provenir de cualquier país, pertenecer a cualquier etnia y estrato social, poseer un cuerpo físico masculino o femenino, tener cualquier edad,  ser capacitados o discapacitados, hallarse en el seno de cualquier tradición religiosa o ser independientes u ocupar diversos puestos en cualquier organización social o política, ejercer cualquier profesión o estar inactivos laboralmente, y tener o no un reconocimiento de su realización espiritual.

La cuestión reside en poseer el excelente karma de encontrarse en el momento preciso con un auténtico Maestro espiritual que acepte que uno sea su discípulo y éste pueda reconocerlo. Este acontecimiento y el Despertar, que están interrelacionados, son, en mi opinión, las mayores dichas que un ser humano pueda tener.

Un Maestro espiritual despierto es un Ser totalmente libre, aunque pueda estar recluido, porque se reconoce en su esencia como Consciencia, y sus actos, totalmente impredecibles, son expresión de Ella. Al ser libre, respeta escrupulosamente la libertad ajena. Un auténtico Maestro no hace proselitismo, ni condiciona la voluntad de los demás, ni aún para favorecerlos con lo más preciado que es el Despertar. Es como la exuberante flor que junto al camino emana su aroma dispuesta a que quien quiera detenerse y olerla pueda disfrutar de su fragancia, a la vez que permanece expuesta a las distintas reacciones que pueden ser de indiferencia, interés o rechazo. Todas sus acciones están orientadas a que las personas vayan hacia sí mismas para encontrarse en su identidad profunda, y no hacia Él, dejando claro, a quienes se le acercan en solicitud de guía, que no puede hacer despertar a nadie, porque el camino lo ha de recorrer inevitablemente cada uno.  

No responde un Maestro despierto a pautas psicológicas, por lo que para intentar definirlo en su manifestación en el plano del Nirmanakaya, hay que recurrir a la expresión de sus cualidades de Sabiduría total, Amor imparcial hacia todos los seres y Energía plena para materializar los planes de la Consciencia con una entrega que no conoce límites. La descripción meramente aproximativa de dichos atributos, que excede los márgenes de este escrito, es grandiosa, pero el que más me conmueve es el del Amor, que con sus oleadas va convirtiendo en fina y preciada arenisca el corazón más rocoso.

La relación del Maestro y el discípulo se da de mutuo acuerdo, bien sea expreso o tácito, pudiendo prescindir de ella en cualquier momento, y no supone la renuncia del discípulo a ninguna parcela de su supuesta libertad, sino todo lo contrario, ya que la acción del Maestro es orientadora y de guía, y está encaminada a que el discípulo vaya adquiriendo cada vez más libertad, a medida que va integrando aspectos de su inconsciente que le permiten ir liberándose del yugo del ego que lo tiene sometido. Es el Maestro quien, siendo el ejemplo vivo de su Enseñanza, deposita la certeza en su discípulo, que la va adquiriendo en la medida que la pone en práctica con resultados positivos, llegando  a ser ratificada  mediante una incuestionable confirmación interna. En los comienzos de la relación con mi Maestro confundía el ser libre con hacer lo que quería, sin darme cuenta que me vivía completamente condicionado, por lo que mis decisiones carecían de la libertad que les atribuía. El Maestro no demanda ni precisa nada de sus discípulos, en última instancia, lo único que anhela es que éstos le entreguen el ego para que puedan vivirse en su auténtica naturaleza de total plenitud.

Un Maestro genuino, lleva una actividad ininterrumpida desde una total entrega, por el Despertar de todos los seres sin excepción; imparte una enseñanza siempre viva, que no es repetición mimética de la expresada por otros Maestros; conoce todas las energías siendo diestro en ellas, protegiendo a sus discípulos de aquellas que les superen y aportándoles la necesaria para que puedan ir integrando los aspectos pendientes y actualizando las potencialidades del Ser; conoce el karma y los más recónditos recovecos del inconsciente de sus discípulos, lo que le permite aportar una orientación adecuada y precisa a cada uno; atiende todas las solicitudes que se le hacen dando las respuestas más beneficiosas desde el punto de vista del despertar, aunque no siempre coinciden con las que los demandantes quisieran; y sabe lo más conveniente a realizar en cada momento y lo que generan todos y cada uno de sus movimientos, al dejarse guiar por la Consciencia, sin que le preocupe lo más mínimo su propia imagen ni el prestigio social.

La enseñanza más importante de un Maestro es aquella no expresada verbalmente y que abarca a toda la relación con sus discípulos, incluidos hasta los más mínimos gestos. El Maestro es experto en crear situaciones para que aflore el ego de sus discípulos y estos puedan desde la meditación permitir que la Consciencia lo vaya disolviendo, y si no es el momento de encarar su situación, entre, cuanto menos, su energía y vaya operando en ellos hasta que estén en condiciones de afrontar en un futuro su realidad,  acelerando con ello su proceso hacia el Despertar. El Maestro no se conduce por parámetros egoicos individuales ni colectivos, ya que estaría reforzando con su previsibilidad el ego de sus discípulos, sino que crea la confusión, y como expresión de la Consciencia en su presencia, empleando las propias palabras de mi Maestra, “se da la unidad de los opuestos y el caos desemboca como precioso fractal en el mar de la Consciencia”. En el budismo se define a esta sapiencia como “la loca Sabiduría” y en la tradición cristiana haciendo referencia a los poderes de lo Divino se dice que “escribe derecho en renglones torcidos”. A medida que, con el discurrir del tiempo, se van cerrando los círculos abiertos por la incesante actividad del Maestro, y teniendo una distancia emocional ante ellos, es posible maravillarse de la inaudita perfección de su obra, que ningún ser no despierto, por muy inteligente que sea, puede ni siquiera imaginar.

Los discípulos podemos estar muy documentados y entender a la perfección los “juegos” de la Consciencia a través de los Maestros por referencias a las relaciones entre Tilopa y Naropa, Marpa y Milarepa, Krishna y Arjuna, lo Absoluto con Abraham y Job, y Gurdjieff y otros Maestros con sus discípulos, pero cuando nuestro propio Maestro, en sintonía total con la Consciencia, nos hace un pequeño “juego” y éste toca alguna parcela del inconsciente sin integrar, la respuesta, en la mayoría de los casos, no es tan comprensiva y displicente. En algunas de estas situaciones que me ha tocado vivir directa o indirectamente, he asistido a distintas reacciones: algunas personas aprovechan la ocasión para hacer el trabajo sin la mínima distracción, permitiendo que emerja la emoción o sensación que  ha movido la acción del Maestro o Maestra, para que desde la meditación se disuelva en el espacio vacío de la Mente Consciente; otras nos rebotamos, y, en el mejor de los casos, hacemos a medias el trabajo pero continuamos decididamente a la vera de la Maestra; y las hay quienes, no pudiendo reconocer cómo se viven, la abandonan, con mejores o peores formas, negando su realización. De todos modos, como dice Ella, todos los que la han conocido y se han alejado, bien sea desde el amor o el odio, volverán tarde o temprano, y si retornan sinceramente su corazón seguirá permanentemente abierto para acogerlas, el único problema reside en que deberán derribar las barreras que han construido, y cuanto más sólidas o numerosas sean mayor dificultad van a tener para aproximarse nuevamente.

A quienes anhelen el tener un Maestro espiritual les sugiero, lo que decía el mío cuando afirmaba que lo que pidiéramos sería concedido, siempre y cuando nuestra motivación fuera auténtica, la solicitud la hiciéramos desde la presencia en el corazón y no dudáramos de que nos sería otorgado. La Consciencia  tiene destinado para cada ser un Maestro, que hará aparición en su existencia en el momento oportuno, y será con Ese con quien establezca la conexión aunque conozca a más. Cuando se reconoce al propio Maestro es conveniente no ir a la búsqueda de Otros o querer complementar sus supuestas lagunas en otros ámbitos de la espiritualidad o el esoterismo, porque desde la propia desconfianza, es uno mismo quien se divide, y, desde ese fraccionamiento se va haciendo impermeable a su acción. La tendencia a cambiar de Maestro es, en muchas ocasiones, una estratagema del ego, que surge en algunas personas, cuando su inconsciente comienza a despuntar con fuerza, y huyen alegando que no estaban con el Maestro que les convenía, para, si lo encuentran,  volver a repetir con toda probabilidad la misma historia.

Doy infinitas gracias a mis Maestros absolutamente por todo lo que han supuesto y suponen en mi vida, con la clara conciencia de haber contraído con Ellos una deuda eterna, ante la que mi única alternativa, por mi bien y por el de todos los seres, reside en contribuir a la economía universal llevando a la práctica la Enseñanza que vengo recibiendo, para que los cambios positivos que la Consciencia obre en mí, vayan teniendo incidencia favorable en el resto de seres, y cuando alcance el Despertar total, pueda sumarme a la lista de los bodhisattvas que trabajan por el Despertar global de todas las criaturas. Así mismo, les solicito que hasta que se dé en mí dicho Despertar, pueda contar con su guía, y no desaproveche la inmensa fortuna que en este momento me asiste.

Quien fue mi Maestro prometió que al final del camino la carcajada estaba garantizada. Pido, por tanto, que cuanto antes se dé al unísono la gran carcajada de todos los seres y sea escuchada en todos los confines del Universo entero, y para que ello sea factible sigan reencarnándose el mayor número de budas y bodhisattvas posible.