HACIA UN AMOR TRASCENDENTE


Exponemos en estas líneas unas breves consideraciones sobre el amor en la Consciencia, sobre la relación entre la libertad individual y el compromiso espiritual; sobre la confluencia necesaria entre dos seres que desean vivir su relación orientada hacia un amor trascendente.
Pretendemos llegar a todas aquellas personas que desean compartir una relación espiritual y de pareja, y también a todas aquellas que no han podido comprender esta dimensión trascendente del amor por causa de los miedos creados por los condicionamientos culturales y religiosos que han vivido.
El amor que busca la trascendencia es el amor entre seres que pretenden ser libres. Sentirse libre no es ir por libre. Sentirse libre es poder optar por una vía espiritual de la que hemos podido contrastar por experiencia que es efectiva para nosotros. Se puede ser perfectamente libre y ser budista. Se puede ser libre y participar en un proyecto espiritual como el del Centro de Meditación Budista Karma Samten Ling. Es más, cuando se opta por una vía espiritual desde la libertad, es decir, partiendo de la propia experiencia, esta misma vía puede ser nuestra garantía de libertad. Un ser libre lo es porque sabe posicionarse con discernimiento ante todos los acontecimientos que le llegan en cualquier ámbito de su vida. Porque tal discernimiento le lleva a ver las cosas como son y no bajo el prisma de nuestros múltiples condicionamientos sociales, culturales o religiosos. Un ser libre con discernimiento ya no tiene miedo a recibir influencias y puede elegir y elige con quien quiere compartir su vida y su proyecto espiritual vital. La experiencia de nuestra individualidad, como el resto de las experiencias importantes de nuestra vida, es interior. Por eso la libertad se puede vivir en soledad, en comunidad y hasta en las circunstancias tan adversas como una cárcel. Libertad es no necesitar nada para ser feliz y vivir exentos de los condicionamientos a los que continuamente nos atan los apegos.
El reconocimiento primero de un amor que aspira a ser amor con mayúsculas, trascendente, es el reconocimiento de la libertad de la persona con la que quieres compartir ese amor. Y libertad es libertad. Y el propio concepto encierra un aspecto radical, porque la libertad bajo condiciones es libertad condicionada.
Desde este sentido y deseo de libertad para el otro, se puede sentir el gozo de que amar es amar antes que ser amado. Comprender el amor de esta manera nos llevará a potenciar constantemente las capacidades de la persona con la que lo compartimos. Nos alegrará profundamente cada paso que dé en su evolución personal, cada chispa de despertar que viva. Evitaremos toda comparación y no esperaremos compensación por cada entrega que le hagamos.
Pero, además, no se puede acceder a un amor profundo, vivido en la Consciencia y trascendente si en cada miembro de la pareja no hay una determinación clara e inapelable de crecimiento, de apertura a nuestra realidad espiritual, de búsqueda de la propia identidad profunda. Esto es así porque el amor trascendido encuentra su sentido en la disolución de la dualidad que nos separa constantemente de la persona con la que compartimos nuestro amor. Desde esta disolución del dúo, de la pareja, de la dualidad, surge la vivencia de unidad con nuestro compañero-a en el amor, que más tarde progresará hacia una experiencia de unidad cósmica.
Es este proyecto espiritual común del hombre y la mujer, el que les permitirá adentrarse en una experiencia amorosa trascendida, tántrica, universal, de tal manera que se convierten en yogui y yoguini, es decir, un hombre y una mujer determinados a vivir su vida desde la Consciencia en un amor superior, más allá de esclavitudes egoicas y con la única servidumbre de una vida dedicada al servicio a los demás.
Debemos resaltar la importancia que tiene la práctica sexual en esta búsqueda de un amor superior y cósmico. Porque es precisamente la unión sexual de mujer y hombre la puerta hacia la disolución de la dualidad tu-yo, o yo-los otros, disolución imprescindible para acceder a una vivencia de unidad íntima mujer-hombre que nos podrá llevar hacia una experiencia de unidad cósmica, que a su vez nos devuelve a nuestra propia esencia de vacuidad plena, donde las formas, los cuerpos, las individualidades, las dualidades se disuelven en esencia pura. Podríamos decir que la experiencia sexual en una relación tántrica es experiencia mística y catapulta hacia el despertar. Cada acto sexual amoroso es un acto sagrado y cada parte del cuerpo de nuestra amada o amado puede llegar a ser una manifestación sagrada de la propia divinidad, de tal manera que a través de los ojos de nuestra amada podríamos acceder a la propia mirada omnisciente de la Consciencia.