UNA CARA DEL DESAPEGO
Hay muchas formas de entender el desapego, tantas como movimientos
teóricos, aplicados, filosóficos, religiosos, etc.
Yo he leído mucho sobre ellos, especialmente en estos años que mi proceso
de búsqueda interior me ha llevado a beber de tantas fuentes como he
encontrado en mi camino. ¡Que bien lo entendía! Es más, estaba convencida
de haber pasado varios niveles; había tirado o regalado cosas que no usaba
desde hacía tiempo; había dejado marchar de mi vida algunas personas que
no contribuían a mi bienestar; incluso había dejado marchar ideas y
pensamientos.
Pero, ahora es cuando siento el apego más arraigado en mí. Ya no hay nada
que “sobre”, y, siento sus cadenas invisibles aferrándome. Antes el apego
era tan fuerte que ni tan siquiera podía verlo. Pero, ahora que las cadenas
se han hecho más largas puedo tocar el frío hierro de sus barrotes.
Siento que para mí el apego es algo más que un vinculo con las cosas
materiales, es invisible y por tanto ha sido esquivo a la observación.
Pero, en este momento que me enfrento a cambios vitales como nunca antes,
siento dentro de mí el auténtico apego de mi ego en pugna con el desapego
de mi espíritu que intenta ocupar el lugar que le corresponde.
Siento un gran gozo interior que inunda cada momento de mi vida, una
sensación intensa a la par que sosegada, una sensación sincera y honesta
pues no necesita porqués ni explicaciones ni justificaciones, simplemente
ES y su pureza de fondo y de forma se manifiesta en paz alegre.
Hay otros momentos en los que el ego y la costumbre, toman el control de
mi mente y entonces siento lo que dejé en el camino, siento la ausencia de
aquellas sonrisas que me hacían sonreír, de los abrazos que me
acurrucaban, el calor de la amistad y el cariño de aquellas personas que
hoy veo menos. Y me siento triste, se clava en mi corazón la daga de
la añoranza y veo caer tímidas gotas de sangre. Esto es apego, no he perdido
nada, no he renunciado a nada, simplemente mi ego que se siente agredido
por el gozo, trata de ganar la partida recordándome que puedo tenerlo
todo, porque él lo quiere todo. Mas, sé que esto no es posible. La clave
está en decidir y establecer prioridades. Esta es para mí la lección del desapego.
Si hay una decisión sincera, no hay renuncia. Es el ejercicio del libre
albedrío; es aceptar que por mucho que te gustara el triciclo el día que
aprendes a montar en bicicleta, el triciclo desaparece de tu vida por una
decisión personal. Si no es así, puedes volver a intentar subirte al
triciclo, si no sabes fabricar uno más grande, siempre se puede volver
atrás, pero como decía Bécquer “Esas no volverán”.
El desapego, tal y como lo vivo en estos momentos, es aceptar que la vida
es un baile, salir a la pista y moverte al son que marca la música (con tu
propia coreografía). Siempre puedes sentarte para descansar o para dejar
que el tiempo pase, pero si escuchas cada canción con el corazón sentirás
que la están tocando para ti, porque tú pones tus propios acordes con tu
unicidad y entonces bailar es fácil, es dejarse llevar.
Vivimos en un mundo en el que lo único constante es el cambio, puedes
crearte una vida paralela al margen de lo que acontece a tu alrededor
(sólo parcialmente) y si eso te hace sentir bien, perfecto. O, puedes
zambullirte en la vida consciente de todo lo que implica, eligiendo
aquello que contribuya a tu mayor bien, dejando pasar lo demás, y
sintiendo el gozo de saber que eres tú quien escribe tu biografía,
flexible y resistente como el junco, siempre libre porque tienes abiertos
lo ojos de ver y la honestidad para asumir la responsabilidad de tus
decisiones. Este vivir gozoso el cambio es para mí hoy la manifestación
del desapego.
Aunque en alguna ocasión la tristeza entre en escena, la miro y le doy las
gracias porque me permite valorar momentos pasados y le agradezco también
que sea mi maestra pues me permite reafirmarme en mis decisiones (gozo
interior y ego, no son compatibles) y me da una lección de humildad pues
por mucho que uno crea que ha crecido siempre se puede crecer más.
La orquesta está tocando,
¿Quieres bailar?

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