Sobre el Desapego


 

De todas las cualidades que puede desarrollar un ser humano, la más importante es el Desapego” nos dice Antxoni Olloquiegui, nuestra Maestra, por activa y por pasiva en sus enseñanzas.

Y ciertamente así lo entiendo.

Entiendo que en el Desapego las relaciones interpersonales crecen, libres del yugo posesivo de los celos; se reproducen, sin la imposición de mis o de tus ideas sobre las tuyas o sobre las mías, y nunca mueren, pues nada mata el deseo de volver a comunicarte con quien mediante la comprensión y el respeto mutuos percibes como complementario.

Quisiera hablarte del Desapego mas, cuando me pongo a ello, cruza por mi mente la llamarada de los celos.

¿Quién no se ha dejado llevar alguna vez por su delirio de envidia, desamparo y vergüenza? ¿Y quién no ha intentado librarse de ellos, bien sacudiendo, a quien corresponda y con frecuencia también a quien no corresponda; o bien huyendo para evitar el dolor, aunque ello suponga prescindir del amor?

Quisiera hablarte del Desapego mas, cuando lo intento, surge orgullosa la intolerancia, siempre tan prepotente.

Pues ¿quién no ha pretendido alguna vez acaparar toda la razón sin respetar, sin ni siquiera escuchar al de enfrente, silenciando como sea, de buenos o de malos modos, su voz disidente?

Quisiera hablarte del Desapego, pero en mi “traspiesear” inconsciente tropiezo con un aferramiento tras otro: aferramiento al bienestar económico, al confort, a la salud, a los afectos, al prestigio profesional, a la inalcanzable belleza, a la culpa, a la responsabilidad, a los reproches, o a una chaqueta, a una flor y hasta a este mismo escrito…

Una sucesión rígida de dolores demasiado asfixiante, que aboca irremediablemente a la búsqueda de la felicidad, de la libertad.

Me viene a la memoria el grato recuerdo de una vivencia meditativa - mi referencia – en la que en un momento de intensísima Presencia se me fue concedida la Gracia de experimentar el Desapego.

Es magnífico vivir sin emociones perturbadoras, sin pensamientos inconscientes, sin estridencias, con consciencia.

Las relaciones interpersonales son lúcidas y honestas y en ellas cabe el verdadero amor, sí, ese que no se sustenta en la huida de ningún temor.

Y en cuanto a la realización de las actividades cotidianas, libres de toda identificación, sorprenden por su ligereza, que nada tiene que ver con la indiferencia, pues su ejecución lúcida sin contrapartida alguna tan solo redunda en una notable mejora de su eficiencia.

La entrega a los demás, la vida en general,
se vive de manera natural,
mansa, alegre y plena.

Una vez descubierto que en nuestro interior
tan solo hay gratitud,
corazón abierto,
amorosa brisa,
cuerpo vibrante,
luz brillante.

Energía que desciende y ama y empuja y hasta duele,
porque empuja y empuja y arde,
y abre.

Y el cuerpo se entrega,

y  la mente se posa, gozosa, en el silencio
que nace