Aprendiendo a vivir
 

  • Trasladar las experiencias meditativas a la vida cotidiana”.

  • Vivir la meditación en la acción”.

  • Vivir lo extraordinario en lo más ordinario”.

Son las sabias palabras de mi Maestra que transmiten la solidez sin fisuras de su experiencia. Las escucho aceptando mi condición dual que por un lado anhela verdaderamente y con fruición poder realizar dichas enseñanzas, mientras que por el otro masculla en voz callada: vale, eso está muy bien, pero a ver si consigo que me dejen tranquila y a gustito en mi rincón.

A menudo me vienen a la memoria varios momentos en los que tuve la fortuna de ver a mi Maestra haciendo algunas de sus tareas domésticas. Recuerdo cuanto me impactó por lo inesperado la plenitud, la fuerza, la alegría…, la vida que desprendía. Lejos de mis consideraciones habituales sobre dichas tediosas y poco cualificadas tareas, pensé que aquello tenía que ser fabuloso, lo mejor del mundo, tal y como se le percibía. Así que me entraron unas ganas terribles de ponerme yo también a planchar o a limpiar. En cuanto pude me puse a ello y efectivamente, la experiencia de limpiar aquel baño fue de lo mejor de mi vida, impregnada como estaba del elixir de la amorosa Presencia que transmite nuestra Maestra.

Estas y otras muchas referencias sustentan mi caminar, pues en el filo de la navaja del día a día no hay espacio para la media verdad. La cosa es bien simple: “o estás o no estás”.

Desde hace años acudo a meditar al Centro de Meditación Karma Samten Ling donde junto a otros muchos recibo, con profundo agradecimiento, las enseñanzas impartidas por la Maestra Antxoni Olloquiegui. Tanto en las sesiones diarias como en los tres cursos – retiros anuales, recibimos su exquisito adiestramiento meditativo en el que, desde la toma de conciencia en la respiración abdominal, manteniendo una mente presente, actualizada y abierta a la Atención Lúcida Consciente, observamos el ir y venir de nuestros pensamientos, emociones, percepciones y sensaciones, adentrándonos más y más en nuestro interior, contactando más y más con nuestra Identidad Profunda Consciente, abriéndonos cada vez más a la paz, al amor, a los espacios serenos, gozosos y luminosos de la Vacuidad compasiva.

Algunas veces, tras la alegría y el agradecimiento sinceros que surgen tras este tipo de experiencias gozosas en las que no cabe duda de que “estoy”, asoman tristuras en forma de añoranzas y apegos -la navaja brilla de nuevo- aferradas al bienestar y si me descuido, si me identifico con ellas, desaparezco repitiendo los viejos patrones de comportamiento inconsciente en los que es evidente que “no estoy”.

Pero allí vienen certeras, al rescate, las palabras de la Maestra: “no te aferres, no te apegues, mantén tu mente en el presente y la vida fluirá”. Y si no me apego, si no me aferro, si me mantengo presente, actualizada y abierta a la Atención Lúcida Consciente la vida fluye. Y fluye sin cesar.

Y si observo bien descubro que sucede lo mismo en toda mi vida cotidiana, en cualquier situación, con la familia, con los amigos o en el trabajo. A nivel personal, me resultan muy gravosas las cargas familiares y sobre todo las laborales ya que cuando la cosa se amontona, lo que sucede casi todos los días, me resulta difícil aislarme de los pensamientos intrusos que jalean: debes ir más deprisa, mucho más deprisa, tienes que hacerlo mejor, mucho mejor, sabes que no tienes margen de error… Identificada por completo con el rol social, en esos momentos en los que de nuevo “no estoy”, puedo darme por perdida pues la tensión acumulada me agarrota, me ofusca y casi siempre surgen los contra pensamientos que desde otro ángulo mental reclaman justicia contra la opresión o el abuso al que me siento sometida. De modo que a la vez que debo hacer frente a la carga de trabajo objetiva y real, tengo que soportar mi descomunal barullo inconsciente dual egoico que me deja la cabeza pesadísima y termino “arreglando” la situación salpicando a cualquier despistado que se ha puesto a tiro y que no tiene ni idea de por qué le sacudo de ese modo. Como puedes imaginarte esto termina siempre mal, con una mezcla de frustración, de resentimiento y de culpa que perpetúan el círculo cerrado mental del pensamiento inconsciente.

Sin embargo, también tengo experiencias de vivir estas mismas circunstancias de otro modo, cuando recuerdo una vez más las palabras de la Maestra que me indican: “no rechaces, no niegues, acepta el instante desde una mente presente y la vida fluirá”. Y si no rechazo, si no niego, si no juzgo, si acepto el momento, en definitiva: “si estoy”, mi mente se abre al instante presente y la vida fluye. Y fluye sin cesar. Si respiro y me doy cuenta de ello, si me actualizo abriéndome a la Atención Lúcida Consciente, percibo fácilmente los pensamientos mucho más distantes, como inofensivos garabatos muy desdibujados que pasan sin dejar ningún rastro. Faltaría a la verdad si no dijera que no es infrecuente que en los aparentemente peores momentos en los que parece que no voy a ser capaz de aguantar más, aquellos en los que con más evidencia se manifiesta la rendición del ego, es cuando la vida se expresa de modo especialmente generoso, abriendo incluso en las situaciones laborales más complicadas amplios y cálidos espacios amorosos de los que todos los que allí nos encontramos participamos. Viviendo en la magia del Eterno presente Instante me relaciono con los demás desde mi espiritualidad más profunda, desde la sensibilidad y el respeto mutuo, percibiendo delicados y bellos matices en mí misma, en los otros y hasta en las cosas de nuestro entorno incapaces de reconocer hasta entonces.

Doy gracias a la Maestra, a la vida, por asistir al milagro de la acción purificadora y transmutadora de la Presencia-Consciencia, y pido con devoción poder seguir siendo partícipe del proceso evolutivo de esta nuestra humanidad hacia el nuevo Ser humano Autotrascendido.

¡OM MANI PEME HUNG!