YO ME COMPRO, TU ME VENDES
                         O AL REVÉS
 


En el “sarao” emocional que llevamos todos los seres humanos No Despiertos, esta afirmación con la que encabezo la presente reflexión, es el pan nuestro de cada día entre las relaciones ya sean sociales, laborales, familiares, ambientales y demás.

La “Pompa y Circunstancia” (a la que tan “bien” supo ilustrar musicalmente, el compositor inglés Elgar) es el andar por casa, cotidiano y común de los mortales dormidos.

Cuando buscamos fuera de nosotros mismos lo que, gracias a nuestra ignorancia, entendemos por Felicidad, nos sentimos más perdidos que un oso polar bronceándose al sol en cualquier playa de Malibú, algo parecido… a un pulpo en un garaje.

Es a partir de nuestra educación-domesticación familiar, escolar, ambiental y religiosa cuando vamos configurando lo que socialmente se entiende por “personalidad”, que en el argot ciudadano viene a ser equivalente al “genio y figura”.

Desde ese ilusorio pedestal, tribuna o patio de butacas vemos el desfile de máscaras, participando (como no) en el baile de disfraces y carnaval con el que entretejemos y entretenemos nuestro efímero paso terrenal.

El malo, el santo, la beata, el empleado obediente, el ciego, el cojo, el eterno rebelde, la niña inocente, el anciano gruñón, la ejecutiva agresiva, el pontífice indulgente, el rico, el avaro, el hambriento, el esperpento en pleno, forman y conforman lo que parafraseando a Desmond Morris, sería el “Zoológico Humano”.

De esta manera identificándonos con el papel a interpretar, crecemos y vagamos en la vida, dando bandazos a golpe de oscuras emociones y consiguiente frustración. No se trata de olvidar el guion que interpretamos en esta representación teatral escenificada cada día a modo de culebrón-telenovela, sino de No creérnoslo en ningún momento.

Una vez fuera del Paraíso Perdido donde habitamos alguna vez, en nuestros primeros pasos, nos sentimos extraños y ajenos con el exterior, amenazados por una desconocida conjura que parece cernirse sobre nosotros. Y a partir de ese momento edificamos el castillo personal al que tan apegados estamos, lo rodeamos de puentes levadizos, de elevadas murallas, de fosos habitados por criaturas marinas devoradoras, puertas-trampa, sinuosas galerías, mazmorras y hasta salón de baile.

En cada personaje se configura un “ego” con sus características pintorescas, unos por defecto y otros por exceso, pero en definitiva Todos muy similares porque los condicionamientos emocionales, en los que estamos sumergidos los seres humanos No Despiertos, no tienen muchas variables. Si leemos sobre cualquier período de la Historia y fijamos de especial manera la atención en aquellos nombres que aparecen en los libros, veremos que tampoco a pesar de su posición social o poder terrenal (del tipo que fuese) pudieron escapar al zarandeo emocional perturbador y sus vidas conocieron los avatares más azarosos, alejados casi siempre de la Felicidad.

Por eso cuando observamos, criticamos y juzgamos las acciones o actos de los demás, estamos realizando sin darnos cuenta la mayor parte de las veces, esa misma crítica hacia nosotros mismos, cuando nos miramos en el espejo del otro y descubrimos, que es nuestra propia imagen la que refleja.

Mientras sigamos identificándonos con ese niño/a no querido, maltratado o abandonado, seguiremos dándonos de cabezazos contra ese muro ilusorio al que hemos dado el poder de transformarse en fortaleza-castillo y seguiremos siendo como el perrillo faldero a la caza y captura de las migajas de afecto y atención del exterior, incapaces de descubrir en nuestro interior el inagotable tesoro existente.

En el camino del Dharma (como expresión de la vida misma) me he encontrado en más de una ocasión con meditantes diciendo que “ningún “ego” quiere Despertar”, como justificando de alguna manera una visión o actitud personal ante las circunstancias.

Es cierto que el “ego” nunca quiere Despertar, pero añadiría para ser más exactos, que también es cierto que hay algunos “egos” que ponen más empeño que otros para que nuestra Identidad profunda Consciente no tome el mando de nuestras vidas.

Es necesario desenmascarar al “yo falso” a fin de que nuestro Ser Real realice el Total Despertar en la mente Consciente. Es cierto que lo que es mera ilusión no tiene la entidad de poder Despertar. Cuando el “yo falso” es reemplazado por nuestro Ser Real o Identidad profunda Consciente, es cuando podemos realizar el estado Despierto en la mente Consciente.

Algunas veces pienso en ese instante último, que algún día nos tocará vivirlo, en que el aliento de la vida se pone en fuga y abandona este cuerpo transitorio. Proyectándose acto seguido ante la mente, en fracciones de segundos, los pasos de baile que han constituido nuestra vida terrena, viéndolos con total claridad sin posibilidad de autoengaño a diferencia de tantas otras veces.

La sola evocación de la muerte y su imagen-reflejo ha estado muy presente en determinados momentos de mi vida, con especial insistencia, en el entorno de los veinte años. Y mi respuesta era de una furiosa-confusión acompañada acto seguido de su correspondiente angustia, en ciclos que podían ser breves o durar varias semanas. La sola idea de desaparecer y ser tragado por la tierra para quedar reducido a nada, producía en mí un efecto revuelta que me acompañó a lo largo de mi vida, hasta encontrarme cara a cara con la Meditación y de su mano, en el camino del Dharma.

A medida que uno mismo toma conciencia y persevera de manera disciplinada, sentada y diaria en esta vía solitaria hacia el Despertar en la mente Consciente, lo que antes te parecía importante empieza a perder peso, lo que antes pasaba para ti desapercibido empieza muy en serio a ser tenido en cuenta. Cuando gracias a la Meditación, podemos ver y comprender el timo que hacemos de la Vida, los conceptos, ideas, ilusiones, metas, expectativas, ambiciones, (la gran farsa orquestada y coreografiada por nuestra mente inconsciente egoica-dual) se tambalean y resquebrajan, para después desplomarse los andamiajes sobre los que hemos construido toda nuestra vida.

Y te vas quedando en un principio algo perplejo, al observar cómo tus bolsillos hasta ahora repletos de lastre, van aligerando su carga. El paso se hace cada vez más ágil, más resuelto y sin embargo uno aparentemente no se mueve, está quieto.

El milagro (porque realmente es un milagro) se va realizando día a día, aprendes a aceptar las luces y las sombras, el bullicio de la alocada mente, a no escaparte del Silencio Interior y sobre todo a reconocerte en él como parte indivisible de un Todo.

En el instante en que te dejas ser abrazado por la Presencia (esa Energía cálida envolvente que siempre está con nosotros, aunque No nos demos cuenta) las correas-cepos-grilletes-cadenas con los que nos atamos y cargamos de creencias religiosas, ideas políticas, moralinas de catecismo laboral, familiar, de cuadrilla de amigos, se caen por sí solas. Ese, es el momento en que tus alas espirituales de manera espontánea y natural, empiezan a crecer y un suave-dulce vuelo te adentra sin ningún esfuerzo en el interior de la mente Profunda-Despierta.

Lugar desde donde contemplo el caos de mi existencia, de mis relaciones de intercambios, del papel moneda que maneja mi vida, de los miedos hasta de respirar, de mi convulso libro de familia, de mi esmerada educación para llegar a ser en todo… el primero.

Cuando consigo verlo con claridad y verme en mi propia salsa, no puedo por menos que esbozar una sonrisa o con un poco de suerte contener una sonora carcajada, más que nada para no perturbar la meditación de quien se sienta a mi lado.

Sí, soy tan afortunado de ser “espectador” y poder contemplar mi cinematográfico Big Bang emocional, donde el aparente caos es el orden, donde los últimos serán los primeros y los primeros últimos, donde el amor convencional de a dos es una caricatura del Amor y donde nada de lo que creo ver es real.

Porque la Consciencia no entiende de plusvalías, de pérdidas o ganancias, de afectos exclusivos, ni de asientos reservados por derechos de antigüedad supuestamente adquiridos. Flaco favor me hago como meditante si no estoy muy atento a todas estas perversas jugadas especulativas de la mente egoica.

Y en medio de todo este simulacro de campo de batalla, la presencia aleccionadora del Maestro entregándose hasta el último aliento y en ese aporte energético, si estamos abiertos de mente y corazón, con la pértiga virtual que nos proporciona la Meditación, fuertemente agarrada con ella entre las dos manos, podremos elevarnos en el aire hasta alcanzar la otra orilla, saltando por encima del oscuro río inconsciente personal y “la otra orilla” significa… El Despertar en la mente Consciente.

Lugar donde nos encontraremos algún día… Todos los seres.