SIN MALETAS, SIN EQUIPAJE
                          Y VOLVIENDO  A CASA
 


Cada mañana cuando abro los ojos al despertar del sueño nocturno, doy las Gracias por ver amanecer un nuevo día, por comenzar una inédita jornada, por tener la oportunidad de seguir dibujando y pintando en el lienzo personal de mi vida, para ir depurándolo de sus imperfecciones (mejor dicho, de sus innumerables borrones).

A medida que el paso ilusorio de los años, va agotando la agenda-calendario que a todos nos regalan en el mismo momento de nacer a este espacio cósmico de tiempo parcial, solo tienes dos posibilidades o salidas para atravesar el laberinto.

Una; vista la imaginaria-increíble pirueta de triple salto mortal sin red a realizar, lo más seguro es que tengas un ataque de pánico y te quedes paralizado de por vida, al borde mismo del trampolín cuando este te invita al chapuzón en la piscina Vital.

Y dos; que afrontes el riesgo de vivir la aventura de la Vida, en busca del Despertar en la mente Consciente.

La inmensa mayoría de los mortales humanos optamos por la primera posibilidad y consumimos-gastamos el tiempo de nuestro almanaque, en buscar y obtener las apariencias más favorables a nuestros intereses personales-materiales, efímeros e impermanentes como nosotros mismos, con la ingenua creencia de que su duración podemos perpetuarla.

En el colegio tenemos el primer gran escenario donde preparamos y comenzamos el ensayo general, de lo que solo unos pocos años después, desplegaremos en el mundo adulto.

Es el lugar ideal en el que se despiertan las primeras importantes envidias-competitivas y buscamos en los otros todo aquello que imaginamos nos falta a nosotros. Ser el primero de la clase y si esto no es posible, luchar con todas mis fuerzas por pertenecer al grupo de los “selectos elegidos”. Destacar, figurar, aparentar, ser el centro de atención, que me quieran, que me acepten, aprender a engañar, experimentar el arte de la manipulación, (esto último es una asignatura primordial para triunfar en “sociedad”, véase la clase política, financiera, religiosa, etc. y descendiendo en el escalafón podemos llegar hasta nosotros mismos).

Con estas escaramuzas de la mente inconsciente dual-egoica, transcurre más o menos, el período que va desde la infancia-adolescencia hasta que un día casi sin darnos cuenta, de pronto, nos sentimos inmersos en el mundo laboral. En la tienda, en la oficina, en el colegio, Universidad, en la consulta privada, en el despacho profesional, en el colegio de supervisores de nada, en cualquiera de los sectores de la industria fabril o de servicios ciudadanos.

Y volvemos a repetir el mismo ritual de códigos o normas adquiridas, heredadas del exterior y nos hacemos creer a nosotros mismos desde nuestro “turmix” mental como si fuesen propias, reafirmándonos en la idea-espejismo de sentirnos libres a la hora de hacer-decidir, en tal o cual cuestión.

Esa creencia de libertad sugestionada, viene a ser algo así, como la zanahoria que le ponen al burro delante de sus narices, para que este siga tirando del carro sin resuello, sin fatiga, sin pausa, hasta el lugar o meta elegida por “otros”.

Nuestras vidas circulan por autovías parecidas, el automóvil puede ser de última generación o de segunda mano. Pero en definitiva lo que importa es que cumpla su función, su cometido.

Así pues, los seres humanos generación tras generación, nos hemos ido reconvirtiendo como el burro a los palos, en “robotitos” sumisos y obedientes con escasa o nula capacidad de opinión-valoración crítica ante nada, ni nadie y mucho menos hacia nosotros mismos.

Tiramos-empujamos del carro, con la ficticia certeza de quien mira a los demás cumpliendo su imaginario deber, sin salirse de la fila, marcando el paso de manera impecable y variando de ritmo e intensidad a la medida que el inexorable paso de los años nos dicta. Y uno tiene muy pocas posibilidades de parar, de bajarse del carro y observar qué es lo que ocurre, qué es lo que está pasando.

Porque es tal la ceguera que aunque mantengas los ojos abiertos, llevas ciego tantos años que solo un milagro “de los buenos” podría devolverte la vista.

Conozco por experiencia la falta de visión en mi persona y muy de cerca, aunque según el oculista tan solo soy un poco miope. Pero no es ésta la clase de ceguera a la que me estoy refiriendo.

Si tienes el valor de tirar la toalla de la inercia, (que es como decir la ignorancia) estás empezando a mejorar, es un buen síntoma de principio el apreciar que el cansancio acumulado que llevamos Todos de girar y girar (como el tango de Gardel) no nos ha llevado, ni nos lleva a ninguna parte.

Empezamos a ponernos en lo físico algo mayores y aunque disimulemos a fuerza de truquitos, estamos donde estamos.

¿Y dónde estamos?...Ni en el Aquí, ni en el Ahora.

Repitiendo como un disco rayado nuestros viejos clichés. Atorados y atascados en el mismo surco. Saltando al son que las emociones perturbadoras interpretan en cada momento y para cada quién. Hoy alegre mañana triste, pasado depresivo-melancólico y al otro eufórico gracias a la farmacopea socializada de alcohol o de pastillas.

Un ejemplo de rabiosa actualidad y que estaba casi cantado su triste final, lo tenemos en la muerte de Jacko, universalmente conocido como Michael Jackson, el rey del pop. El ídolo de oro con pies de barro. Materialmente lo tenía “todo” pero en su corazón latía un niño infeliz y en su mente estaba agazapado un niño paternalmente maltratado.

Su personaje, lo mismo que el de cualquier ser humano No Despierto, era una búsqueda a la desesperada de la Felicidad.

Ese “darte cuenta” del cansancio que describo unas líneas más arriba, puede ser el comienzo de un viaje de vuelta y sin retorno al Paraíso Perdido. A ese tiempo de espacio terrenal en nuestros primeros años donde fuimos totalmente felices, sintiéndonos libres y al mismo tiempo unidos con Todo cuanto nos rodeaba.

Hay refranes que sirven para cada ocasión, que son algo así como unas pequeñas muletas filosóficas, como un paño caliente para salir del apuro, “A quien madruga Dios le ayuda”, “No por mucho madrugar amanece más temprano”, “A Dios rogando y con el mazo dando” (aparentemente contradictorios, pero si los miramos con mayor perspectiva son proyecciones muy claras de cómo nos sentimos y vivimos).

Si tienes la suerte de escuchar en tu interior la llamada del tren…“LA MEDITACION”, no lo pienses dos veces y sal corriendo donde quiera que estés, camino a la estación de ferrocarril más próxima. Lo encontrarás estacionado en el anden SHINÉ esperando su hora de partida, con destino directo y sin paradas a ese espacio atemporal llamado “VACUIDAD”. Desde donde no hace mucho tiempo tanto tú como Todos nosotros, nacimos a esta forma física humana y donde volveremos sin maletas, sin equipaje, dejando atrás todo lo acumulado e innecesario en nuestro caminar por este holograma, al que eufemísticamente llamamos “realidad”.

No es frecuente, ni fácil, (aunque ahora no te lo parezca) que vuelva a presentarse en breve otra oportunidad semejante. Deja todo lo que tengas entre manos por muy entretenido e importante que esto sea. La ocasión se te revela como un regalo y está esperándote. Participar en este viaje depende tan solo de Ti.