PASEN
Y VEAN... LA MESA ESTA DISPUESTA
Próximas las fechas de la Navidad, que ya se avecinan, esperadas
vacaciones para unos, agobios laborales para otros. Compromisos sociales,
de bonitos regalos, comidas especiales, de empresa ó con amigos, veladas
familiares, sentimental reencuentro, volver de nuevo a casa.
Como cada año, la publicidad, nos carcome las entrañas, con sus estímulos
sonoros y visuales. Alterando sin descanso las neuronas, nos invita a
escapar de nuestra angustia vital, en un desaforado y calculado, consumo
de productos, mayormente innecesarios.
La televisión medio de
mayor introducción é influencia, en todos los sectores de población, a
casi dos meses vista, empieza a calentar sus motores, los spots
publicitarios, corren ante nuestra pasiva retina ocular, cual propaganda
subliminal, hábilmente sutilizada, acaramelada, envuelta en oropeles de
papel multicolor.
Y si esta llega y entra, sin
pedir permiso, en nuestro cerebro, de supuestos “adultos”, ¿ cómo
llega, entra y avasalla, en los de nuestros jóvenes y niños ?...
El ser humano occidental, de hoy, está dominado, por el llamado “confort ó
bienestar”, la ley del mínimo esfuerzo, al precio más adecuado a su
bolsillo. En esta sociedad, de la prisa en todas partes, (para llegar
siempre tarde) donde el interés por las cosas de la vida, es fugaz y el
desinterés se parapeta en todos los rincones, en todas las esquinas, y
por qué no decirlo, también en nuestras casas.
¿Qué podemos hacer?... Nos preguntamos, en un descargo rápido, de mala
conciencia.
Podemos hacer mucho. No hace falta buscar lejos, si miramos con los ojos
del corazón, veremos, en nuestro entorno más próximo, la respuesta,.. (y
esta, no está en el viento, como decía la vieja canción de Dylan ).
Nos han y hemos, convertido, un gran acontecimiento, para la tradición, de
la cultura cristiana de Occidente, en una orgía de despilfarro a todas
luces, por unos breves días. Y al término de ellos, entre el vaivén del
sueño y la resaca, una nueva ocasión de frustración, individual y
colectiva. Torpemente, cada año repetida.
La celebración, del nacimiento a la vida, del Bodhisattva, Jesús de
Nazareth, fecha simbólica importante, para el orbe cristiano y el mundo
espiritual en general, de ser, una fiesta entrañable, de regocijo
interior, de sincero y leal, amor fraterno, de reencuentro con el “Bodhisattva”,...
ha pasado a ser, un período vacacional, un gran e imparable negocio, para
ese nuevo, “becerro de oro”, llamado “sociedad de consumo”.
El “Bodhisattva” sonríe y espera, contempla lo entretenidos que estamos,
con toda la parafernalia, de que es capaz de organizar, la cabeza pensante
de los seres humanos. Nos mira y su sonrisa, se transforma en una
carcajada Universal, de acogedora Libertad, de Amor y Compasión, de Paz y
Entrega Ilimitada.
Su presencia, a todas partes llega, desde el Bronx neoyorkino hasta
Calcuta, desde la City a Wall Street, pasando por Melbourne hasta
Pamplona.
Si logramos abrir los ojos y mirar más allá de lo que alcanza la nariz, si
miramos sin temor y sin recelos, con amor imparcial y total desapego,
podremos ver en nuestro propio corazón, al Bodhisattva.

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