LOCALIDADES AGOTADAS

 

No se trata de un cartel taquillero, ni de la propaganda anunciadora del último estreno navideño. Tampoco se trata del tradicional Concierto de Año Nuevo, ni de nada que remotamente se le parezca. Estamos hablando, en este caso escribiendo, acerca del curso-retiro de meditación que como todos los años desde el 26 al 31 de diciembre realizamos en Karma Samten Ling.

Arrancamos motores justamente cuando la ciudad se despereza, inmersa todavía entre el sueño y la resaca de Nochebuena y Navidad. Es alentador que entre ese vaivén de bostezos ambientales, en medio del despiste general mecido a ritmo de villancicos y apresuradas compras,  un grupo de más de cincuenta personas busquemos el camino, la ruta o el sendero hacia la Luz Despierta.

Hace más de dos mil años, según cuenta la tradición religiosa, unos pastores atraídos y guiados por una misteriosa estrella, fueron a celebrar el nacimiento del Bodhisattva Jesús en un establo a las afueras de Belén.

Hoy en Occidente y en una ciudad pequeña como Pamplona, la misma estrella que nunca se apagó, nos conduce y guía a los antiguos pastores reconvertidos ahora en oficinistas, maestros, funcionarios, médicos, estudiantes y múltiples profesiones urbanas. A través de la meditación al encuentro con el silencio interior, al descubrimiento de la quietud dinámica, a la reconciliación con la Paz profunda Consciente. Conectándonos a nuestra verdadera y última esencia como seres humanos, la Vacuidad Compasiva.

Eran las nueve de la mañana del sábado día 26. El silencio, el respeto y la devoción se fundían en un abrazo ante el sonido de la campana tibetana anunciadora del comienzo y posteriores sesiones meditativas.

Sí, la meditación disciplinada, diaria y sentada, es imprescindible para cualquier meditante. Algo así como un necesario balón de oxígeno. Un curso-retiro de meditación puede ser el empujón definitivo a una toma de conciencia y determinación, en la que situarnos ante la vida como individuos, como seres humanos genuinos y libres en su travesía de individualidad Consciente.

Ningún curso-retiro es igual a otro, ninguno se repite, porque el meditante que acude tampoco es el mismo. En cada uno de ellos, si estamos en el trabajo de observación meditativa, vemos cómo se adhiere a nuestra mochila interna una capa nueva de sedimento consciente. Esta es una experiencia-vivencia gozosa en la que si uno es realmente sincero no hay vuelta atrás. No es posible ya el autoengaño de creernos felices comiendo perdices.

De ahí el inmenso valor que tiene un curso de estas características. Solo desde la meditación podemos acceder a la felicidad y libertad Conscientes. Saciando la demanda interior en muchos casos desesperada. Recorriendo caminos equivocados que nos mantienen atrapados en el jeroglífico inacabable de la mente inconsciente.

Ya desde antes de iniciarse el retiro, la energía Consciente impregnaba la gompa (sala de meditación). Ha sido comenzar el primer día, la inicial meditación de la mañana con una bienvenida de la Presencia, imponente, imparable, inconfundible. Dejando y poniendo las cosas en su sitio, desde su tacto amoroso y compasivo. Dónde está cada cual y cada quién, sin posibles engaños.

La Presencia se manifiesta en nuestro cuerpo físico por medio de toda esa corriente energética que desciende desde lo alto, bañando con su mágica luz a cuantas personas estemos receptivas a su fluir. Entrando por la parte superior de la cabeza hasta impregnar lentamente a todas las células del cuerpo, en una cálida y continua danza amorosa de unidad total con un espacio infinito-insondable, de sonoro silencio y quietud dinámica. En el que nada es ajeno a nada y donde cada uno forma parte inseparable de un Todo.

Un curso-retiro de meditación puede ser el momento del despertar para determinados puntos o centros vitales de nuestro cuerpo físico, los llamados chakras, que nos sirven como indicadores en nuestra evolución espiritual. En ese proceso escalonado hacia el Despertar Total en la mente Consciente.

Es muy reconfortante escuchar a personas de reciente incorporación a la experiencia meditativa, cómo a lo largo de las diversas sesiones logran reconocer la vibración silenciosa de la energía en todo su cuerpo físico. Descubrimiento que para algunos es inicialmente impactante, sorprendente. Así lo fue para mí en su momento. Esta es solo una pequeña muestra del desconocimiento personal tan grande que tenemos, de nuestro propio cuerpo físico y de sus potencialidades.

No quiero dejar pasar esta ocasión para dar las gracias, a todo ese medio centenar de personas participantes. Por su profundo silencio, respeto y dedicación. En el convencimiento de estar remando juntos en la misma nave, en la misma dirección enfilada hacia el puerto del Despertar.

Si en los retiros anteriores la sensación del transcurrir diario era de una rapidez manifiesta, en este curso-retiro la intensidad vivida en cada hora me ha hecho olvidarme del paso de los días.

Qué puedo decir de la última sesión meditativa. Todavía resuenan en mis oídos los versos a Guru Rimpoche: OM AH HUNG BENZA GURU PEMA SIDDHI HUNG.

Mi cuerpo entero vibraba, se agitaba, dando entrada desde lo alto de la cabeza a un caudal energético de tal intensidad que de mis ojos brotaban lágrimas de gratitud y emoción, al permitírseme contemplar la inmensidad y pequeñez al mismo tiempo.

Gracias al Maestro que es la Consciencia, por ser ese puente abierto de manera permanente, como un gigantesco brazo tendido, como un puerto-refugio en momentos de marejada para los navegantes. Sin él nada de todo esto sería posible.

“En el laberinto de la mente un inmenso océano de sombras, dan paso a una tenue cortina de penumbra y a su vez cuando ésta se descorre, dejando entrever en la distancia más distancia, unos juegos de luces te reflectan y unas voces calladas te lo cuentan y en el silencio se desvela el Todo”.