LA NOCHEVIEJA MURIÓ,
VIVA EL AÑO NUEVO.

 

En medio de la vorágine navideña, a escasos minutos de abrir la puerta grande a un brillante y aparente Año Nuevo, con las uvas de moscatel ( no sé si de la ira o de la esperanza ) en una mano y mirando con la ansiedad que casi siempre nos acompaña, al reloj más cercano o a una pantalla de televisión, donde se nos devuelve la imagen, de otros seres humanos que intentan con un nuevo pretexto, (otro más) huir como las ratas en un incendio, de ese miedo pavoroso a enfrentarse con su íntima y personal soledad.

Voces, gritos, bengalas, serpentinas, cohetes y disfraces (por si nos disfrazamos poco durante todo el año) forman parte de ese aburrido y escasamente imaginativo ritual, repetido en cada ocasión, con las mismas frases rutinarias, bañadas y generosamente regadas por el alcohol y derivados, ¿habré querido decir, drogas?

Es una loca carrera sin obstáculos, para subir a la cucaña más próxima, con el legítimo objetivo de atrapar la Felicidad, que una vez más, se nos esfuma de las manos, como el humo de un cigarro o las burbujas de cualquier espumoso.

Nos hacemos promesas, deseos y buenas intenciones de mejorar, cambiar la ilusión de la mala suerte por otra más favorable (generalmente en sintonía con el dinero).

Y así pasa la fiesta, danzando todos al son de ese flautista de Hamelín, que allá por donde pasa, narcotiza y adormece a las mentes, hasta la próxima fiesta. 

Sin terminar de recobrar el aliento, por el ajetreo y trajín de los pasados días, salgo de casa para dar un paseo y me encuentro rodeado de carteles por todos los escaparates de la ciudad, “Compre dos y pague uno” “Ofertas” “Rebajas” “Tiramos los precios” “Gangas” “Compre más barato” “No deje que le engañen” “ Solo aquí ”. Me pareció estar en medio de la calle, librando un duelo a tiros como Gary Cooper en aquella película de “Solo ante el peligro”. 

Si observamos con detenimiento y detalle, el llamado “Calendario” podremos comprobar como cada mes tiene su “acontecimiento” y su “cosa”. Todo está    perfectamente reglamentado y medido, pudiendo llevar de esta manera un riguroso control sobre los hábitos y pautas de comportamiento de todos los ciudadanos, es decir de nosotros.

Se crean todo tipo de enganches comerciales, a la sombra y amparo de cualquier rocambolesca “tradición” y de esta manera se forma una rueda que gira constante, como una incesante “ruleta de la suerte” de la que es muy difícil salir, sin tener un mínimo de visión o perspectiva, para poder saltar sobre la marcha al pavimento de la Consciencia.

Si eres de esa clase de persona receptiva y abierta, mareada hasta el vómito, de ese girar inconsciente que solo conlleva frustración y angustia, ... no solo a tu vida sino también a las vidas de cuantas personas te rodean. Si en tu fuero interno hay algo que se agita, que grita, que duele como una quemadura; amigo/a te invito a saltar, al ruedo de la Vida, al coso de la Libertad, para lidiar a ese toro morlaco fiero creado por nuestra propia mente egoica, desplegando en el aire el capote de la Meditación. Tal vez te parezca temeraria mi propuesta pero te puedo asegurar, que en el mismo momento en que decidas bajar y pisar la arena, de tu estar aquí y ahora, no te sentirás extraño/a porque cerca y junto a ti, en cualquier parte, miles de meditantes a todas horas desplegamos cada día nuestros capotes, para realizar de manera disciplinada, la faena entre la Vida Consciente y la Ignorancia Egoica.

El mayor tesoro que tenemos los seres humanos, es la Meditación. Ella es por sí sola, la herramienta más valiosa de que disponemos absolutamente Todos, sin distinción de clases, castas ó credos. No hace falta ir a comprarla a ningún lado, es gratis y está dentro de nosotros, tan solo hace falta llamar con sinceridad a su puerta, para que esta de par en par se abra.

Con la práctica meditativa disciplinada y diaria, tenemos la posibilidad de poner al descubierto Todas las trampas egoicas que nuestra mente pensante, nos facilita muy gustosa, cada hora, minuto, segundo y así sin interrupción hasta el momento en que dejemos este vehículo útil, que en el Budismo lo llamamos “El Precioso Cuerpo Humano”, pero aún después esta historia no acaba.

La meditación  nos proporciona la clave, para disolver Todos los velos egoicos que taponan é impiden cualquier acercamiento hacia La Luz que es el Despertar, la meta última de cada meditante.

Así pues, amigo/a reitero mi invitación, a que desde el hastío, de sobra conocido y vivido por este meditante, descubras y te zambullas con el Año Nuevo, en el inmenso y cristalino mar de la Meditación. Déjate mecer por sus remansos y olas. Mantén los ojos muy abiertos, la Aventura está garantizada. De una vez por todas, Déjate SER FELIZ.