CUENTA CORRIENTE CONSCIENTE

  

Hay días en que el transcurso de la meditación se convierte en un vivo reflejo del cambio climático inconsciente. Pasando de un día primaveral y soleado a una impresionante borrasca. De un auténtico jardín del Edén a encontrarnos en medio de todo un continente helado. La mente pensante inconsciente es comparable a una nave vikinga en viaje de conquista. Desafiante y guerrera se adentra en los fiordos emocionales de nuestra vida cotidiana. Sin tregua ni descanso. Dando batalla allí donde posa su mirada. La ruta solitaria hacia el interior de la mente profunda Consciente es una travesía en la que no hay lugar para el aburrimiento. Llena de aventuras y aparentes desventuras. Hasta tiene el dulce canto de las sirenas que al igual que un día lo hicieran con Ulises, intentan embriagarnos al hipnótico compás de armoniosos acordes cuya finalidad es la de distraernos y hacernos naufragar. Desviando nuestro rumbo, para finalmente,  estrellarnos contra las rocas de una vida inconsciente.  

Bombardeados por toda clase de estímulos audiovisuales, el sutil arte de la publicidad no deja indiferente a ningún cerebro y se cuela a través de cualquier fisura como si de un amable invitado se tratara. No hay un día en que al abrir el buzón de la correspondencia no caigan a nuestras manos hojas y folletos conteniendo infinidad de ofertas ventajosas e imprescindibles. Sin olvidar el acoso del escaparate comercial, que los medios gráficos de información nos ofrecen a diario y de manera especial cada fin de semana en sus magazines. Siempre al servicio de la última novedad, de la última adquisición. Y qué decir de las cadenas de radio y televisión, donde el dislate es total.

Al estar mediatizados en el tira y afloja de la necesidad-creada y la demanda, nos enredamos mentalmente como un ovillo de lana, en los conceptos mercantiles de una ansiedad nunca satisfecha. Hacemos de la libertad en nuestra corta vida un regateo constante. Compramos el espejismo de una supuesta felicidad en cómodos plazos. Nos olvidamos del ahora, de vivir plenamente el instante presente, que es a fin de cuentas lo único real que tenemos, hipotecando nuestro bienestar de cara a un posible futuro porque queremos olvidar como sea un pasado que se nos antoja a todas luces emocionalmente menos confortable.

Del extenso repertorio de cantos de sirena, que a todos los meditantes nos toca escuchar alguna vez durante el trayecto, hasta haber alcanzado la meta del Despertar, está la cantinela… de que nuestro barco no avanza, de sentirnos anclados en medio del océano y abandonados a un incierto destino. Sin brisa, sin viento favorable que empuje nuestras velas en dirección hacia el puerto Consciente. La duda se apodera de la certidumbre que hasta entonces nos había acompañado, y empieza a crecer como una hiedra, la ilusoria fatiga, el hastío, el desánimo, la decepción.

Es una de las clásicas artimañas de la mente pensante egoica, que acostumbrada como está a comprarlo todo a golpe de tarjeta, piensa que la meta del Despertar también es adquirible como quien compra un inmueble. Imbuidos desde la infancia en modelos de competitividad, de comparaciones y envidias, nos acercamos a la meditación con actitud parecida. Haciendo de ella algo similar a un master, a una carrera universitaria o a una competición deportiva de galgos o podencos.

Por eso cuando esta melodía insidiosa nos habla de plazos, de pérdida de tiempo, de escasos logros meditativos, de mejor déjalo ya y búscate otra cosa, es el momento más óptimo para relajarnos y desde una atención Consciente escuchar con toda tranquilidad la cantata inconsciente. No la interrumpas, déjala que se exprese y si te sientes con ánimo hasta puedes hacerle un dueto en su misma tonada. Verás cómo si no te identificas con ella, el silencio mental vuelve nuevamente a expresarse.

No podemos negar la evidencia, recogemos la siembra de un pasado inconsciente. Y todo ese container egoico que llevamos a cuestas no lo podemos vaciar en unas horas,  cuando llenarlo nos ha llevado una vida. Pero desde el momento que la Consciencia en meditación nos permite ver y contemplar con total claridad, las danzas, andanzas y contradanzas en las que nuestro invidente ego particular se involucró, participó y se identificó, significa que nuestros pies en ese instante se situaron fuera de la pista del baile inconsciente. Aunque muchas veces todavía con un pie dentro, entramos y salimos de manera alternante del bullicio a la calma, del desorden a la paz Consciente. Ver el caos personal acumulado sin identificarme con él, sin la carga emocional ilusoria del pecado o la culpa es un gran avance, que anula los argumentos egoicos malévolos y silencia a la cantinela…de que no avanzo nada, estoy estancado. Una vez esto descubierto gracias a la atención Consciente, el impacto sensorial neutraliza a los pensamientos inconscientes que giran constantemente como satélites en la órbita mental de superficie.

Cuando la Consciencia me permite sentir, vivir, gozar, de esa experiencia física y mental, todo con lo que me identifico habitualmente llamándolo realidad, pierde sentido. El espejo inconsciente donde me identifico cada día se desvanece, al percibir, sentir y descubrir de manera inequívoca, que el nombre al que en primera persona respondo, no soy yo, es una ilusión. Los obstáculos ilusorios con los que tropezamos en el camino hacia el Despertar Consciente se desdibujan, pierden fuerza y movimiento. Tan solo son imágenes creadas por la mente de superficie, que miradas a la luz de la meditación se convierten en cenizas, en polvo…barrido por el viento Consciente.

La meditación es la ruta a seguir. Es el método para sacudirse de encima esa piel superpuesta que nos impide respirar, ser felices, libres, y por decirlo suavemente… Vivir de manera Consciente.