APRENDIENDO A VIVIR
                  DE MANERA CONSCIENTE
 

En esta era post-nuclear donde toda la inconsciencia del ser humano se forja en la batalla ilusoria del día a día, el espejismo prioritario en el llamado primer mundo, la panacea de su felicidad es mantener el consumo. Mientras en el resto de este joven-viejo planeta, que acoge a la inmensa mayoría de sus habitantes, lo más urgente y precario sigue siendo sobrevivir cada veinticuatro horas. A pesar de que los medios de comunicación prácticamente anulan las distancias, haciendo de lo inmediato la noticia, el suceso al momento y a la carta. Sin embargo, así puestas las cosas, no teniendo como objetivo otra meta más a alcanzar, la barrera ilusoria entre la aparente riqueza y la pobreza, se agiganta, se acrecienta, volviéndose abismal. Separando lo que en su origen dio y sigue dando pleno sentido a la vida de los seres humanos, su interconexión con la energía Creadora, su unidad de destino Consciente en lo Universal, sumiendo el sueño codicioso de unos pocos países avanzados en lo económico-tecnológico, a millones de seres humanos en una vida sin esperanza, convirtiéndolos en poco menos que cobayas destinados a experimentar, en el gran laboratorio del mundo “civilizado”.

Para un meditante budista no puede pasar desapercibida y ajena esta realidad virtual-exterior, en el plano horizontal donde estamos situados. El reflejo de una gran inconsciencia colectiva nos sumerge en un torbellino ilusorio de cifras y números, donde una vez más el ser humano como individuo parece ser el eterno olvidado. La ilusión en esta zozobra a gran escala se torna en pesadilla. El final impermanente de un ciclo, de un estilo adormecido de vida, de una torpe manera de soñar, se aparece ante la claridad transparente de la Consciencia como una tosca penumbra en extinción, en retirada.

Este es un buen momento, una ocasión a no desperdiciar y en la que extraer su correspondiente enseñanza a la luz de la meditación. Si no pierdo el rumbo de la Presencia, del cálido Aquí y Ahora este seísmo inconsciente no alterará mi trayectoria, no conseguirá engullirme en sus entrañas de oscuridad permanente, porque en todo  instante la visión no velada de los ojos interiores revelará su verdadera imagen, viéndola en su dimensión real de simple y mera ilusión. Desde esta perspectiva de compromiso personal con la meditación y en conexión con el Corazón Espiritual, puedo desde lo individual hacer una petición sincera a la Consciencia, a fin de que la actual noche inconsciente de la humanidad dé paso a la clara luz de un nuevo amanecer sobre la tierra y todos sus habitantes, en un multitudinario Despertar Consciente.

Si cuando tenemos una fuerte contractura muscular acudimos al masajista para que éste relaje y distienda la parte muscular agarrotada-bloqueada, liberándonos del dolor. Con la práctica diaria y sentada de la meditación limpiamos el óxido inconsciente que nos impide el acceso a la libertad Consciente, a la Sabiduría intuitiva, a la felicidad. Hacemos una puesta a punto de todos nuestros potenciales como seres humanos.

La fantasía del transcurrir temporal en lo colectivo, me acompaña en lo personal. Pasando la vida entretenido con una cosa u otra. Y para cuando me doy cuenta de ello, de cómo transcurre la azarosa partida de cartas que ha constituido y conformado toda mi existencia, es ya casi la hora de plegar velas, de recoger los bártulos, de hacer cuentas. Traspasar la puerta giratoria de lo perecedero. Bajar el telón del personaje, ponerle punto final y sonreír. Despertar de ese largo extraño sueño entre susurros y sombras en el que me muevo, con la no menos extraña ilusión de sentirme vivo, libre y quizá hasta razonablemente feliz.

Esa voz-conciencia que nos acompaña a todos, a nada que le presto un poco de   atención, puedo escucharla con total claridad en el silencio…

¿No crees, que es el momento de parar y mirar qué hacer con el resto de tu vida?  ¿No crees, que tu reloj de arena ya ha avanzado lo suficiente? ¿No tienes bastante con la dosis de sufrimiento, esfuerzos ilusorios, soledad no aceptada, hastío y decepción con los que  tropiezas repetidamente? ¿Cuántos espejismos más, necesitas para comprender?

Como un guerrero samurai o un francotirador, la mente pensante-egoica proyecta-dispara sin descanso toda clase de pensamientos inconscientes, con el único propósito de distraerme, de no dejarme recorrer el camino para llegar a mi lugar natural de origen, la Mente profunda Consciente, lugar donde me reconozco en mi Ser Real.

Si tuviese que imaginar… cómo es la mente egoica-pensante, la describiría como a una preciada vasija que portamos dentro de la cabeza. Abastecida con toda clase de ambiciones, sueños, ilusiones, deseos sin fin y frustraciones. En definitiva pensamientos inconscientes y emociones perturbadoras, en las que al final de su trayecto, solo encuentro desolación y dolor. Una tierra baldía y quemada por los deseos-apegos. Unas veces, porque han pasado de largo ante mí sin posibilidad de alcanzarlos, porque no se han cumplido conforme a las expectativas ilusorias y otras veces porque al haberlos conseguido, surge poco después la insatisfacción empujada por un nuevo deseo, convirtiéndome en prisionero de la mente egoica-pensante. Rehén, más allá del presente cuerpo físico. Para seguir reencarnándome en otros cuerpos físicos, con la carga inconsciente que llevo al dejar éste, el actual.

Cuando gracias a la Consciencia conecto en meditación con la Vacuidad, con ese punto de vacío, espacio de inabarcable dimensión, que es el origen común a todos los seres humanos; cuando lo reconozco y me identifico en él, sintiéndome parte inseparable del mismo, puedo decir que mi vida entonces empieza a tener el sentido auténtico de Ser. Cuando mi mente egoica-pensante se deja ser bañada por las gotas de lluvia Consciente y el paraguas inconsciente está cerrado, todo mi cuerpo exterior-ilusorio que es lo que no soy y todo mi ser interior que es lo que soy, se empapan de ese cálido aguacero gozoso-amoroso en una unidad con el gran río de la Vida Consciente.

La  Presencia se desborda en una lluvia amorosa que penetra desde lo alto de la cabeza, descendiendo cálidamente hasta llegar al corazón espiritual, donde se expande en una sutil y gozosa energía. Traspasando barreras, ideas, límites, conceptos. Donde la lógica, el intelecto y el razonamiento, quedan paralizados en la mágica Presencia del Eterno Instante, del Aquí y Ahora.

Es en esa ausencia conceptual de espacio y tiempo, donde realmente tengo la única oportunidad de abrir las ventanas y puertas cerradas de mi corazón. Tomar impulso y dar un salto vertiginoso sin red, es decir sin trampas, para dejarme caer en los brazos amorosos de la Vacuidad Compasiva, pudiendo al fin sentirme en ese ser individual Consciente, para el que fui creado, como parte inseparable de un Todo.