SERVICIO

 

  Cuando se usa la palabra servicio en el terreno espiritual, entiendo que es una actividad que se va a desarrollar  con el objetivo de  proporcionar un bienestar a  personas o colectivos, desde una posición de renuncia al interés personal de quien lo ejecuta.

  El servicio nos da la oportunidad de extender  la práctica espiritual a otras áreas de nuestra vida, las relaciones con los demás y la posibilidad de seguir persiguiendo el objetivo tan anhelado de trascender la mente egoica desde la perspectiva de la acción.

  Personalmente siempre he constatado en mi propia experiencia, la mayor dificultad de mantener la presencia cuando me encuentro en relación con otras personas.

  Fue muy revelador  el  servicio al cuidado de la puerta durante retiros de meditación llevados a cabo en nuestro centro. Recuerdo que la primera vez que me tocó esta tarea  no la recibí con agrado, pues mi ego interpretaba que iba a repercutir de manera negativa para concentrarme en la práctica meditativa. Sin embargo el hecho de tener que estar en un marco de retiro meditativo, teniendo que interactuar de manera escasa con personas, fue una fantástica oportunidad para poner más conciencia a mis sutiles dinámicas egoicas. Todo ese ruido mental compuesto de etiquetas, juicios, prejuicios, proyecciones, deseos, intereses, seducciones.., que de manera fugaz e inconsciente configuran gran parte de mi mundo relacional.

  Pero además ayudado por la energía amorosa que se despliega en el retiro y por el hecho de tener que estar atento a las necesidades de los demás, posición que me sacaba del enmimismamiento en el que transcurre mi existencia, sucedían momentos en los que me encontraba invadido por una intensa emoción amorosa, que humedecía mis ojos y quiero entender que representaba un destello de la unidad que formamos parte,  de que en la Esencia existe una unidad de todas las formas.

  Pero, ¿cómo mantener encendida esa llama de Amor cuando me vivo gobernado frecuentemente por un ego que evalúa al prójimo como una oportunidad de obtención de beneficios o como una amenaza a mis objetivos y mi propia existencia?

  Afortunadamente tengo la dicha de estar al lado de quien de manera sostenida se vive en esa posición privilegiada. Alguien que ha llegado a un grado de autorrealización en el que la vivencia centrada en uno mismo no existe  y que nos muestra  que en cada uno de nosotros existe la materia prima necesaria para desarrollar una vida plena más allá del sufrimiento.  Encarnando ese espacio vacío de ego, ese gran útero que te da la bienvenida, acoge, conforta y nos ayuda a poner luz a las tinieblas del laberinto de nuestro sufrimiento.

  Alguien que me inspira con su actitud una comprensión de que para hacer servicio no hace falta una demanda externa, (pertenecer a una ONG, estar en contacto con una víctima, una necesidad comunitaria...), sino que tiene que ver más con una posición interior desde la cual me relacione con el mundo, una actitud interna que cada vez que me encuentre con alguien sea desfavorecido o no, simplemente procure soltar toda esa batería inconsciente de bulla egoica y pueda ofrecer ese espacio vacío no egocéntrico. Ahora que escribo esto siento que la mayor aportación que podemos hacer a las personas con quienes nos relacionamos es reconocernos en esa Presencia y empiezo a vislumbrar que la práctica cotidiana de la realidad del día a día, está llena de oportunidades para dejarnos guiar por una actitud de servicio en nuestras relaciones con los demás.

  Para finalizar este escrito quiero citar un poema de Rabindranath Tagore:


 
                                     Dormía y soñaba  que la vida era alegría

                                    desperté  y comprendí que la vida era servicio

                                   serví y descubrí que el servicio es alegría