PRESENCIA
RENOVADA
Como el viento agita las hojas innumerables sobre el muro, el flujo de
la energía ondula el cuerpo y las células vivas, despiertas, atentas
parecen bailar y reír. El cuerpo es una caña que suavemente se ondula en
el oleaje de la Presencia, suavemente tiembla cantando una música de luz y
silencio. Esto ocurre muchas veces cuando estoy despierta y abierta a la
maravilla de vivir y ser, cuando medito en la quietud de la “gompa” o en
los brazos de mi amado tras el encuentro amoroso o estoy en la soledad
tibia de las sábanas con el aroma de nuestros cuerpos y de su unión. Luego
camino y vivo como en estado de gracia, que sé que es regalada, por quien
puede y sabe. La vida es así, ligera muchas veces, siempre que estoy ahí,
viva y despierta. La vida viene con sus juegos y muchas veces olvido mi
tesoro, sencillo tesoro de estar despierta; me agito como todos y sufro y
anhelo lo que no está aquí o temo que ocurra lo que probablemente nunca
ocurrirá porque sólo está en mis miedos.
La piedra cae en lo profundo del agua y agita sus ondas, hace su nido
para siempre en lo oscuro, el pasado duerme o duele, pero la luz de la
presencia atraviesa alegre las simas del tiempo y la piedra se diluye como
arena dorada en mil puntos de luz ligera. El agua así etérea y serena, es
vida que fluye y ama en la Presencia.
El chakra de Ania está despertando como una guía de luna en el hielo del
lago, alumbrando lo oscuro. La confusión parece alargar más sus alas de
pájaro inmenso, quiere cubrirlo todo con su ignorancia, con su torpeza de
lodo viejo, de forma roma, con sus mañas de anquilosado espectro, ahogando
el instante vibrante, sustituyéndolo por sueños grises. Muchas veces el
regalo se abre con su luz luminosa y esta luz renovada ilumina todo con su
paz dichosa y fácil.
Al fondo de los variados paisajes, está como instalada, por ahora en el
ahora, esta Presencia renovada.

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