MI CUERPO, MI TEMPLO



Parte de la educación que recibí cuando era niño pretendía darme una formación religiosa que tenía que ver con un Dios amenazante que habitaba en un templo oscuro, lúgubre y frío, la Iglesia, a la que debía asistir de manera obligatoria con cierta frecuencia a practicar unos rituales repetitivos y vacíos de contenido, donde iba a recibir una doctrina que, si la practicaba de acuerdo con sus normas durante el proceso de mi vida, me iba a llevar a una dicha eterna una vez llegada la muerte de mi cuerpo físico.

La visión del cuerpo en la infancia estuvo imbuida de la presión que ejerció el adiestramiento católico que sufrimos. En la que la “carne” peyorativo que se usaba para nombrar al cuerpo, representaba la encarnación de la tentación en cada uno de nosotros, a la que el “alma” guiada por un conjunto de Mandamientos, se enfrentaba para no sucumbir a las pasiones que habitaban en esa parte innoble.

Han existido siempre corrientes religiosas que basadas en una visión negativa del cuerpo humano han optado por la vía purgativa, con la falsa creencia de que la vivencia del placer nos alejaba de la práctica espiritual. La realidad es muy diferente pues lo que caracteriza a una experiencia espiritual no es el tipo de experiencia, sino que la actitud con la que la vivimos, cuando somos capaces de dar la bienvenida con presencia, a lo que nos depara la vida sin apegos ni rechazos. Paradójicamente esas prácticas punitivas que pretenden combatir inclinaciones humanas como el deseo por la comida, el sexo, la pereza… van a exacerbar su deseo.

Pasados mis cuarenta años, la búsqueda espiritual me llevó al Budismo. Hasta entonces había reconocido a mi cuerpo como un recurso que me posibilitaba moverme, al que había que proporcionarle cuidados de alimento y abrigo. Fue la práctica meditativa la que me llevó a empezar a conectar con éste de una manera más profunda. El simple hecho de intentar anclar mi atención en la respiración, como una forma de calmar mi mente y ayudarle a desarrollar una mayor capacidad de focalizar mi atención, desde el comienzo tuvo efectos impactantes. En esos primeros pasos fue un gran descubrimiento el tomar conciencia de una parte de la mente más profunda que la que estaba continuamente pensando.

A través del camino andado meditativo, muchos han sido los gratos descubrimientos al profundizar en la realidad de mi cuerpo humano. A través del desarrollo de conciencia en el mundo interno de experiencia (sensaciones, emociones, percepciones) he podido comprobar cómo mi experiencia corporal se ha ido liberando de la poderosa influencia de la mente pensante y energías que estaban retenidas por medio de la simple atención se han ido liberando.

También me hizo darme cuenta del efecto nocivo de los pensamientos sobre mis emociones perturbadoras, para poder tomar conciencia de la dinámica de retroalimentación que padecían y poder emancipar a mi mundo emocional de ese dominio.

El desarrollo de la práctica ha ido afilando también la capacidad de visión de la mente, la cual se ha ido sutilizando para percibir energías que habitaban mi cuerpo, antes ignoradas como los centros energéticos, Chakras, Canal Central.

Con respecto a la sexualidad existen corrientes religiosas como la Católica que valoran el celibato como una opción que favorece la práctica espiritual. Considero que la renuncia tiene que ser la expresión de un sentir personal y no la de un modelo que nos hace mejores a costa de reprimir una energía que va a contaminar de manera negativa nuestra existencia y a veces la de nuestro entorno. En el marco en el que se sitúa mi práctica, el Budismo Tibetano, la sexualidad lejos de ser una rémora es un acicate. La práctica de esta actividad consciente es una poderosa vía de transformación.

En mi experiencia a través del placer sexual consciente experimento una energía poderosa que asciende a niveles significativos y que me capacita para una Visión lúcida Consciente amplia y precisa, no sólo en la meditación sentada, sino que en las relaciones muy amplias que conlleva mi vida profesional. Esta experiencia fruto de una brillante enseñanza impartida en Karma Samten Ling se va haciendo estable en mi vida personal y de mi corazón nace un agradecimiento personal a la extraordinaria enseñanza que imparte la Maestra Antxoni, cuya energía a veces desbordante en la meditación sentada, abarca una realidad no sólo física sexual, sino que ilumina toda dinámica de vida despierta. Una meditación que en lugar de paralizar mi vida profesional la potencia, viviendo que la unidad de cuerpo y mente lejos de unas mortificaciones represivas, crea nuevas dinámicas de crecimiento personal.

La experiencia más profunda que he experimentado a través del desarrollo de conciencia en el cuerpo ha sido el descubrimiento de mi Realidad Ultima. No diría que el cuerpo es simplemente un portal de acceso a nuestra Esencia, sino que es la dimensión externa de nuestro Ser Real. Ya que cuando la Presencia se hace física, no es una ilusión, el cuerpo se convierte en sujeto activo de esa experiencia. Un profundo silencio se expresa acompañado de la quietud de un movimiento respiratorio más suave. Una gozosa vibración habita la totalidad del cuerpo y del centro del pecho se perciben cálidas sensaciones que emanan una Presencia Amorosa que me llevan a vivir conectado con todos los seres. Lo que sí es una ilusión es la creencia de que yo soy este cuerpo sin referencia de mi dimensión profunda.

Todo este proceso ha requerido de un proceso de purificación en el que han jugado un papel importante las prácticas intensivas meditativas de Karma Samten Ling, guiadas de manera exquisita por quien ha culminado el sendero de la realización. Suelen ser días dedicados exclusivamente a la meditación que posibilitan la purificación de la mente y el cuerpo para que podamos abrirnos a vivir lo que ya somos.

Como dice el Budismo Mahayana “Este precioso cuerpo humano bien dotado, para el desarrollo de la vida consciente en la tierra” que me acompaña a todas partes es el pequeño templo, ya que incluso fuera de las prácticas meditativas, cuando me sitúo desde una actitud contemplativa en las sensaciones corporales o percepciones de los sentidos, me sintoniza con la Dimensión Atemporal. Es ese desarrollo de la acción conectado con el espacio interior que me rescata del aislamiento al que se condena mi mente egoica. Tarea nada fácil de llevar a cabo debido a las poderosas inercias de la mente de superficie, a la que voy ganando terreno para poder enraizarme de manera estable en esa chispa de la vida, que me proporcione el desarrollo de una actividad consciente.