AIRE

 

Dejar el cuerpo de nuestra madre y por lo tanto nacer, implica asumir la autonomía de nuestro sistema respiratorio. El aire sustancia gaseosa compuesta principalmente de oxígeno, es el combustible indispensable para que podamos mantener  nuestro organismo vivo. De hecho podemos decir que la duración de nuestra vida, será el espacio de tiempo comprendido entre nuestra primera y última respiración.

A pesar de que el aire es una sustancia absolutamente necesaria para la vida, el hecho de que dispongamos de él de manera ilimitada y de que la respiración funcione al margen de nuestra voluntad va a favorecer que esta actividad la realicemos de manera inconsciente.

Hace años empecé la práctica de la meditación y como método para aquietar mi mente me enseñaron a focalizar la atención en la respiración. Quién  iba a pensar que la observación  de  algo tan simple me iba a proporcionar  descubrimientos tan importantes. Me viene a la mente el comentario de alguien que de manera irónica decía: "¿Pero es que no existen cosas más importantes en la vida que poner la atención en la respiración?"

La observación en el movimiento respiratorio no es un fin en sí mismo, sino  que es un medio para ponernos en un camino de introspección, que nos puede llevar a descubrir  importantes verdades sobre la realidad de nuestra existencia.

Hoy querido aire quiero reconocerte, por estar siempre disponible, envolviéndome con tu discreta presencia, sin color, olor, sabor, forma, ni sonido, solo una sutil sensación de rozamiento cuando pasas a través de las paredes de mis vías respiratorias y es en tu consciente compañía que me despiertas del sueño virtual de la mente pensante y me traes al presente, el único espacio en el que la existencia puede ser vivida, donde con tu magia transformas la sencillez de lo cotidiano en algo nuevo, fresco, extraordinario.

Cuando mi vida aprieta, siempre estás con tus brazos abiertos dispuesto a bailar al compás de mi agitado vaivén respiratorio. Si te reconozco me instalas en el presente y con tu suave caricia, me ayudas a encontrar quietud mental en momentos dolorosos, proporcionándome una visión de mis dinámicas internas, que me da la posibilidad de salir de las cárceles del sufrimiento condicionado.

Eres como el ancla que puedes ayudar a mi mente a no ir a la deriva en las fuertes corrientes del pensamiento inconsciente y durante los tiempos muertos después de la inspiración y espiración, especialmente tras la distensión de esta última, en esa quietud de la no acción, se intensifica mi percepción de la presencia, que  facilita el contacto con el espacio vacío en el que la vida se despliega. Mi respiración se vuelve más fina y en esa comunión contigo a veces empieza a emerger la más fascinante experiencia de mi vida, en la que la solidez de mi cuerpo se diluye y mis límites personales se funden con el entorno, abriéndome a una dimensión de la que  formo parte y en la que he experimentado destellos que colman mi anhelo profundo de vivirme en mi esencia.

Querido aire, quiero agradecerte por todos los años que has estado de manera incondicional nutriendo mis vías respiratorias, por los que estarás hasta que expire y por la inspiración que he vivido cuando has estado presente conmigo.