VIVIENDO EN EL MANDALA
VIVIENDO LOS SIGNOS DEL DESPERTAR COLECTIVO
EN EL PLANETA


 

Comenzaré esta reflexión con una frase del sabio estoico romano Epicteto, que evoca mi mente muchas veces.

“No digas nunca lo he perdido, sino lo he devuelto, ya que nada nos pertenece, lo usamos un periodo de tiempo y lo devolvemos como el huésped que usa lo prestado y lo deja cuidadosamente”.

Soltar y recibir lo que mana generosamente como abundancia generosa en todo lo que me rodea. Así siento mi vida, como un regalo que me da lo necesario y mucho más. Esto, a veces, se manifiesta como dificultad o reto. Observo que la entrega a éste abre la puerta a algo diferente e inesperado que se expresa, casi siempre, como algo creativo y positivo que las inercias habituales nunca hubieran producido. Es el fractal del que habla la física cuántica. Tras el caos, una nueva realidad luminosa e inesperada. Esto está en mi vida cuando miro el flujo de las cosas y veo la necesidad de soltar apegos a lo que he creído que me colma o en algún momento me ha colmado.

El Tao nos recuerda: “Si quieres que todo te sea dado, abandónalo todo”. Estar suelto y abierto es su consigna.

El ego, mi ego se aferra a las viejas glorias, quiere permanecer y caricaturiza, desvirtúa lo que tuvo, solo máscara ya de lo que fue. La voz interior en lo profundo dice: “Devuélvelo, déjalo en el río de la vida, que no se detiene y se renueva continuamente en otra realidad nueva, creativa e inesperada, sorprendente o simplemente distinta”.

Envejecer, perder, disolver la forma que se te prestó y que debe marchitarse hasta desaparecer como las flores, como los árboles, como la naturaleza en su eterno ciclo. Solo envoltorio de lo que mira desde atrás, de lo que no fenece y lo colma todo. Esta Presencia está en la vivencia del Aquí y Ahora, en cualquier pequeña cosa, en la sensación intensa de la energía sutil del cuerpo, en el respirar y latir de las células, en el campo energético que se expresa en el intenso hormigueo que alienta el cuerpo y que siento también en la naturaleza, en la silenciosa presencia del bosque, en el viento que mece los árboles, en el movimiento de las nubes que se superponen en diferentes capas, densas y oscuras, livianas y azuladas, estirados tules leves de seda en el azul. Todo está impregnado de este latido maravilloso que fluye en una abundancia y creatividad constante.

Junto a esto, la vieja conciencia que se asusta de lo inesperado cuando esto tambalea lo que creo que me sostiene. Restos de viejos miedos infantiles que me atenazan y que me cuesta soltar, para poder reír, vivir, en el libre flujo de la vida. En el interior suena el estribillo: “Suelta, devuélvelo, nada te pertenece”. Algo dentro, mucho más profundo y sabio siente que tras estos apegos está la verdadera Presencia, el Ser Real, no separado de esta forma física externa, su dimensión externa. Cuando suelto, la abundancia se expresa en cualquiera de sus formas, como regalo evidente o como regalo escondido tras el dolor o la pérdida o la dificultad del reto.

Las palabras sabias del Maestro Espiritual, su ejemplo sin retórica, evidencian mejor que mil palabras este lúcido desapego, que goza de la abundancia pero no se aferra a ella. No hay imposición, solo ejemplo y sutil guía, que hace que en el momento oportuno comprenda lo que es necesario o conveniente hacer. Así tienen sentido, para mí las palabras del Evangelio: “Deja cuanto tienes y sígueme”. Nadie te pide, ni hay que renunciar a nada que no se viva, vea, sienta claramente como innecesario, ya que hay una comprensión más profunda del fluir de la vida, de su ciclo de renovación, de la abundancia de todo lo que nos rodea.

Vivimos tiempos inciertos en muchos ámbitos de la vida. Convulsión de la naturaleza, el planeta parece agitar sus fuerzas oscuras creando destrucción, muerte, catástrofes; convulsión también en la configuración política, económica, social. Se están resquebrajando los moldes que han creado esta sociedad capitalista, consumista, materialista... y aún así, mi vivencia es de plenitud y colmación.

Ocurre porque ocurre, en el Tao se dice: “El Maestro guía, vaciando las mentes y llenando los corazones, debilitando las ambiciones y fortaleciendo la resolución, ayuda a desprenderse de cuanto saben y desean, creando confusión en aquellos que creen saber”.

Siento que todo esto se nos da y ello me conecta con la plenitud y colmación del flujo de la vida.

¿Quizá me vivo así porque estoy en una burbuja de energía purísima y superpotente que se expande desde la figura de la Maestra Espiritual, que nos envuelve a todos los que estamos en su entorno?

¿Estoy viviendo en el Mandala de un Ser de Luz, aquí en la Tierra, jardín donde florece la espiritualidad auténtica? La evidencia de esto es una realidad en mi vida.

Siento un inmenso agradecimiento por lo que recibo, siento también el compromiso de compartirlo en los servicios que se me piden y en la conversión de este estado de bonanza espiritual y material en mensajes de amor y lucidez para todos los seres, a través de algo sagrado como los Mantras, para que ellos (no yo, todavía con mucho que aprender, limpiar, purificar), para que ellos, milenarias formas sonoras de lo divino protejan, sanen, impregnen a todos los seres.

Om mani peme hu
ng

Que el jardín Mandala sea el planeta entero, habitado por seres conscientes y felices.