VIAJE
EN EL INTERIOR DEL CUERPO
Violáceas láminas,
extensiones de colores variados; rojo intenso, marrón morado, grises y
pardos claros, recubren o son el interior de los órganos, luz oscura y
silencio.
Calladamente hacen su trabajo, viven e incesantemente mantienen el
delicado multiforme mecanismo del cuerpo, perfecta estructura que cumple y
despliega sus funciones.
Dentro de estas superficies, la forma se abre a espacios más claros,
más, más pequeños, hacia la luz que los cohesiona y en donde flotan,
delicadamente, núcleos luminosos con el corazón azul.
Silencio amoroso en este mundo que nos constituye y compone, al que
llamamos cuerpo y en el que habitamos, casi siempre, con tanta
inconsciencia, con tanta ignorancia, llevados y traídos por el
pensamiento, vertidos hacia fuera, hacia el valorar, sopesar, analizar,
desear, codiciar… Todo fuera, lejos, en la carencia. Mientras en la
quietud dinámica, en el silencio del no pensamiento, los órganos internos
comunican a la percepción meditativa, una unión amorosa, más vasta, que
supera lo físico y es la inmensa paz vibrante de la Consciencia. En la
fácil y dichosa palpitación de respirar y sentir la vida en su profunda y
maravillosa intensidad, que trasciende lo físico, porque es la sublime
presencia de la Consciencia desplegándose en la materia viva.
Marzo del 2008

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