VIAJE EN EL INTERIOR DEL CUERPO

 

  Violáceas láminas, extensiones de colores variados; rojo intenso, marrón morado, grises y pardos claros, recubren o son el interior de los órganos, luz oscura y silencio.

  Calladamente hacen su trabajo, viven e incesantemente mantienen el delicado multiforme mecanismo del cuerpo, perfecta estructura que cumple y despliega sus funciones.

  Dentro de estas superficies, la forma se abre a espacios más claros, más, más pequeños, hacia la luz que los cohesiona y en donde flotan, delicadamente, núcleos luminosos con el corazón azul.

  Silencio amoroso en este mundo que nos constituye y compone, al que llamamos cuerpo y en el que habitamos, casi siempre, con tanta inconsciencia, con tanta ignorancia, llevados y traídos por el pensamiento, vertidos hacia fuera, hacia el valorar, sopesar, analizar, desear, codiciar… Todo fuera, lejos, en la carencia. Mientras en la quietud dinámica, en el silencio del no pensamiento, los órganos internos comunican a la percepción meditativa, una unión amorosa, más vasta, que supera lo físico y es la inmensa paz vibrante de la Consciencia. En la fácil y  dichosa palpitación de respirar y sentir la vida en su profunda y maravillosa intensidad, que trasciende lo físico, porque es la sublime presencia de la Consciencia desplegándose en la materia viva.