UN MEDITANTE ASIDUO DE
KARMA SAMTEN LING

  

  Vengo hasta aquí, como tantos otros, todos los días, con mi saco de penas y sueños.  Al entrar casi siempre hay una persona amable, una sonrisa que me acoge, que me indica, si lo necesito, algo conveniente para mi mayor comodidad. Todo bellamente dispuesto, el altar con varios ramos de flores, el incienso perfumando, las campanas de la iglesia próxima. La Maestra inicia con sus sabias palabras la práctica de la pacificación mental; silencio, recogimiento, dejar toda actividad física, centrar la mente en la respiración, soltar todo afán, toda preocupación, obligación, todo programa, dejar que el tiempo pase vívidamente, conscientemente, serenamente, aquí, en esta quietud compartida, dirigida, sintiendo un baño invisible pero muy perceptible de bienestar  físico, de calma interior, de gozosa serenidad. La mente viene y va, los pensamientos se expresan y a veces me llevan, pero sin tensión. Cuando los veo, vuelvo a la respiración y sé que es lo único real que está ocurriendo Aquí y Ahora. Pasa el tiempo suavemente, dichosamente consciente, arropado en la fuerza de todos los que me rodean, como yo fluyendo en esta paz, en esta ola de amorosa armonía, que cura los males del cuerpo y la tristeza del alma. Aquí, en la ciudad, en una calle cualquiera, oyendo  voces, el ladrar de un perro, los coches,  conversaciones de personas que pasan, como en la vida misma, en esta meditación integrada.

  ¿De quién procede esta dicha que fluye y nos envuelve? Creo que a nadie de los que aquí venimos a diario  se pregunta: ¿de qué escuela es? ¿quién fue su maestro? ¿qué certificados o títulos tiene? Nada de esto importa, solo sentimos que está cerca, que su presencia bendice este lugar al que siempre puedes venir sin tener que dar nada a cambio, solo tu interés por profundizar en el camino interior. Nunca se te pide nada, solo que disfrutes de lo que se otorga con la más absoluta pureza y generosidad. Si vienes, eres bien recibido, si no, no pasa nada.

  Puede que la vida te enrede en sus espejismos y durante un tiempo, creas que en la acción inconsciente, vivirás más intensamente, o serás más dichoso y así te pierdes vagando. Puede que, un día cualquiera, lo más genuino te dirá que encuentres algo que, verdaderamente te colme, que te saque de la frustración, de la decepción, del cansancio de la lucha y de la acción estéril. Ese día cuando vuelvas, encontrarás aquí una sonrisa esperándote, todo seguirá bellamente fresco para recibirte, sin pedirte nada, solo que habrás tu corazón y tu mente para recibir el regalo que se da, solo dando, para en el dar, realizar el amor más alto, el que nada necesita, porque ya está colmado, ya es dicha, sin vuelta. Esto se ofrece cada día, todos los días, por eso cada día hay más y más personas, que como yo venimos, asombrados, agradecidos por estar al lado de alguien tan extraordinario que nos regala lo más valioso, lo que nadie puede comprar: la paz interior, el camino del  autoconocimiento, el equilibrio entre la mente y el cuerpo, la sabiduría para llevar la vida con alegría, con claridad para ver, qué es lo ilusorio y  qué es lo auténtico. Ese ser está aquí entre nosotros, sin pedir nada, ni admiración, ni agradecimiento, ni sumisión, ni entrega. Pero esto surge de mí, como algo inevitable y cuando quiero entregárselo, no hay nadie, para encumbrarse, ni para ejercer su poder…, ese ser lo ha dado todo y es la propia vida, la gran vida de la Consciencia la que fluye a través de ella.

  Por eso vengo aquí todos los días que puedo, en todas las estaciones, fiestas y laborables y siempre encuentro esta puerta al cielo abierta, al cielo de mi ser que se abre al cielo de todos los seres; por eso no me importa quién es el Maestro de mi Maestro, ni me importan sus credenciales, ni creo que se lo preguntan las personas que salimos transformadas después de la práctica, aliviadas del peso de nuestro sufrimiento, aligeradas del lastre de nuestra inconsciencia. Ligeros, dichosos, llenos de amor hacia todo y sobre todo a la vida y a las personas que hacen posible un lugar así.