SERVICIO


Servicio, entrega desinteresada a los demás, donación sin esperar nada. A ello dedico una parte de mi vida. No se me ha encomendado ninguna tarea heroica, solo estar, facilitar, escuchar, empatizar y amar desinteresadamente a quien demanda el servicio de apoyo a personas con ideas suicidas, ofreciéndoles la posibilidad de la meditación para ver con cierta distancia su sufrimiento y así conectar con la paz y la vitalidad de su Naturaleza Profunda.

El servicio es un test para mí, para ver mi grado de presencia, mi capacidad de entrega sin perderme en el otro, es moverse en las tinieblas del sufrimiento ajeno, acompañándole en su infierno de obsesiones, de dolor, de angustia extrema, manteniendo, en la medida de lo posible, la luz de la Consciencia como guía, la Paz vibrante de nuestra Naturaleza Profunda, que la práctica de la meditación va proporcionando. Escuchar desde ahí, viendo cómo mi ego quiere reconducir el proceso del otro, dar consejos, contar sus propias historias, el ego siempre quiere su parte de gloria, ser tenido en cuenta, veo sus demandas y las dejo a un lado para seguir escuchando a la persona que tengo enfrente.

El primer servicio fue una larga escucha de varias horas de monólogo sufriente, en las que viví muchos procesos, acompañando lo más amorosamente que pude a la persona que estaba conmigo.

Viví momentos de empatía con aspectos que me comentaba, sufrimiento y frustración que no me son ajenos, aunque ahora están bastante acallados. Viví otros momentos de amorosa y desidentificada presencia que me permitía estar sin emoción, pero no había frialdad sino afecto, un afecto que proviene de otra fuente más grande que conecta con la paz y la alegría. Esta vivencia, de observar desde atrás me fue indicada hace mucho tiempo por mi Maestra espiritual y durante tiempo se presentaba como algo inalcanzable, pero en otro servicio que realizo, la práctica de la meditación matinal, esta pauta me vino como algo posible, logrando distancia frente al ruido mental, permitiendo mayor objetividad frente a los pensamientos y emociones egoicas, abriendo un espacio de luminoso silencio, de paz gozosa, que dura lo que dura hasta que la inconsciencia, con el ruido mental vuelve. Pero sé cómo volver y volver al Ahora. El servicio meditativo matutino me permite profundizar más y más en estas vivencias. Su desarrollo es de gran ayuda para realizar el otro servicio del que estoy hablando.

Viví también otros momentos de cansancio porque sentía que el dolor, la oscuridad me impregnaban de alguna manera, era consciente de ello, veía que todo aquello no caía en el vacío sino que estaba allí para que la Consciencia lo transformase y Ésta me acompañaba e iba mutando el estado de ánimo de la persona que estaba enfrente mía. Ésta se fue volviendo más ligera, más sonriente, se sentía confortada. A la salida me dio un abrazo y las gracias. Me miré en el espejo y era otra persona. Me costó reconocerme, parecía mucho mayor, estaba oscurecida, solo los ojos tenían un brillo extraordinario. Me sentía algo cansada pero muy en paz, feliz de haber estado en este proceso, siendo un instrumento todavía imperfecto e inexperto para que la Consciencia, a través de la energía del Mandala del centro de meditación actuase.

Di las gracias con gran devoción por esta oportunidad de darme, de ser útil y de que se exprese la Luz Consciente en esta parte doliente del mundo.