Ráfagas del intensivo de meditación

 

Era la noche del primer día del intensivo de meditación, me encontraba llena de energía y me acosté para descansar. De pronto me despertó una sensación muy intensa que provenía de la espalda, era como un puño, duro, metálico que se clavaba y me llegaba al corazón. A su paso un dolor intenso parecía abrirse camino, resquebrajando estructuras endurecidas, rompiendo a su paso todo lo que encontraba. El pecho me dolía intensamente y esta sensación se extendía hasta la garganta que estaba casi estrangulada, era difícil respirar, una sensación intensa de ahogo me envolvía. En mi mente pendían muchas sensaciones y emociones; era por un lado miedo, por otro tranquilidad, era una extraña mezcla. Venían a mi mente retazos de frases como “angina de pecho” quizá no era eso pero ambas partes de mi anatomía estaban totalmente activadas y en proceso de dolorosa amenaza, recordaba retazos, ecos de algo que leí sobre “cómo hacer frente a una ataque al corazón para salvar la vida”, pero desgraciadamente no recordaba qué había que hacer. Por otro lado me venía el recuerdo de algunas lecturas sobre procesos espirituales donde se describía cómo alguna vez los Chakras se abren o se limpian con procesos muy dolorosos. Se agolpaban en mi mente ideas: “Quizá iba a morir, quizá había llegado mi momento”, recordaba varias personas próximas a mí que dejaron el cuerpo, así de pronto, con menos años que yo. Pensaba “es la vida tan frágil, el viaje que imaginamos largo, pueden verse truncado en cualquier momento”. “He tenido poco tiempo, he hecho poco todavía”, repasaba la mente mi evolución a nivel horizontal, “he vivido muchas cosas, pero a nivel vertical, cuánto, cuánto me falta…” Venía a la mente una consigna que me repito mucho. “Acepta lo que el presente traiga, sea lo que sea, ahora trae dolor, trae peligro, ríndete…” Un fondo de tranquilidad grande se extendía, me acompañaba. La imagen de nuestra Maestra espiritual lo invadía todo, no estaba sola, me sentía protegida, mirada, amada, su presencia simbolizaba las tres joyas: el Buda, ella lo era, continuamente se expresaba en la sabiduría, la generosidad sin límites , la libertad , la alegría , la lucidez, el amor, el vivir auténticamente el Dharma, todas las enseñanzas que emanaban desde ella ya están grabadas en mi mente, éstas venían refrescándome, calmándome, ella era también la Shanga, todos los practicantes estaban de alguna forma, de algún modo a mi lado. Mi compañero que dormía al lado se despertó sintiendo mi malestar, me iba calmando con sus palabras y su compañía. No sé cuánto duró este estado pero fue largo. Pasó el tiempo y poco a poco se fue remitiendo el dolor, podía respirar mejor. El corazón latía intensamente, era difícil volver a conciliar el sueño, la postura era difícil, era dolorosa. Pasaron las horas de la noche. A la mañana me encontraba mucho mejor, consulté a nuestra Maestra lo que había vivido, ella dijo: “sí, es un desbloqueo de antiguos y fuertes bloqueos del chakra del corazón, no te preocupes, puedes meditar todo el día, te sentirás llena de energía”. Y así ocurrió, estuve toda la jornada con una intensa sensación de energía y sintiendo cómo mi pecho se había expandido, cómo estaba lleno de un espacio grande, gozoso, limpio, cálido.

También el Orificio de Brahma estaba muy activo, sentí una presión muy fuerte, como fuego que se abría con dolor agudo que remitió pronto. Esta sensación se repitió varias veces ese día y otros posteriores… Así transcurren los días con estos y otros paisajes interiores, a veces poco nobles, ráfagas de oscuros retazos del inconsciente personal y colectivo que vienen a la superficie de la conciencia para ser observados y si se puede liberados…

La intensa energía que proviene del Mandala que crea el Ser Despierto que nos guía, nos ayuda a profundizar en ese presente en el que intento estar instalada. A veces, la atención profunda a todo lo que me rodea me ancla en la Presencia: la tos de alguien a mi lado, el ruido de la calle, la respiración de alguien que está cerca, el latido de mi propio corazón. Todo se abre como un abanico en el que se despliega el instante presente, la atención a todo, percibiendo el regalo de todo lo que me rodeaba. Esta atención me abre a la Presencia Consciencia del momento, ésta se refleja en esa cálida, luminosa vibración que me envuelve, que lo envuelve todo. Este proceso fluye durante un tiempo, sin esfuerzo, hasta que pierdo la Presencia, pero puedo volver a ella siempre eligiendo anclar la atención en las percepciones, sensaciones, en la respiración natural, habitando lo único real, el presente, el Aquí y Ahora.

Otras veces la Presencia se expresa en el interior del cuerpo, mi pecho se expande a un espacio grande como un universo en el que flota un silencio, una paz blanca, en el que en se mueven esferas luminosas, silenciosas, de ellas a veces surgen como flores delicadas, blancas, muchas veces la música las agiganta, las recrea, se expanden y finalmente, desaparecen. Los Chakras se activan intensamente, el vientre es como una bola gigantesca de luz, el chakra secreto es también como una flor que aparece y desaparece.

. Otras veces la mente se distrae, pero la conciencia lo observa y dice “proyección, fantasía, ruido, ego, paz, distracción….” Otra voz pregunta- ¿quién está diciendo todo eso? es otra voz de más atrás, es otra vez la conciencia que observa en apertura a la Consciencia?

Van pasando los días, las horas llenas de intensidad, recibiendo enseñanzas maravillosas en las que se describen mapas del Despertar, caminos, trampas. Viviendo todo esto, siendo consciente de ello siento un gran agradecimiento por estar en esta parte del mundo, en esta senda, con nuestra Maestra que nos guía a todos hacia el Despertar, ese Despertar que vislumbramos, que vivimos en estos intensivos de meditación gracias a las bendiciones de la sabiduría que de ella emana.