RÁFAGAS

 

Mi vivir cotidiano se desarrolla en un paisaje cambiante, como en esos países atlánticos del Norte de Europa que, tan pronto está nublado, fresco, incluso llueve; tan pronto sale el sol radiante y crees que permanecerá mucho tiempo, pero no, dura poco y el frío y la oscuridad vuelve a envolverlo todo o queda en claroscuro. Así en este cielo variante se desarrollan mis días.

Cada día presenta opciones y yo elijo (en mi hábito mental favorito), varias proyecciones de lo más idóneo, prefiguro los escenarios, los actores y mi actuación "estelar" en medio de ello. Eludo platós de temor, de miedo, de retirada, de deseos de estar en otro lugar a esa misma hora y así, después de este balance mental, actúo según el nublado de mi inconsciencia, elijo la forma externa de mi persona, la adorno y pulo para que me proteja de la indiferencia de los otros, de sus juicios poco valorativos hacia mí, de que reiteren lo que ocurrió hace muchos años, cuando era una niña asustada y desvalida. Todo ello ocurre en el nublado mental, en el interior de ese sueño al que llamo mi historia, mi vida, mi personaje. ¡Qué vidita Dios mío, o Budita mío!

Sin embargo, pronto viene una ráfaga fresca de la Presencia y disuelve toda esta ilusión y me dice: "Aquí y Ahora, respira, siente las sensaciones de tu cuerpo, la energía vibrante de las células, la activación de los centros energéticos," ¡ha salido el sol! El sol radiante y la alegría serena, dichosa, me envuelve o mejor, sale de mí, porque es mi ser verdadero y no hay alegría mayor que sentir esa autenticidad de lo que es, sin más, ráfaga de lo genuino que queda, a veces, un rato largo, que se aposenta al fondo y lo rige todo, lo que digo y hago, las palabras son más escasas y profundas, la mirada más penetrante, la sonrisa o risa cuando viene son veraces, no complacientes y compradoras de favores afectivos o materiales.

En esta dualidad de sol-sombra transcurre esta vida que vivo, muchas veces, como un gran teatro, en el que a veces tengo que hacer interpretaciones difíciles, para las que creo no estar preparada. La batería de vivencias ocultas en el inconsciente, proclama con mucha fuerza comentarios muy críticos sobre esta actriz que no está capacitada para un papel tan importante. La niña oculta refresca escenarios de mucha angustia, de humillación, de impotencia, comienza la danza del miedo, del atenazamiento, de la angustia en el estómago, de la inquietud, pero ¡maravilla de las maravillas!, sale el sol. La ráfaga de Consciencia diluye las nieblas densas o las convierte en un decorado bonito de la acción. Algo me sitúa detrás, como en un escenario y me siento en el palco de mi propia escena y me veo actuando en un libreto que es mi vida externa, un libreto en el que lo que represento es un papel escrito por la vida y por mí misma, pero, "que no soy yo". Yo soy esa que elige ser o vivirse más consciente, más presente, más serena, que elige hacer su papel lo mejor posible, para que los demás puedan hacer el suyo con más plenitud y menos dolor.

Y así en este desdoble, la actriz se relaja mucho y actúa serena y en este espacio que ha dejado el miedo, el deseo egoico de triunfar, entra la presencia del Aquí y Ahora y todo fluye solo, fácil, perfecto

El día a día de esta época de mi vida, está lleno de esta dualidad. Cuando he solventado un reto, algo antiguo piensa dentro de mí "¡Ufff!" "¡Qué bien! Ya no habrá más en mucho tiempo!". Pero, mira por dónde, no es así, y algo o alguien me pone otro reto nuevo delante. Por ahora tienen que ver con este aspecto de la exteriorización de mi persona, de salir de mi concha protectora, de actuar como alguien seguro, eficaz, fuerte, inteligente... No hay elección, es lo que la vida presenta y a ello me entrego, así la confianza ha ido creciendo en que podré, en que lo resolveré satisfactoriamente como en anteriores ocasiones. Tengo claro que esta mutación se ha realizado por el aporte energético de la Maestra que nos colma y guía nuestro caminar hacia el Despertar, solventando viejas inercias nubladas, abriéndonos a la recepción de la CONSCIENCIA la cual nos conecta con nuestro ser real integrado en el Aquí y Ahora.

Este ir "viendo con los ojos interiores" con la lucidez de esta ráfaga de lo genuino, se va desvelando en muchos momentos de la vida contemplativa, en la meditación sentada, a través de una conexión más profunda con el silencio dichoso, con la luminosidad amorosa de la presencia, sin peso, sin pasado, sin miedo, limpia, radiante, fresca, nueva, sin tiempo, vibrando en un espacio renovado y eterno. Dura lo que dura hasta que el nublado inconsciente de la vieja historia me sitúa en mi vida condicionada por tantos años y vivencias anquilosadas. Aunque el bienestar dichoso queda como fondo, vienen a la pantalla mental "las preocupaciones del ego" a veces, del ama de casa, de la madre responsable, de la profesional de pro, de la hermana... en fin, ruido, ruido de proyecciones, de miedo y en esta ráfaga sin consciencia aparece la lista de Eroski, con la lavadora, qué pantalón o blusa me pondré para ir así o asá, o lo que le diré a futanita o futanito para lograr no sé qué... Largo paréntesis de "Babia o Chimbambas o San Petersburgo", o sea un lugar lejano, imposible e inconsciente, hasta que una llamada sin sujeto me recuerda ¿dónde estás?, ¿qué haces?" y lo que ha estado al fondo vuelve a ponerse en el primer plano de la percepción consciente y la ráfaga de dicha y luminosidad lo envuelve todo. A veces me veo en la dualidad del juez, recriminando como "padre severo" a esa parte desdichada, "¿pero, qué haces?, ¿todavía estás así?"... Pobre parte inconsciente, avergonzada, pillada "nunca más, nunca". No en esta mañana.

En una de estas actuaciones de "salto de valla" en las Olimpiadas de la recuperación de los potenciales, en el ensanchamiento de los límites, el salto salió muy, pero que muy bien y ahí estaba el Ego redondo, ancho, pletórico,  ¡cómo sabían los halagos de los demás", "ha sido genial, estupendo, muy pero que muy bien" larga enumeración de "música celestial" para el ego que se ha vivido encogido, chiquitito. "Te lo dice fulanito que es..." La menganita que consideras una persona super inteligente y eficaz... y ésta y aquel... El ego ya es un globo de dulzura y satisfacción, pero ahí estás viéndolo, detrás, lo ves ingenuo, adolescente, prepotente, frágil. Cuando alguna persona no dice nada... ¡Cielos! "no lo habré hecho bien"... Y así, mirando el espectáculo, la sonrisa se vuelve más profunda, el agradecimiento más natural y humilde y la desidentificación me hace estar en paz y serenidad. Recuerdo una frase de Chögyan Trungpa que me pareció muy veraz a la vez que cómica: "El discípulo quiere agradecerle al maestro todo lo recibido y le da todo: renuncia a sus posesiones, a su familia, en muchos casos, a sus aficiones, sus caprichos, le da sus tesoros, incluso su dentadura postiza, pero el maestro lo único que quiere es su ego".  Yo veo engordar y crecer mi ego (como nunca lo hubiera sospechado) en el terreno profesional. Años de callar y de inhibición, de temor, de llevar una vida intensa en el silencio han dado paso a otra persona más segura, eficiente, capaz de exteriorizar, de comunicar y empatizar con los otros.

¿De dónde viene este cambio? De un trabajo espiritual dirigido por una Maestra de verdad que con su sabiduría me ha guiado hacia mí misma, que es la vivencia de la Gran Presencia amorosa, serena, alegre, cordial...

Para llegar a ello el trabajo meditativo y de autoexploración y el aporte energético para dar fuerza y lucidez, han sido las herramientas que he usado. "Hay que acrecentar, desarrollar el ego, para trascenderlo" Estoy en este momento del espectáculo, haciéndolo aumentar para abandonarlo pronto.

Es una cara del ego, el ego externo del trabajo, la profesión, la actuación en la relación con los otros, en otros ámbitos también se desarrolla. Quizás es fácil cuando va "viento en popa". Cuando hay momentos menos gratos y el viento está incluso en contra, lo aprendido me mantiene, y aunque me tambaleo puedo sufrir y angustiarme pero lo veo, lo relativizo, puedo aceptarlo y dejarlo ir.

Hay otras caras del ego que están poco revisadas, ya que me he apoyado en ellas para sobrevivir. No he tenido "voluntad, valor, claridad" para renunciar a ellas porque las he "necesitado" para desarrollar lo que he realizado hasta ahora. Sé que el infinito amor de la Consciencia, la guía de la Maestra me conducirán para completar lo que falta, cuando sea su hora, cuando no me sienta "sin redes de protección" en la actuación de mi vida cotidiana. Sé que es un proceso "gradual y amoroso". Confío en que todo se irá expresando como ha ocurrido hasta ahora, en el momento y lugar preciso.

Así pues el Agradecimiento y la Confianza guían mi vivir cotidiano entre luces y sombras. Entre ráfagas de consciencia e inconsciencia luce siempre la plenitud radiante de la Presencia, Consciencia del Aquí y Ahora.